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Cryptshow - 3ª sesión

Cryptshow - 3ª sesión

Repaso a la tercera sesión virtual del Cryptshow 2020

Por GatoNegro 

La tercera sesión que tengo el privilegio de disfrutar ha sido… Peculiar. En ocasiones desorientadora, en otras más familiar… Ha sido una caja de sorpresas. El resultado es una pintoresca combinación de fantasía con cotidianeidad que consigue un efecto apacible a la vez que incómodo. Por el momento ha sido (para mí) la que posee la combinación de sensaciones más inquietante.

“The Hitchniker” nos abre con una muestra de responsabilidad contra el alcohol y las drogas, pero que dicha irresponsabilidad por parte de la protagonista no es inconsciente o llevada por meros caprichos de juventud. Desde el comienzo ya te transmite una continua línea de sospecha, pero no da pistas acerca de dónde van a llegar los motivos, la “cosa” en sí. Es sorpresiva, moderna y ligera, con un final abrupto, pero intuitivo.

“Acquario”, de Lorenzo Puntoni, nos trae algo más calmado. Más etéreo. Una obra mayormente sensorial que nos sumerge bien en el efecto acuático. No se mantiene estático, aunque al principio pueda parecer así, sino que nos traslada a un estado de alerta repentino, aunque no por ello descontrolado. Hay una piel de calma en el caos. Incluso nos despierta cierta compasión hacia el villano, demostrando que muchas veces las cosas no son tan sencillas. Llega a término con una sensación inconclusa, pero en general ha demostrado tener un equilibrio pendular que lo vuelve un cortometraje armónico.

Tras él se nos presenta “Rembobine”, un trabajo de atmósfera seca, aunque avanza abriéndose hacia lo conmovedor. Realmente llega a calar, inspirando cierta melancolía, pero al mismo tiempo tranquilidad. Tiene detalles graciosos que la amenizan bastante. Como la mayoría del conjunto, finaliza de manera tosca y un tanto confusa, pero no deja vacío, más bien todo lo contrario.

La primera mitad de la sesión queda remarcada por “Mélopée”. Una pieza cuya forma de desarrollarse no es de esperar. Sabe transmitir la incomodidad, el hastío, la sensación característica de sentirse fuera de lugar, y a la vez envuelve todo eso en una dulzura subyacente (que más adelante se deja al descubierto en ocasiones concretas). Me llamó la atención también el efecto de inmensidad que provoca la voz que procede del océano. Te distrae por completo de cómo se resuelve el misterio, aunque no por tratarse de una resolución concreta le quita suspense, al contrario: sugiere más incógnitas al respecto. De todas formas, me ha gustado la fluideza con la que se han tratado los momentos más íntimos. Me ha parecido bonita.

“Momma don’t go” nos despierta de inmediato. Empieza activa, fuerte, de tal manera que nos agudiza los sentidos para intentar determinar qué está pasando. Su desarrollo es impactante. Me ha parecido incluso más breve de lo que ya de por sí es (en el buen sentido).

A continuación, mi preferida de esta ocasión: “Black dog” de Joshua Tuthill. Muy sutilmente nos imbuye la tensión palpable de la época de la guerra fría entre Estados Unidos y la URSS. En todo momento es desconcertante. Simple y llanamente desconcertante. Su animación en stopmotion, combinada con las imágenes de la carrera espacial, saben impregnar de incomodidad y desolación. Me evoca una sensación onírica que atrapa como una pesadilla, como si buscara desrealizarnos por completo, despertando nuestro instinto más básico y abandonándonos a merced de una rica e inquietante obra audiovisual con tintes dadaístas.

La penúltima propuesta la considero una parada de descanso para la intensidad de la anterior. “El tratamiento” (Álvaro Carmona) es un corto hilarante, inclusive familiar, de una situación inverosímil, pero llevada de manera exquisita con una naturalidad real. Escarbando un poco más allá, podríamos sugerir que refleja la frivolidad con la que se tratan algunos problemas de peso con tal de conseguir algo por ello, no sólo por el lado del dinero, sino también por excentricidades, tales como el aspecto físico. Nos plantea acerca de las debilidades superfluas y hasta qué punto somos capaces de sacrificarnos nosotros (o lo que no somos nosotros) para “solucionarlas”, debido también a la presión que nos ejercen socialmente, aunque esos problemas no sean en realidad problemas (salvo por mera percepción personal). La ironía final es maravillosa. Ha sido un cortometraje sencillo, ameno, simple… Pero del que se pueden sacar, por ejemplo, extensos hilos filosóficos sobre la moral.

Y como último proyecto para esta sesión, llega “El llibre” de Francesca Català, un caramelo brevísimo, ingenioso, que nos permite acabar de forma relajada, luego de tantos altibajos sensoriales y emocionales. Ideal.

Críticas y reseñas