crítica

A Shape of Things to Come

A Shape of Things to Come

Director

Lisa Malloy, J.P. Sniadecki

Intérpretes

Chuck's Bandwagon, Jodi Ohlson, Madian Romero

País

EEUU

Género

Documental - Aventuras - Fantástico

Por Daniel Love

Esta película formato documental, muestra la vida de Sundog, un anciano activo de espíritu joven y rebelde, que vive libremente en el desierto de Sonora (justo en la frontera que divide Estados Unidos y México). Se alimenta y subsiste porque es cazador, horticultor, recolector y cría algunos cerdos en su pequeño rancho, donde lleva una vida retirada, pero no exenta de pequeños grandes placeres. 

El film inicia con imágenes en blanco y negro como si fueran tomadas desde un helicóptero con visión nocturna, título de la película "A SHAPE OF THINGCS TO COME" y luego ya en color un plano de un cielo nublado y mortecino, para cambiar a un primer plano del protagonista del film durmiendo al raso en pleno desierto que es despertado por los rayos del sol del alba, se despereza, se levanta y empieza a caminar. Sundog lleva un rato de caminata, el ruido de una avioneta o helicóptero capta su atención y le hace ir mirando al cielo por momentos.

Ahora Sundog ha entrado a un pequeño y humilde campo santo que hay en el mismo desierto. El recinto sagrado está delimitado por unos alambres. Allí dentro ha arrancado lo que parecen unos frutos amarillos. Sale del cementerio y vuelve a oír el ruido del avión por el cielo. Al rato de caminar se para, hinca la rodilla en el suelo, apunta con su fusil de mirilla y dispara. Ha tenido suerte y ha acertado en el blanco, se dirige hacia la presa que se está retorciendo por el suelo, pero la deja que siga pataleando mientras aprovecha para miccionar, como si marcara terreno, tal y como hacen otros depredadores. Ha cazado lo que a ojos inexpertos parece una cría de jabalí, de un tamaño accesible para irlo arrastrando primero de los cuartos traseros para que el animal acabe de sangrar, y luego cambia y lo coge de los cuartos delanteros, a una mano y con fusil al hombro, hasta una furgoneta negra todo terreno abierta donde lo deposita. De vuelta a su hogar, conduciendo con la luz crepuscular de la hora vespertina se abre una lata y se la toma muy jubilosamente, disfrutando del momento a ritmo de música country. Ha llegado a su destino de noche y deposita en el suelo el pequeño jabalí, mientras afila un cuchillo para descuartizar el animal, su gato Yoda lo saluda. En esas, hay dos cerdos, Fat Boy y Miss Piggy, oliendo el cadáver del pecarí, pero el cazador los aleja, los encierra en su zahúrda para que coman en sendos cuencos. Ahora destripa el pecarí. Luego en una tabla de madera trincha pequeños trocitos de pecarí para dar a sus dos gatos, Prince y Yoda, cada uno también en su bol. Tras esto es la hora de su banquete personal, se come unas costillas al calor de una fogata.

Naturaleza y fauna (crolatus, rapaces, hormigas, aves acuáticas y coyote) versus constructos (frontera y patrullas) y artefactos artificiales (torres de vigilancia automática, máquinas A10 y buldóceres, helicópteros y cazas). Sundog vive en comunión con la Tierra, apenas se le oye hablar, pero cuando lo hace nos damos cuenta que sus palabras son profundas, él ha hecho todo un trabajo personal e introspectivo de contemplación y reflexión sobre nuestro papel como especie y seres vivos.

Parco en palabras, pero prolijo en música. A lo largo del documental somos testigos de las canciones que va escuchando nuestro protagonista, ellas nos dan pistas de su estado de ánimo. Temas conocidos para oídos melómanos como:   

- "I Ran (So Far Away)" de la banda "A Flock Of Seagulls",
- "Living Loving Maid (She's Just a Woman)" de  Led Zeppelin.
- “La otra tarde vi llover” de Armando Manzanero.
- "Cruz de navajas" de Mecano.

Un film que abarca desde la cotidianidad más familiar de ropa secándose al viento o despertarse y acariciar a la mascota dedicándole unas palabras cariñosas. Hasta bodegones poéticos y sugerentes como el integrado por taza de metal, hierbas, frutos amarillos, un hueso, unos guantes, un salero casi vacío y dos botellas sin contenido. O incluso un cielo digno de un cuadro de Magritte, con sus nubes blancas y esponjosas. Para surrealista el plano del agua en un bote de cristal con dos orugas verdes juntas que están haciendo un 69 caníbal (uroboros), se muerden y sale sangre verde (algo que he interpretado como símbolo de esperanza y del eterno retorno); por cierto, si os fijáis bien, estas orugas tienen un diseño natural en sus costados que parecen ojos pintados, cada uno con sus dos grises párpados y su blanco resaltado por una negra pupila, unos nueve en cada lado. O lo que parece una naturaleza muerta con hierbas verdes y frutas flotando en un surco de agua del huerto de Sundog, en el margen inferior derecho hay una hoja de col o lechuga lívida a modo de pecera natural con renacuajos oscuros nadando dentro, ¿serán espermatozoides de la noche, descendientes o poluciones de algún sapo liberado?

Su magnificencia se funda en lo mundano: como la escena de recolección con bote naranja transparente de pastillas farmacéuticas; la de desenterrar una planta de flores magenta con un cuchillo a lo John Rambo; o la que sucede dentro de su casa remolque, mientras escucha un programa de radio dedicado a la música clásica y se fuma un cigarrillo con boquilla negra a lo estrella de Hollywood, sentado plácidamente en su butaca regalando sus oídos con sinfónica orquesta; o la que aparece desnudo, leyendo un libro mientras hace de caganer viviente (algo muy acorde con estas fechas) en un cubo de metal con los bordes acolchados, que cubrirá con una tapadera de cacharro de cocina, tras limpiarse con papel higiénico.

Destaco la escena didáctica de cómo preparar un brebaje salvaje: con un brazo de mortero Sundog majando frutos de adormidera, las cuela y las pesa en una balanza, echa licor rectificado hecho a base de grano de una marca estadounidense en un vaso de medir cantidades para a continuación depositar el líquido neutro transparente en un bote con tapa de metal, en la que escribe con rotulador "Papaver somniferum 1:5 50% alc".

Aunque la escena más curiosa y sorprendente, la estrella es la de cómo ordeñar a un sapo: delante de un espejo cual adolescente con acné, sitúa al anfibio y le va estrujando una a una hasta reventar las glándulas venenosas que van explotando en la superficie del cristal como pus de granos bien cargados; luego las manos de Sundog, la derecha con una hoja de cuchilla de afeitar va patinando la superficie del espejo y retirando del vidrio el veneno seco, éste ha quedado como sal escamosa que va depositando en un potecito de medicina, esta vez de color rojo (parecido a esos de hacer pompas con su pegatina desgastada y blanquecina, por efecto del uso, del agua y el jabón).

¿Quién es Sundog, un montaraz, un mago, un rebelde, un ingenuo o simplemente un sabio? Sundog es un ser humano que ha aceptado e integrado su parte animal, de ahí que podamos verlo cazando, orinando, eructando, defecando o jugando con un cerdito a olerse el hocico. Pero también hay momentos para la lírica, como la escena en la que Sundog vuelve a su hogar y desde la cabina de su auto se divisan los últimos rayos de sol dorados, cinemascopeados por cúmulus de añil crepuscular y un horizonte moreno serrado. ¿Es una metáfora del séptimo arte o una proyección de sí mismo? Posiblemente las dos. Esta escena respira y transpira cine: cabina, butaca, espectador y pantalla. Como se dice, una imagen vale más que mil palabras. Me parece la definición más poética e integral que se puede hacer de Sundog: un cielo resplandeciente de un intenso fulgor anaranjado que en contraste tiene nubes de terciopelo azul violáceo.

“A Shape of Things to Come”, documental contemplativo, lírico y profundo, que abarca las luces y sombras de la condición humana.

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