crítica

Mercado de futuros

Mercado de futuros

Director

Mercedes Álvarez

Intérpretes

 

País

España

Género

Documental

Por Claudia Mateus

 

Mercado de futuros es un documental que abarca distintos temas y se sirve de un hilo conductor que, a mi parecer, no acaba de funcionar como cohesionador de las historias. Este hilo hace uso de una voz en off, en algunas ocasiones sobrante, que cita frases de pensadores y filósofos que hablan sobre la memoria y otros temas, con la finalidad de lanzar una reflexión sobre valores del pasado y del presente sin acabar de conseguirlo. El largometraje plantea algunos temas interesantes como la vida de las cosas materiales y los sueños, la velocidad del cambio en la sociedad, el valor de los espacios y los objetos… pero que se unen de forma demasiado abstracta. Son igualmente difusos los distintos bloques que Mercedes Álvarez utiliza para estructurar el documental.

A parte de esto, hay conversaciones casuales, hallazgos de personajes que no tienen desperdicio y dotan el documental de un valor añadido. Es el caso del señor de la tienda de chatarras en Los Encants, cuya visión de la vida no deja de sorprender al espectador: después de rechazar vender algunos de sus productos a compradores que se paran en su puerta preguntando por algún artilugio en concreto, el hombre le explica a un señor con el que entabla una conversación: “¿Por qué tengo que venderlos? Si los vendo, ya no los tengo”. Desde luego, no dejan a nadie indiferente y lo que más choca es el contraste entre este individuo y cualquiera de los vendedores de “sueños” de los mercados inmobiliarios, a los que les va la vida por conseguir un cliente. De esta forma, cabe destacar también algunas de las conversaciones entre vendedores e inversores en la feria inmobiliaria, pues simplemente son fragmentos de conversaciones grabadas al azar pero ingeniosamente seleccionados.

A través de esta forma original de buscar situaciones, Mercedes Álvarez da la oportunidad al espectador de reflexionar. Otro ejemplo de ello sería el desmantelamiento de la primera casa, llena de recuerdos, de objetos que han pertenecido a una familia y que ahora son repartidos entre diferentes vendedores que van a devolver estos objetos al mercado, convirtiéndolos de nuevo en productos. Aunque se trate de escenas interesantes, la directora se excede en su duración, dejándose llevar por la contemplación de la situación sin pensar que para el espectador pueden perder el interés al poco rato, ya que pronto empiezan a ser monótonas.

Teniendo en cuenta que la película empezó a rodarse en 2008, con todos los cambios que se han producido desde entonces en el tema de los mercados, la economía y la entrada de la crisis, cabe resaltar el esfuerzo de readaptación constante, actualización del material y replanteamiento de la historia, con tal de mantener el sentido o intención iniciales de esta. EN cualquier caso, con lo que nos podemos quedar es con la ebullición de ideas y conceptos, así como su intención, no poco ambiciosa, de trazar algunos rasgos del nuevo mundo en el que nos movemos. También en rebajar al mero espectáculo la fiebre del mercado inmobiliario, consiguiendo mostrar a sus participantes como títeres de un juego que, a ojos del espectador externo, puede parecer hasta ridículo.

Críticas y reseñas

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