crítica

El premio

El premio

Director

Paula Markovitch

Intérpretes

Laura Agorreca, Paula Galinelli Hertzog, Sharon Herrera, Viviana Suraniti

País

México/ Polonia/ Francia/ Alemania

Género

Drama

Por Claudia Mateus

 

La dictadura, el exilio, la soledad y el miedo son conceptos difíciles de asimilar para una niña de siete años. Ella es la protagonista de esta película, una niña que vive su infancia al margen de la complicada situación en la que su madre y ella se encuentran, aunque involuntariamente va tomando conciencia del mundo que la rodea.

En su debut con El Premio, la directora argentino-mexicana Paula Markovitch, nos ofrece una historia de corte autobiográfico ambientada en la Argentina de los convulsionados años 70. Desde la mirada inocente de Cecilia, asistimos a este relato contemplativo pero intenso sobre la dureza de las condiciones en las que tienen que malvivir una madre y su hija, cuyas únicas posesiones son la una a la otra. Una espléndida Laura Agorreca -en el papel de madre- intentará que su hija sufra lo mínimo posible las consecuencias de su situación, animándola a asistir a un colegio cerca de la casita de la playa donde se esconden. Así es como la madre se verá obligada a lidiar con la contradicción entre el riesgo que supone la inconsciencia de la niña, frente al peligro al que se exponen, y a la vez su voluntad por protegerla y mantenerla al margen de este mundo cruel.

Las brillantes actuaciones de las dos niñas, la protagonista y su mejor amiga, llenan por si solas los espacios no-narrativos de la historia. No nos cansamos de verlas jugar, reír o mantener conversaciones de niñas. Sus diálogos, expresiones y gestualidad son de una naturalidad insólita que consigue que cualquier espectador se olvide que están actuando delante de una cámara. Paula Markovich trabaja con ellas basándose en la premisa que el arte del cine se encuentra en un punto intermedio entre el juego y el trabajo, poseyendo lo mejor de cada uno: por un lado, la espontaneidad y diversión del juego y, a la vez, la seriedad, la constancia y el alcance de un objetivo que implica el trabajo. Markovich realizó un intenso estudio sobre el trabajo con los actores y sintió que la mejor forma de trabajar con las niñas era tratándoles como artistas y no como niñas, haciéndolas partícipes de la dureza real de la situación.

La playa de San Clemente de Tuyú es, al mismo tiempo, el lugar original donde se desarrolla la historia, así como la localización donde esta se rodó e igualmente el lugar natal de la directora, quién concibe este proyecto como “un recuerdo de una mujer adulta”. Por tanto, el viento característico de la zona y sus duras condiciones meteorológicas quedaron bien plasmadas en la historia. El equipo de rodaje aprovechaba los momentos de sol para grabar las escenas interiores y salían al exterior cuando el viento, la lluvia o la neblina se asomaban. La directora afirma que “sentía que tenía que trabajar con niños de San Clemente”. Ella había sido niña en esta playa y argumentaba que los niños que allí vivían eran niños acostumbrados al clima. Aunque, según confiesa, esta era solo una excusa que Markovitch utilizaba para argumentar su intuición: la directora vivía en una casa frente al mar y había ido a la misma escuela que utilizan como escenario en la película.

Cabe destacar el gran trabajo del director de fotografía que trabajó con Paula, el polaco Wojciech Staron, quién enseguida conectó con la idea de la directora y aportó ideas y puntos de vista que encajaron con el concepto visual y enriquecieron el resultado final. Su forma de trabajar se alejaba de una planificación meticulosa y cerrada, pues Markovitch cuenta que a veces empezaban a grabar a las niñas jugando y ella aprovechaba la ocasión para introducir un contenido dramático en la escena. Sin duda, el resultado de la película refleja esa forma de filmar: por un lado, cada plano parece pensado y estudiado previamente; por el otro, da la sensación de que a partir de la contemplación, la cámara espera a que las cosas ocurran delante de ella. Como consecuencia, puede que algunos planos se alarguen excesivamente.

La película ha viajado por numerosos festivales y obtenido reconocimiento internacional a partir de premios como el Oso de Plata a la mejor aportación artística en la Berlinale (Berlín, 2011), mejor largometraje mexicano al IX festival Internacional de Cine de Morelia (México, 2011) y mejor actriz (por Paula Galinelli) en el XX Festival Internacional de Cine Latinoamericano de Biarritz (Francia, 2011) y en el XXVI Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

Críticas y reseñas

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