Entrevistamos a Humberto Solás
Julio Moreno 24 November 2006
La reinvención del cine cubano en el tiempo.
En una tarde de Otoño primaveral, en la ciudad de Barcelona, me
apresuro para llegar puntual a mi cita con Humberto Solás, una de las
figuras más emblemáticas del cine latinoamericano de las ultimas
décadas. Nos encontramos en el centro de cultura contemporánea de
Barcelona, el CCCB. Humberto, al que reconozco de inmediato -ya que
días antes había tenido la oportunidad de verle en la presentación de
su film "Miel para Ochún", como parte de la retrospectiva que el
festival de cine independiente de Barcelona le ha dedicado estos días-
me espera sentado en la entrada, en el patio interior por donde se
accede a este magnifico conjunto arquitectónico ahora ya reformado hace
algunos años por las autoridades locales. Humberto, de pelo blanco y
alta estatura me recibe con mucho interés, y tras un breve intercambio
de saludos procedemos a bajar la larga rampa que conduce al hall.
Una vez allí, sin demasiadas dilaciones, la organización del festival
nos acomoda en un tranquilo rincón desde donde espero aprobar con
cierta soltura mi primer examen como periodista cinematográfico.
Después de sopesar durantes unos instantes si debo confesar a mi
interlocutor mi condición de novato, decido finalmente ocultarlo
únicamente con el ánimo de no generarle desconfianza.
Humberto es un hombre de la revolución cubana que empieza y todavía
continua utilizando el cine como arma de combate, como método para
combatir la ignorancia, la incomprensión, una forma de hacer pedagogía,
el resultado es un cine comprometido con la realidad cotidiana y con la
historia del hombre. Su formación desde muy joven comienza en el ICAIC,
pero a su faceta de cineasta se une la de historiador, por lo que el
resultado es una variada, extensa y laureada filmografía entre la que
cabe destacar títulos como "Lucia", considerada como una de las
películas más importantes de la historia del cine iberoamericano,
"Cecilia", "Un hombre de éxito" o las mas reciente "Barrio Cuba",
premiada entre otros en el pasado festival Iberoamericano de Huelva. Su
trabajo ha sido objeto de estudio y crítica en prestigiosas
publicaciones como The New York Times, Film Quaterly, El País, Le Monde
y Cahiers du cinema entre otros.
Este es el resultado de una conversación con uno de los cineastas más
prolíficos de su generación y pionero en su país de lo que actualmente
se conoce como 'cine pobre'.
Julio: - Humberto, ¿de qué trata "Barrio Cuba", su última película?
Humberto: "Barrio Cuba" pretende ser un testimonio de una época difícil
de nuestra historia, los años noventa. Trata sobre la búsqueda de la
felicidad en circunstancias sociales desfavorables. Es una película que
tenia que hacer como documento fehaciente de la realidad cubana y que
se inscribe dentro de la Trilogía del Pueblo, la cual empieza con "Miel
para Ochún" que a su vez trata de la reconciliación pacifica entre los
cubanos. Es una mirada al mundo urbano que busca escapar de los
clichés, especialmente a partir de Win Wenders con su film Buena Vista
Social Club, que aun siendo una hermosa obra, creó un estereotipo de la
ciudad de la Habana, con el malecón como uno de sus tópicos
protagonistas. Desde luego fue una forma de apreciar la ciudad pero
desde la perspectiva de la 'neopostal'. Ahora ya no es la postal
luminosa sino la imagen de la degradación, la pobreza, la corrupción y
el triunfo de la imaginación popular que hace que sobrevivan autos
construidos hace ochenta años.
J: - En su película, ¿las individualidades crecen y tienen su sentido de ser dentro del colectivo?
H: Si, es una película gregaria, a despecho de que son historias y
grupos con características y fisonomías muy especificas. Encontramos la
'famosa clase media', pre-revolucionaria, que se une al carro de la
revolución, que se puede sentir defraudada pero que tampoco se
arrepiente de haber dado ese paso, hasta el punto de renunciar a
algunos privilegios pero permaneciendo como ideología, como mentalidad
con el objeto de ser admitida dentro de la sociedad. Por otra parte,
aparece el grupo de los campesinos que surge con la disolución del
campo socialista, un grupo desarraigado, incomprendido, no admitido
culturalmente y que emigra a las ciudades. Por tanto existe en la
película una gama social amplia que tiene cierta uniformidad, en virtud
de que ninguno es propietario de medios de producción, aunque si haya
diferencias culturales notables. También aparecen elementos de
neo-marginalismo asociado a la presencia del turismo sexual que invade
el país. Y naturalmente, hay un sufrimiento derivado de una situación
difícil e inesperada a nivel político-social, en virtud de la
desaparición del apoyo europeo para seguir haciendo posible la realidad
cubana. Pero claro, la película aborda la búsqueda de la felicidad de
las personas.
J: - A propósito de esa 'realidad cubana', usted es un cineasta que
desde sus comienzos, especialmente a partir del estreno de "Manuela",
ha demostrado su interés en dar a conocer y reflexionar a cerca de la
misma, de practicar un cine comprometido, ¿qué queda de ese hombre que
acude a la revolución para expresar sus inquietudes?
H: Creo que mi compromiso ha sido inalterable, pero sucede que la
revolución tiene difíciles etapas y por tanto mi cine también. Tras mi
época juvenil con "Lucia" o "Manuela", sobreviene la época gris del
quinquenio, un momento de intolerancia, durante la cual realizo "Día 1
de Noviembre", una película no positiva, melancólica, sobre la derrota
del hombre y que fruto del escarnio me obliga a estar seis años fuera
de la cinematografía. Con mi retorno durante la 'catástrofe
latinoamericana', practico un cine más histórico producto de mi
formación como historiador durante la época seca como cineasta. Esto se
debe a la falta de suficientes garantías para abordar la
contemporaneidad. Así pues, realizo "Sin Paralé", un cortometraje
acerca de Haití y "Cantata de Chile". A partir de este momento,
sobreviene un periodo positivo con la creación del Ministerio de
Cultura, en donde se vuelve a las raíces revolucionarias con un
especial énfasis en el teatro. Entonces realizo "Cecilia", "Amada", "Un
Hombre de Éxito" y "El Siglo de las Luces", este último es un tríptico
basado en obras clásicas de la literatura cubana. Entonces acontece la
crisis de la Perestroika con la desaparición del campo socialista,
afectando esto a la estructura de los créditos económicos y convenios
con estos países y especialmente con la Unión Soviética, de esta manera
la cinematografía cubana pasó de estrenar quince títulos anuales a
prácticamente experimentar su propia desaparición.
J: -Usted ha dicho que cada película es un medio de conocimiento de la
realidad y un arma de combate. ¿Se ha considerado a sí mismo un
'guerrillero del cine'? Y de ser así, ¿todavía lo sigue siendo en la
actualidad? De hecho usted participa a los catorce años en la guerrilla
urbana del movimiento del 26 de Julio.
H: La guerrilla sirvió para consolidar en mí una voluntad
inconformista, soy un hombre de la revolución, pero sin hacer guiños,
sin complacencia, crítico con la sociedad y con la historia de mi país,
consecuente con mis principios. Por lo tanto, he sido un cineasta
incómodo, aunque no siempre claro. En el caso de "Barrio Cuba", este ha
sido uno de los énfasis que justifican la existencia de la película; a
ello se une mi reflexión sobre el cine digital y la reducción de los
costes de producción ganando en el espacio de libertad creativa. Hasta
ahora, la manera de mantenerse en la profesión era sobre la base del
sistema de coproducción con otros países -especialmente con España y
Francia- pero finalmente sacrificando el aspecto prístino de la
profesión, que no es sino hacer un cine nacional, perdiendo en el peor
de los casos los aspectos de mayor legitimidad. Curiosamente, descubrí
que esta pérdida de libertad se daba en la fase de pos-producción.
J: -En el artículo de un conocido periódico de este país se afirmaba,
en referencia a tu película "Miel para Ochún", que tu cine aborda la
idea de la 'reunificación' del pueblo cubano. ¿Todavía siente como una
obligación tratar este tema en actuales y futuros proyectos?
H: En esta película planteé el tema de la reunificación en términos de
sensatez, humanismo, mutua comprensión, tolerancia y compasión, donde
al margen de diferentes credos o filosofías intento contribuir a evitar
una catástrofe nacional, es una acción entre muchas otras para
conseguirlo.
J: -¿Diría entonces que lo ha logrado?
H: Yo creo que si, aunque no solo yo. He de decir que he sentido
repercusiones muy hermosas al respecto, como un cierto desprejuicio
alrededor del tema de los que se van o se quedan, ya que había sido
visto como tabú, con cierto maniqueísmo. Sin embargo, en mi película no
hay prejuicios, no se cuestiona la ideología de los personajes; existe
la llamada 'Isla Cuba', como una entelequia que no debe ser susceptible
a un holocausto, un estado de anarquía o de locura, y por tanto la
película se hace en función de que hay que salvaguardar la nación.
J: - Su filme "Lucia", proyectada en el pasado festival de cine
independiente de Barcelona, se ha convertido con el paso del tiempo en
su película más famosa. ¿A qué cree que se debe esto?
H: Creo que se debe a que es la de mayor calidad y también porque fue
una sorpresa. Quizás sea la más lograda, sin embargo personalmente me
gusta más "Cecilia" y "El Siglo de las Luces" en su versión para la
televisión, ¡pero claro! yo amo a "Lucia". Es una película que
pertenece a una época, es experimental a nivel dramatúrgico y también
visualmente.
J: - EN relación a "Lucia" usted ha dicho que 'es un fresco sobre la
mujer, el amor y la revolución cubana'. ¿Tiene esto que ver con la idea
del Romanticismo a diferentes niveles?
H: Seguramente, ya que la película representa la etapa de la juventud,
de la euforia, del amor absoluto; es como un espíritu dionisiaco que
envuelve la vida, después ésta se vuelve más apolítica en la medida que
la realidad te hace cambiar tu punto de vista debido a sus
contradicciones y sus golpes. Lucia es un tríptico estilístico y todo
el cine que he hecho sale de ahí, es un referente de mis posteriores
películas.
J: - ¿"Lucia" por tanto establece el punto de partida de un cine de autor?.
H: Mi cine se sincroniza con el momento ya que soy un cineasta
realista, y esa euforia de los 60 se refleja en esta película. Después
vienen otras épocas, y yo lógicamente no puedo falsificar mi euforia,
no puedo devenir en un manierista, un tautólogo de mí mismo. ¿A quién
voy a engañar?. Dos años después del estreno de "Lucia" sobreviene un
proceso de oscuridad en el plano de la cultura y entonces hago un
viraje cinematográfico en la percepción que yo tengo. Por tanto no he
podido establecerla como un paradigma o como una marca de autor, ya que
yo he hecho un cine según las circunstancias. Ahora practico un 'cine
pobre' porque estamos en un país que intenta recuperarse de uno de los
peores momentos económicos de su historia.
J: - El papel de la mujer ha estado latente durante una buena parte de
su filmografía; "Manuela", "Lucia", "Cecilia".. ¿A qué razones obedece
el mismo?
H: Por una parte, el tema de la mujer es muy tradicional en la cultura
cubana, tal que en el terreno de las artes plásticas los artistas
tienen siempre una galería de retratos de la mujer y naturalmente los
cineastas buscan también esa presencia en el cine. Por otro lado, el
elemento feminista que aparece a partir de "Lucia" y en mis posteriores
películas desaparece conforme la sociedad se transforma. Durante ese
tiempo la mujer todavía ocupaba un lugar secundario dentro de la escala
económica, social y cultural, y es a partir
de "Un Hombre de Éxito" cuando empiezo a no sentir la necesidad de
sacar el personaje femenino, primero porque en ese momento ya había
directoras que quizás con mayor profundidad y rigor podían abordar el
tema, y segundo porque la formación y presencia de la mujer en los
diferentes ámbitos había alcanzado cotas de igualdad, algo que se
consolida en los ochenta. Por tanto en mis inicios era una necesidad
histórica darle a la mujer un mayor protagonismo, algo que como he
dicho desaparece con el tiempo.
J: - La modalidad documental ha estado ligada a su carrera
cinematográfica desde sus comienzos; ahora que este género goza de
buena salud y reconocimiento internacional, ¿piensa usted aprovechar
este impulso y por tanto recurrir al mismo con el objeto de seguir
expresando sus ideas?
H: Si, yo nunca he abandonado el documental, aunque seguramente he sido
más tesonero en la ficción y por tanto en la búsqueda de los elementos
para su confección. De esta manera y durante muchos años yo hacia el
documental antes del largometraje, ya que me servía de laboratorio,
entrando así en una dinámica de contradicción que me hacía bien. Era
una especie de esbozo, de prefiguraciones plásticas, temáticas y
estilísticas, ya que de una manera no tangible yo operaba en el
documental. Ahora mismo tengo necesidad de hacer un documental sobre un
cantautor llamado Carlos Garela y otro al pintor Nelson Domínguez,
ambos ciudadanos cubanos. Con el primero deseo mostrar esa capacidad de
plasmación de sus conceptos, su música como compositor y así su
influencia en los jóvenes. En el caso de Domínguez, exponer la figura
de una saga de pintores que conforman la gran eclosión de la pintura
cubana en los años ochenta.
J: -Según usted, ¿de que forma afectó la caída del Muro de Berlín, el
año 1989, al rumbo político y especialmente al contexto cinematográfico
cubano y su relación con el exterior?
H: -La gran afectación fue de presencia, debido a la desaparición de
los medios económicos. Hay que decir que el cine cubano tiene una gran
relación con el público, especialmente por su capacidad iconoclasta, un
cine que salvo excepciones no se caracteriza por ser oficialista o de
propaganda política sino por su visión de crítica y autocrítica de la
realidad, unas veces en clave, otras de forma mas abierta, en
definitiva un cine que cuenta con el apoyo y respeto de la población.
Ahora bien, su desaparición eventual del panorama cinematográfico fue
salvada por el sistema de coproducciones como hemos hablado
anteriormente, pero naturalmente sacrificando en parte su lado más
conceptual en virtud de las reglas del juego impuestas por dicho
sistema, de ahí la relación que yo hago entre costes de producción y
libertad creativa.. Ahora tenemos indicadores de siete películas al
año. Así pues, existe un renacer del cine cubano, con jóvenes
independientes haciendo sus primeros largometrajes, un cine autóctono
netamente cubano, aunque obviamente también existen otras vertientes y
esto naturalmente depende del guión.
J: -Si existe cierto inconformismo en este nuevo cine cubano, ¿se debe a la situación política a día de hoy?
H: Si lo hay, pero debido a una tradición del cine cubano. Tomemos como
ejemplo la famosa 'comedia cubana' con sus máximos exponentes en Tomás
Gutiérrez Alea, Juan Carlos Tabío, etc., inclusive en mi obra llena de
acritud e irreverencia. Por tanto, los nuevos cineastas heredan esa
tradición partiendo de concepciones estilísticas y conceptuales
distintas, son muy irrespetuosos en el buen sentido, no hay conformismo
y esto me agrada mucho.
J: -¿Cuales han sido las consecuencias del bloqueo norteamericano en el cine cubano?
H: Sin duda, el bloqueo claramente perjudica no sólo al cine Cubano
sino a todo el cine latinoamericano en general. Ese bloqueo existe
inclusive en países del primer mundo como España. Es el bloqueo de las
Majors, de las distribuidoras. De ahí la existencia de un 'cine
invisible' al que no tiene acceso el público.
J: - ¿Qué tipo de géneros y temáticas debería abordar el cine cubano en la actualidad?
H: Se impone un cine de la contemporaneidad, debido a que es el único
susceptible de ser ejecutado por razones económicas y por que Cuba es
un laboratorio ideológico y político. Han de ser las fuerzas vivas, la
inteligencia de la nación, las que han de ocuparse de esa realidad,
justamente evitando su deterioro, su deslegitimación. El cine cubano
tiene que hacer un cine de la resistencia cultural, aunque no
complaciente o cómplice de iniquidades con las propias instituciones de
gobierno, un cine activo, crítico y revolucionario. Se debe por otra
parte equilibrarse la balanza de títulos, y dar cabida no solo a la
comedia cubana sino también al drama social y a toda una serie de
géneros, aunque evitando en la medida de lo posible un cine de
abstracción o de individuales.
J: - ¿Cuál es la relación de Cuba en el contexto cinematográfico internacional?
H: El cine de Cuba no es autofágico, es un cine que recibe muchas
influencias. Ahora yo soy el resultado de la 'nueva ola francesa', como
antes lo fui del neorrealismo y del cine de autor italiano. Los más
jóvenes pueden sentirse herederos de Tarantino, Almodóvar u otros, es
decir, pueden tener sus referencias e influencias como puedan ser las
provenientes del cine independiente americano, a veces muy
transgresor.. Así pues, en mi opinión hay interacción, que es todo lo
contrario de la subordinación estilística; no existe la condición de
discípulo sino una reinversión de los aspectos mas convenientes.
J: - ¿Sigue existiendo la censura en su país hacia ciertos tipos de temáticas?
H: La censura se manifiesta de diversas formas y no solo en mi país, de
hecho hay gente que me ha preguntado sobre mi atrevimiento con "Barrio
Cuba", aunque yo no me siento bajo la misma. Es cierto que hubo un
momento de oscuridad y que coincide con mi película "Día 1 de
Noviembre", un período de intolerancia e incomprensión debido a los
ecos sectarios de una visión obsoleta en la antigua URSS sobre el mundo
del arte, que llegó a Cuba entrampándonos en discusiones poco
provechosas. Afortunadamente eso quedó atrás.
J: - ¿Cómo ve el futuro cinematográfico en una Cuba sin Fidel?
H: Creo, sin duda, que seguiremos haciendo películas. Por mi parte
seguiré intentando que se aumente la producción, de hecho, mi sueño es
que se hagan por lo menos dos películas al mes. Es un sector que va a
seguir existiendo perfectamente, pero claro, no tengo la bolita mágica.
J: - ¿Qué atención le merece que personas de distintas nacionalidades acudan a Cuba para formarse como cineastas?
H: Creo que es extraordinario, ya que la escuela demuestra así su
capacidad pedagógica. Por otra parte, tomando como ejemplo la película
"Habana Blues" de Benito Zambrano, recibimos la capacidad para
describir con mucha sagacidad el mundillo de la periferia cultural
habanera y que quizás directores cubanos no hubieran podido conseguir,
a pesar de ser una mirada extranjera, con sus tópicos y clichés. Ese es
el gran mérito de Zambrano como cineasta.
J: - ¿Cuál cree que es y ha sido el alcance y repercusión de su filmografía?
H: Espero que "Barrio Cuba" se estrene al público y tenga alguna
repercusión. "Miel para Ochún" estuvo a punto de estrenarse pero al
final, por una falta de recursos, esto no se pudo dar.. A veces mi cine
ha sido mas conocido en Estados Unidos que aquí en España, al ser
distribuido por grandes cadenas de televisión. Creo que de mi cine se
harán retrospectivas precisamente a través de este medio y que, al
igual que otros autores como Tomás Gutiérrez Alea, mis obras serán
mayormente conocidas post mortem.
J: - ¿Cuáles son sus ilusiones de ahora en adelante?
H: Pues si Dios quiere, que me dé unos cuantos años más para poder,
sino seguir siendo director de cine, al menos continuar orientando el
festival de cine pobre de Gibara, el cual creo tiene una utilidad
fehaciente además de que me estimula hacerlo, ya que es una labor
estrictamente social.

