Crónica del Festival Internacional de Gijón

David Brion 29 November 2008

Exhaustivo recorrido por todo lo acontecido durante los días del festival, una cita internacional ineludible para todos los amantes del cine independiente.

Viernes 21, día 1 en Gijón: "Comenzamos"

Aterrizaje en Gijón, con un día de retraso tras el comienzo del festival. Fruto de ello, nos perdimos la gala de inaguración del festival, para la cual fué elegida Estíbaliz Gabilondo como maestra de ceremonias. También nos perdimos la película Choke (Asfixia), que inaguró el festival, leemos, con cierto éxito y muchas risas.

Así pues, tras la llegada a Gijón y la recogida de acreditación pertinenete, tocaba, ya, por fin, comenzar el viaje por los 9 días de cine que esperan. Las novedades de este año, en principio positivas, están dando algún quebradero de cabeza a la organización. El nuevo sistema de acreditaciones ralentiza la entrada a las sesiones para la prensa (que casi siempre comienzan con un ligero retraso, si bien hay margen suficiente para que ello no suponga la pérdida de ninguna otra película gracias a la confección de los horarios) al tener que comprobar uno a uno informáticamente los carnés ciudadano que sirven como acreditación. La recogida de entradas tampoco va tan rápido como cabría esperar, sobretodo en estos primeros días, fruto de la opción, por primera vez, de recoger entradas para todo el festival y no sólo para las proyecciones de la jornada. Mención aparte merece, sin duda, el personal al servicio del festival, siempre atento a hacer la labor de los acreditados más sencilla y el disfrute de los aficcionados mas cómodo, con amabilidad y muy servicial, tanto en la sede del festival como en las diferentes salas de proyección, así como desde la sala de prensa (que, si bien no está al 100% preparada, siempre cuenta con la ayuda del personal allí presente para sobreponerse a los problemas que se puedan originar por ello). Pero vamos a hablar de cine, que es, al fin y al cabo, es lo que nos ha traído aquí...

El viaje por el festival comenzaba para el abajo firmante con la belga "Nowhere man", de Patrice Toye. Una película sobre la huída del tedio existencial de un hombre decidido a ser otra persona hasta las máximas consecuencias. Con ciertas reminiscencias en su síntesis a la argentina "El otro", que también se pudo ver aquí (y hasta resulto premiada) el pasado año, pero con un planteamiento mucho más ágil y acertado, la película se centra, sobretodo, en las dramáticas consecuencias de una decisión poco meditada, tanto inmediatas como, sobretodo, cuando, a su vuelta, cuando comprueba que el mundo ha seguido girando durante su ausencia. Desde luego, una buena manera de comenzar nuestro paseo.

Paseo el que dábamos despues hasta el Teatro Jovellanos para poder ver "Three Monkeys", que llegaba a Gijón tras hacerse con el premio al mejor director en Cannes. Rodada con sobriedad y con tres partes muy bien diferenciadas entre sí, la película va ganando en intensidad tras un comienzo lento (eso sí, con una escena inicial maravillosa), nos cuenta la historia de una familia turca que ve todo cambiar cuando el padre acepta declararse culpable de un crimen que no cometió. Durante ese tiempo, los acontecimientos se suceden en el seno familiar. La situación económica mejora, pero el matrimonio se hunde, la cama se vacía y, tras la vuelta del padre, al igual que le sucede al protagonista de la película antes comentada (aún sin tener nada que ver la situación), nada parece ser como debería. Los acontecimientos se disparan y explotan ante los ojos del trío protagonista.

Y lo previsto era completar la sección oficial (aún fuera de competición) con "Choke (Asfixia)", pero, lamentablemente, las entradas estaban agotadas a la llegada de servidor a la taquilla. Pero como no hay mal que por bien no venga, gracias a ello pudimos asistir a nuestro primer "Encuentro con el público", además de salirnos por primera (y en realidad, será una de las escasísimas) vez de la Sección Oficial para ver "El brau blau", de Daniel V. Villamediana. Un debut en el largo del crítico y fundador de "Letras de cine", la historia del toreo sin toro, que no huye de ciertas polémicas temáticas (realizar un filme sobre toreo en Catalunya, donde su capital estudia convertirse en "ciudad antitaurina", y en catalán; comenzarlo, precisamente, com imágenes de la Monumental de Barcelona a rebosar). Villamediana huye aquí de cualquier tópico o convencionalismo, tanto en lo que se refiere al mundo del toreo y a los filmes que se han hecho sobre él (por no haber, aquí, no hay ni toro, pues no es sino esta cinta el certero retrato de una obsesión, causada por la soledad y también por la fascinación hacia José Tomás, personaje secundario, aún sin aparecer una sola vez, de la película), como en el del propio cine, con una manera de entenderlo francamente personal, fundamentalmente visual pero también narrativa pese al silencio (al contrario de su compatriota Albert Serra, por ejemplo), donde el personaje (único) no deja de evolucionar en todo el filme, hasta desembocar en la gran faena del torero sin toro, en una plaza improvisada, una escena cumbre de más de 10 minutos de duración (en una película que dura 63) rodada por primera vez desde el punto de vista del espectador lejano, huyendo de los planos detalle que la película nos ofrece una y otra vez durante el resto del metraje.

Sábado 22, día 2 en Gijón: "Realidad y Ficción"

Dificil de hacer crónica de este 3º día del Festival Internacional de Gijón (2º día de mi festival particular) sin creer inevitablemente que estoy equivocado, cuando la opinión del grueso del público parece ir en un sentido y la de un servidor tan diferente. Pero estoy aquí para eso (entre otras cosas), así que allá voy, ya con la conciencia tranquila de haber advertido la discrepancia general que un servidor sintió con respecto al público gijonés en masa:

Empezamos el día con "Adoration" (película de la Sección Esbilla/Selección). Lo nuevo del canadiense Etam Egoyan, cuya presencia en Gijón lo convirtió, probablemente la gran estrella festivalera de la presente edición (y en palabras del director del Festival, una cita pendiente desde hace tiempo), un acierto a celebrar para todos los presentes, sin posibilidad de discrepancia aquí. En la presencia del director en el festival, digo, no en la película en sí misma que ayer presentó. Y es que "Adoration" no se acerca, ni de lejos, al mejor nivel de Egoyan, manteniéndose en un nivel digno, pero nada más, una ligera decepción, que parece (intencionadamente o no) una obra menor en la sólida carrera del director de Exótica. No nos costará encontrar temas y sensaciones comunes (la soledad, el desencuentro, una cierta melancolía que, también aquí, nos acompaña todo el metraje) en una película que no huye de la polémica y consigue romper ciertos tabúes, con ritmo pausado, que no lento, y una acertada narración no lineal. Sin embargo, algunas escenas sobrantes, excesivamente pretenciosas algunas, en evidente búsqueda (en ocasiones descarada, incluso) de una emotividad nunca encontrada otras.

No disgustó en Gijón, pero tampoco destacó especialmente, lo que de por sí supone una decepción en tanto en cuento Egoyan da menos de lo que cabría esperar de él, si bien su siempre interesante presencia fue recompensada con una buena ovación (ya habíamos asistido, por la mañana, a la rueda de prensa más habitada de todo el festival) pese a los problemas de la proyección (que comenzó con casi media hora de retraso y tuvo varios problemas de sonido), y el encuentro con el público que se extendió casi una hora (hubo que cortarlo por problemas de tiempo, especialmente tras el retraso inicial, pues era la primera de tres películas en el Teatro Jovellanos y se hacía necesario evitar retrasos), encuentro en el que estubo acompañado del responsable musical del filme, su habitual colaborador Michael Danna, cuyo trabajo aquí con uso conservador de una música de corte muy clásico, se queda lejos de anteriores colaboraciones, con una cierta obsesión por subrayar (demasiado y de modo torpe) los momentos claves de la película.

Llegaba después una película especialmente esperada del certamen, pese a ser una ópera prima, por lo mucho que su sinopsis y planteamiento había dado que hablar en el ambiente más festivalero de la ciudad. Pues llegaba el momento del estreno (precedido por una breve charla del director, que prometió un pequeño coloquio posterior que no llegó a producirse, suponemos, por problemas de tiempo, pues la película terminaba con solo 30 minutos de antelación a la siguiente) ver "A complete history of my sexual failures". Y la cosa, ojo, empieza bien, con un hombre desbordado por la situación sentimental que vive, que se propone hacer una película entrevistando a sus exnovias como proyecto. Y lo lleva a cabo bien, el toque de falso documental (todo es verídico, según el director. Con todo, muchas partes resultan tan inverosímil como el cuidadísimo look descuidado que Chriss Waltt lucía en la rueda de prensa) funciona bien, realmente bien, y el humor negro nos da situaciones, ciertamente, desternillantes, mientras vemos la dificultad de llevar acabo tamaña empresa. Y cuando empezábamos a creer que realmente estábamos viendo una obra radicamente diferente, valiosa en su medida, con un interesante paso adelante en la exploración personal en el cine, desgraciadamente, la cinta se hunde en el fango, en una eterna búsqueda de la risa facil, con gags más propios de una suerte de American Pie... con pretensiones. Dudo, para que se me entienda, que alguien sea incapaz de situar escenas como la de la viagra (no desvelo nada por señalar, para que el lector conteste internamente a la pregunta planteada, que en un momento dado el protagonista ingiere hasta 8 pastillas de golpe, provocando una previsible erección de ocho horas de duración y saliendo a conseguir una ración de sexo, cámara en mano y pantalón en la rodilla) en películas del corte de la cinta antes citada. Sin embargo, y es justo relatar los hechos tal como sucedieron, la película se llevó a su fin la mayor cantidad de aplausos, por intensidad y duración, que se han podido escuchar a día de hoy en el Jovellanos (y probablemente la que veamos en todo el festival).

Y después de ello, sin embargo, asistimos a la timidísima reacción (incluso muy negativa en algunos casos) del público de la americana "Wendy and Lucy", que en opinión de un servidor, en absoluto ha recibido la acogida que merecía. Una historia aparentemente muy pequeña, en una cinta de no mayor metraje (apenas 80 minutos), que no necesita más para evocarnos una cantidad de sensaciones que nos hace pensar que parece decir, en realidad, mucho más de lo que enseña a un simple golpe de vista. Si la cinta de Chris Waltt fracasa al tratar de vender como algo real lo inverosímil, la de Reichard consigue transformar una historia de ficción en algo cercano, real, totalmente verosimil. Cuando Wendy (magnífica Michelle Williams), camino a Alaska en busca de trabajo, pierde a su perra Lucy en un pequeño pueblo de Oregón, todo su mundo se tambalea. Con un viejo coche (que, además, se estropea) como hogar para ahorrar gastos en el camino, y muy lejos de casa, Lucy es la única conexión con todo cuanto le quedaba en este mundo. Cuando su perra se pierde, no solo pierde eso, sino que pierde prácticamente su conexión con su pasada vida (como se aprecia en la llamada que realiza desde el bar, y la desalentadora incomunicación de/con su hermana), pues Lucy es lo único que Wendy tiene permanentemente, a su lado, como exclusiva compañía. Y es entonces cuando Wendy, aparentemente frágil pero más dura que la roca (o aparentemente dura pero más frágil que el cristal), comienza su incesante búsqueda, consciente de que, más allá de quedarse sin compañía y sin coche, definitivamente parece entender que su empresa se le queda grande. Inconscientemente toma consciencia de su fracaso, y aunque nunca se rinde, parece saber que tras levantarse tropezará con un nuevo obstáculo en el camino que le volverá a hacer caer, como le ha venido ocurriendo a lo largo de su viaje. Con todo, y sin nada ya que perder, decide seguir adelante. Una película dificil, cierto, sin mensaje optimista posible, que recuerda en muchos aspectos a la anterior cinta de Kelly Reichard, Old Joy; de esa clase de cintas capaces de decir mucho con muy poco, de modo totalmente implícito pero a la vez de una manera realmente simple.

Domingo 23, día 3 en Gijón: "Parajes"

Algo curioso sucedió, desconocemos si de modo premeditado o no (probablemente no), con la distribución en el calendario festivalero de los estrenos de este pasado Domingo, en el que los dos tenían en común coincidencia un hecho clave en ambas películas: la importancia del paraje, del lugar donde se ha rodado, para sus protagonistas y para las historias, contadas por dos directores que nacieron en esas tierras y que en ellas debutan en el largometraje de ficción. Hablamos de Salamandra y Tulpan (pues ayer solo ví dos películas, las de la Sección Oficial, tomándome un merecido descanso y algo de tiempo para (re)visitar la ciudad), dos cintas bien diferentes que nos cuentan las dificultades de la vida en dos lugares aislados, donde los ecos de la civilización llega, pues si una se integra entre lo mejor que nos ha dado y nos dará el festival, la otra no consiguió ni de lejos contentar en exceso al respetable.

Así, "Salamandra" nos envía, junto a una madre (de 30 años) y su "recién conocido" hijo (de 6) tras salir de prisión, al territorio mágico de El Bolsón, en la patagonia argentina. Lugar donde floreció la cultura hippie en los años 70, cuando los dos personajes llegan a El Bolsón se encontrarán con los últimos resquicios de la misma, cuya realidad es bien diferente a como la madre se imaginaba o recordaba, y que coloca al joven Inti, llevado allí contra su voluntad, en una situación en una situación donde el terror no impide una cierta curiosidad ante lo que le rodea. Pero la película naufraga en alguna parte. Lejos de profundizar en las posibilidades que da el lugar donde se produce la historia, Pablo Agüero, el último en llegar a ese "nuevo cine argentino" del que tanto se está hablando este año en Gijón, se centra en las dificultades a que se ven constantemente asediados los dos protagonistas (a uno, la madre, apenas la llegamos, en realidad a comprender). Una oportunidad perdida de un director que parece dejar entrever en varios momentos un cierto talento que hace que sea una figura interesante de seguir, pero que no consigue en este primer largometraje terminar de triunfar.

Pero las sensaciones de cierta decepción que nos dejó Salamandra se olvidaban fácilmente tan pronto daba comienzo el estreno de "Tulpan", que supuso la llegaba, probablemente, de la mejor película de lo que hasta ahora nos ha ofrecido el festival. Su director, el kazajo Sergey Dvortsevoy, que debutaba tambien en el cine de ficción, si bien detrás cuenta ya con una dilatada y prestigiosa carrera como documentalista, y, notablemente influido por ella, nos ofrece una verdadera delicia de fácil degustación y profundo calado. La historia es sencilla; Asa acaba de terminar su servicio militar en la Marina y regresa a la estepa del sur de Kazajstán. Allí le esperan su hermana y su familia de pastores, además de su inseparable amigo Ondas, que se pasa el día escuchando a Money M en un motocarro decorado con fotos pornográficas. Su intención, hacerse cuanto antes con un rebaño y ser pastor. Desgraciadamente, el rebaño prometido solo le será entregado tras haberse desposado, y sólo hay una mujer con la que pueda hacerlo en toda la zona. Su nombre, Tulpan (Tulipán, en castellano).

Y bajo esta premisa, Dvortsevoy nos ofrece una película grande, ambiciosa, con mucho de personal pero en absoluto autobiográfica (como señalaría en la rueda de prensa), cuyo proceso creativo se alargó durante cuatro años en el tiempo, con múltiples cambios internos (el propio Dvortsevoy comentaba que tan solo el 20% del guión original se utilizó fielmente en la película, algo que fue consciente de que iba a pasar desde el primer día de película, tras el rodaje de la primera escena, clave en el desarrollo del filme y rodada y expuesta de modo seco y sin cortes, sin edición, de modo muy cercano al documental), cociéndose a fuego lento. Y desde que la película avanza, todo un halo, difícilmente explicable, cubre la sala. La historia, el lugar, todo se funde en la pantalla creando una sensación a la vez de purísima realidad y de pequeño cuento mágico (ayudado sabiamente por la evocadora canción de cuna que tanto gusta de cantar a uno de los personajes) que se convierte sobretodo en una gran declaración de amor (a una tierra, a un oficio, a un lugar, y a una idea, representado todo ello en la figura "invisible" de Tulpan) rodada con una mezcla de actores profesionales y verdaderos pastores habitantes de la estepa (todos ellos, excelentes), humildad y mucho sentido del humor. Decía su director que no dudásemos en preguntarle lo que sea si lo vemos por la calle, por que se quedará varios días en Gijón. Esperemos que sea hasta el Sábado, y que la estancia no sea en balde, por que Tulpan apunta, aunque sea un poco pronto para decirlo (quedan 10, más de la mitad, de las cintas a concurso por estrenarse aún), a ser una película cuyo lugar natural en el festival se enmarca, sin duda, dentro del palmarés de esta edición del FICG.

Lunes 24, día 4 en Gijón: "Y por fin, Lucrecia"

Si ayer señalaba la coincidencia de los estrenos en Sección Oficial de dos películas con varios puntos comunes, lo cierto es que los de este lunes guardan también una cierta conexión, establecidos esta vez por la muerte como punto de partida de la historia a nacer. Bueno, no es cierto del todo, en realidad, en tanto en cuanto una de ellas no tenía en el día de hoy su estreno oficial en el festival (que fue el pasado Sábado), pero tras la incompatibilidad con otras cintas que supuso la imposibibilidad de acudir a dicho pase para el que les habla, tuvo que esperar a mejor ocasión, que, por fin, llegó hoy, precisamente el día que llegamos al ecuador del festival, y por fin, al momento de degustar la nueva película de Lucrecia Martel, directora homenajeada con un ciclo retrospectivo en el festival, un ciclo que resultó una alegría extra para un servidor (sobretodo tras saber que supondría su aterrizaje en Gijón), que tiene a Martel por una de las más interesantes cineastas del momento tras sus dos primeras películas (y que se confirma en esta tercera).

En las primeras escenas de "La mujer sin cabeza" (que se estrenará el próximo Viernes 28 en España bajo el título "La mujer rubia", por problemas técnicos, según expresó la propia Lucrecia -"estaba cogido"- en la rueda de prensa) podemos ver a dos niños y un perro jugar en una solitaria carretera. Minutos después, una mujer teñida de rubio, Vero, coge su coche para volver a casa. Cuando la vemos llegar a esa misma carretera, vemos como la mujer choca contra algo cuando se dispone a coger el móvil para hacer una llamada. No sabemos contra qué, a ciencia cierta, pues su directora no nos lo permite, solo vemos el plano de perfil de Vero, en estado de shock, volviendo a posar sus manos sobre el volante y comenzar una huída hacia delante con terribles circunstancias. En los días posteriores, la mujer de la escena pierde por completo cualquier contacto con la realidad. Como una autómata permanente, ya no responde ni a los impulsos más naturales. Con el tiempo Vero se convence de que atropelló a un chico. Cuando se decide a comunicárselo a sus allegados, la reacción no es de reproche ni preocupación, sino que, exclusivamente, se limitan a tranquilizarle, pero también a encubrirle por encima de todo y evitar que la historia se pueda llegar a hacer pública. Solo después de que su marido le acompañe al lugar del siniestro, donde ven un perro en la calzada, Vero comienza, poco a poco, a recuperar el control de su vida. Por supuesto, la historia no termina aquí, pero es probable que ya haya contado incluso demasiado. Con esta introspectiva historia Lucrecia Martel vuelve a darnos muestra de su magnífico pulso tras la cámara con las propuestas que siempre ha habido en su cine, que una vez más propone más preguntas que respuestas da (empezando por; ¿atropella Vero a un niño o a un perro?), una magnífica capacidad para sugerir sin necesidad de mostrar, y una carga simbólica importante en determinados momentos (el color del pelo, que da título español al film, por ejemplo) que no oculta una cierta denuncia de la realidad política y social.

Pero, aunque no tan esperadas (y siendo sinceros, tampoco tan acertadas) como la última cinta de Lucrecia Martel, hubo dos estrenos más el día de hoy, que se saldaron además sin la sensación de haber visto la película del festival pero, no obstante, con un buen sabor de boca general. Y como comentábamos al principio, con algunas particularidades en cierta conexión. Así, el tema central de "Afterschool" no es otro que las consecuencias y devenires provocados por una muerte trágica. En esta ocasión, la cinta nos lleva al interior de un lujoso internado, donde las dos alumnas (gemelas) más populares del instituto mueren de sobredosis. Al contrario que en la cinta antes mostrada, el suceso no se puede tapar ni ocultar (todo lo contrario, es grabado, incluso desde varios ángulos, y colgado en Youtube), y no tardará en trastocar por completo la vida del todo el centro, que observamos a través de un joven al que se encarga la creación de un video conmemorativo. A raíz de él y su grabación, el neoyorquino Antonio Campos nos muestra la verdadera cara del lujoso internado, un lugar siniestro, tan oscuro en su interior como bello en su fachada, como, paradójicamente, luminosa la fotografía de la cinta. Pese al macabro suceso, son las situaciones normales, de la propia adolescencia los verdaderos protagonistas, intercalandose y masificándose con el terremoto que provoca el acontecimiento, conducido paralelamente por videos propios de Youtube y grabaciones de móviles y de la propia grabación del video homenaje. Campos hace del realismo su principal valor en una cinta dura, pese a su onírico estilo, a su claridad visual, y a la canción de cuna que (de un modo casi irónico) cierra la cinta, ésta resulta una de las más lúgubres cintas que hayamos visto últimamente en el marco de un high-school.

Y por último, también en "9mm", del belga Taylan Barman ("lamento decepcionaros -decía en la presentación de su cinta- pero esta no es la secuela de la película de Nicholas Cage"), la historia comienza con un suceso... ¿mortal?. En realidad, imposible de decir (aunque no complicado de intuír), por que tampoco aquí llegamos a ver en esa primera escena ni qué (más allá, claro, de la propia pistola de 9mm que da título a la cinta) ni tampoco quien provoca ese seco y único disparo, que el espectador observa desde fuera de la casa, viendo tan solo una puerta cerrada. Pero al contrario que en las dos cintas precedentes, lo que busca no es analizar las consecuencias provocadas en los días posteriores, sino las motivaciones, a través de las 24 horas precedentes en la vida de los tres miembros de la familia rota, tomando la caída en picado que el padre sufre desde que perdió el trabajo como hilo conductor de toda la cinta. Y para contarlo, Barman apuesta por tomar distancia con sus personajes, a través de una dirección seca, fría, y de una narración constantemente entrecortada (o entrecruzada, mejor dicho), tanto espacial como temporalmente, con varias escenas rodadas desde diferentes puntos de vista que acentúan la ruptura de la linealidad recordando a la estructura narrativa utilizada, por ejemplo, por el Gus Van Sant de "Elephant".

RUEDA DE PRENSA: Lucrecia Martel

Aunque no es la primera Rueda de Prensa a la que asistimos en este festival, ni será la última, la de Lucrecia Martel fue probablemente la más valiosa de la que nos ofrece el Festival (ya me desvelé previamente como incondicional), con un pulso certero a su carrera y a la realidad del cine independiente según la propia directora.

El comienzo de la propia rueda de prensa, no podía ser de otro modo, llegó con "La mujer rubia". Así, la propia directora arrancó hablando de cómo empezó todo, recordando que el punto de partida de toda la idra no es otro que "un accidente que se hizo muy conocido en Argentina, por que el muerto era un chico muy joven, hermano de una modelo, y la conductora que lo atropelló era también una chica joven que huye del lugar del accidente y, con ayuda de sus padres, en una mala interpretación de lo que es protegerla, trata de ocultar lo ocurrido. Los problemas que tuvo esa chica no vinieron tanto del atropello en sí mismo sino de la manera de actuar después, de la actuación y consejos de su familia" . Y poco más se dijo en una rueda de prensa que pronto se fue por otros derroteros. Aunque sí respondió a la inevitable pregunta sobre el cambio de título de la cinta, teniendo a bien aclararnos que "se trata de un problema técnico, pues La mujer sin cabeza estaba reservado y ante eso no se le puede hacer nada" . El nuevo título, no en vano consensuado con ella, "no me disgusta en absoluto -afirma-, si bien es cierto que todas mis películas tienen un título muy propio de la Serie B, algo que me gusta mucho, y que no es tan fuerte en La mujer rubia como en La mujer sin cabeza".

Y aquí se terminó el lugar de su última cinta en rueda de prensa. Tan pronto llegó la primera pregunta sobre el cine independiente y sus esperanzas, la directora no huyó de responder, si bien su mirada al respecto no es demasiado halagüeña: "Esperanza... poca" , afirmó rotundamente. "Sólo que la actual crisis sea tan profunda que provoque alternativas, pues hoy la variedad parece atentar contra el mercado. Pero hay que ser realista, no hay más que ver que el primer efecto de la crisis fue el cierre de las casas independientes en EEUU y Gran Bretaña. Hasta ahora yo, por ejemplo, nunca tuve problemas para estrenar en esos países, aún con pocas copias, y ahora me estoy encontrando verdaderos problemas. Es necesario reactivar el mercado independiente, evitando que todo el pastel se quede en manos de multisalas que mantienen compromisos con sus casas matrices como Paramount o Warner".

Sin necesidad de más preguntas al respecto, la argentina profundizó más en los problemas a los que el cine más alternativo se enfrenta. Y uno de los mayores es, para ella "la estigmatización de cierto cine por tener diferentes maneras de formularse, por defender diferentes valores. Vamos a ver, sé perfectamente en qué parcela del cine estoy como realizadora, pues como espectadora estoy en todas. Pero es una lástima y tenemos que empezar a tratar de cambiar el que a un determinado cine se le limite con etiquetas como intelectual o alternativo, que de por sí le limita, provoca que parezca no interesa a la gente, que es incapaz de conectar con el público, por que tenga menos espectadores. Eso es como decir que la gente prefiere el pollo de criadero al de corral por ser más consumido, y no, a todos nos gusta tomar pollo de corral de vez en cuando, aunque el de criadero esté gordito y también muy bueno". Tras el simil culinario, que arrancó las risas de gran parte de la sala, matizó: "Por supuesto, sé que yo no hago Spiderman, pero tampoco hay que ir con un catedrático de Salamanca a ver mis películas. Hay que ir con un cubo de palomitas y simplemente mirar".

Y tras este pequeño repaso a la situación del mundo independiente tocaba acercarnos más a SU cine personal. Concretamente, respondió a la pregunta de si había intención política con un rotundo "claro" , que fue, una vez más, matizado al instante. "Pero no por que tome partido por una izquierda, o una derecha. Se trata de que ver un conflicto como una cuestión psicológica individual es hacer un gran esfuerzo por aislar a esa persona. Las consecuencias y los engaños atañen a toda la sociedad que le rodea. Eso lo convierte en político de algún modo". Sin salir del tema del cine de Lucrecia, analizó su relación con los hermanos Almodóvar, cuya productora El Deseo ha producido sus dos últimas pelícuas: "El primer contacto con Almodóvar lo tengo yo cuando veo sus películas. Luego él ve La Ciénaga, y se interesa. Fue una bendición. Lo mejor de trabajar con El Deseo, con los Almodóvar, es que conocen perfectamente los problemas y carencias de hacer el cine en torno a una cierta mirada por que ellos lo hacen también. Por supuesto, Pedro ha superado ya esas barreras, pero viene de ahí, los tuvo en el pasado, y los conoce a la perfección."

Y para terminar la rueda de prensa, analizó su próximo proyecto de futuro, "El Internauta": "Es una adaptación de un cómic argentino de gran éxito, y con una especial repercusión en Buenos Aires. Es una historia compleja, a la que se le pueden dar muchas lecturas políticas, pero yo me lo planteo tan solo como una historia de aventuras, púramente de género. En este momento está en periodo de escritura, todavía. Tanto yo como los Almodóvar nos hemos dado un tiempo y en Abril, cuando esté terminado, volveremos a encontrarnos para ver si es viable la realización inmediata. Soy consciente del momento económico en que estamos y que esta es la película más cara que haya realizado hasta ahora."

Martes 25, día 5 en Gijón: "En tránsito"

Si ayer era Lucrecia Martel la que destacaba por encima de todos los demás estrenos del festival, hoy volvía corresponder a otro cineasta argentino, Lisandro Alonso, poder decir lo mismo. Compañeros, no sólo de patria, sino también de generación, ellos son los abanderados de lo que han dado en llamar (recalco la tercera persona pues a título personal me resulta muy cuestionablemente, cuando las diferencias en su obra son más visibles que sus similitudes en realidad) "Nuevo Cine Argentino", que como decíamos días atrás, estaba bien representado aquí, en Gijón. Y lo son por ser los primeros en aparecer, sí, pero también por que, indudablemente, son los que más talento poseen, habiendo sido capaces, ambos, de consolidar un nombre con tan solo 3 y 4 largometrajes rodados y menos de 35 años.

En el caso de Lisandro Alonso, presentaba ayer en el festival (que le dedicaba un ciclo hace tan solo 2 años), entre una gran expectación, su cuarto proyecto, "Liverpool", directamente llegado desde la Quincena de realizadores de Cannes. De nuevo una historia pequeña, rodada con exquisita sofisticación técnica, un estilo desgarrador, totalmente personal, profundamente poético, terriblemente melancólico. Alonso se vale de una fotografía sencilla pero hermosa, sin artificios ni trucos, para explotar el paisaje y el paisanaje y volver hacer de su cine una experiencia que tiene entre sus objetivos (y logros) conseguir crear un cierto estado de ánimo que contar una historia concreta. Claro que eso es un riesgo (pues el espectador que no consiga conectar de entrada probablemente no consiga hacerlo ya en los 84 minutos), pero es un riesgo necesario, y Lisandro Alonso lo toma sin contemplaciones. Lo que nos cuenta se resume en la visita de un marinero a su pueblo natal aprovechando que su carguero amarrará en un puerto cercano, para comprobar si su madre sigue viva (sic). Un viaje de silencios, sin prisas, sin pasado y sin futuro (entiéndase, en lo que al espectador concierne). Por que nada sabemos de él antes de comenzar la película, y poco sabemos de él cuando termina. Lisandro no hace, tal vez, una película por encima de sus predecesoras, pero no da lugar tampoco a la decepción, no da, tampoco, menos de lo esperado. Y eso, en el argentino, es suficiente para asegurarse, y con holgura, una película muy por encima del nivel medio de la cosecha de este año.

Menos afortunada, mucho menos, resultaba "A song of good", de Gregory King, presentada dentro de la Sección Oficial pero fuera de concurso. King nos cuenta la inverosímil historia de redención, una suerte de tránsito místico que un joven drogadicto comienza tras violar a una mujer, dueña de la casa en la que estaba robando en busca de dinero para su próxima dosis, y decide cambiar de vida, dejar las drogas, ayudar a su familia y buscar un trabajo. Una cinta tan convencional como fallida, con una serie de conclusiones que nos han contado ya muchas veces (la búsqueda de la redención tras cometer un acto terrible, la realidad de que el pasado siempre te persigue...), y en bastantes de ellas, mejor.

Algo más acertada es "Eldorado", de Bouli Launders, ganador del Premio a la Mejor Película en la edición 2005 del festival con su primer largometraje, "Ultranova". Digámoslo ya: no tuve la ocasión, todavía, de ver su debut, con lo que la siguiente conclusión no se pude entender como una comparación con su anterior film, pero lo cierto es que parece complicado imaginar que pueda repetir tamaño galardón este año. Sin embargo, no se pude negar que sí consigue una divertida road movie protagonizada por un hombre de 46 años (el propio Launders) hastiado de su vida actual, y un joven cocainómano al que "caza" robando en su casa. Un viaje con varios momentos delirantes, surrealistas, y muy divertidos, donde Launders demuestra cierto talento para pasar de comedia a drama. Una cinta original capaz de generar esa risa incómoda del que siente más lástima que empatía por sus personajes y que suponen 85 minutos de puro entretenimiento, aunque no sea de las que, casi seguro, no se mantienen en la cabeza del espectador demasiado tiempo, y tal vez con demasiados altibajos para aspirar volver a hacer algo importante (para un servidor, veremos lo que opina el Jurado), decíamos, en el Palmarés de este año.


Miércoles 26, día 6 en Gijón: "Buscando el equilibrio"

Seguimos en Gijón a medida que nos vamos acercando inevitablemente ya al Sábado, 29, que se clausurará una nueva edición del festival. Casi sin darnos cuenta nos plantamos ya en la semana cumplida de festival, y este séptimo día se presentaba como un día tranquilo (casi como de descanso para una recta final sin descansos, como si de una vuelta ciclista se tratase), con sólo dos estrenos en sección oficial, y sin demasiado que llamase la atención fuera de concurso.

Estreno, eso sí, de la que era una de las películas más esperadas del festival, "El cielo, la tierra y la lluvia", debut en el largometraje del chileno Jose Luis Torres Leiva. Encumbrada por la crítica y colectora de galardones en todos los festivales por los que ha pasado, también, decían, una de las más arriesgadas y personales del año. Y, tal vez por ello, la diversidad de las reacciones encontradas en el pase de prensa de los Cines Centro (algunos asistentes abandonaron la proyección, otros la despidieron sin embargo con tímidos aplausos) no fué excesivamente sorprendente. Por parte del que les habla, ni tanto, ni tan poco, si se me premite el uso de expresión. Torres Leiva nos ofrece una cinta básicamente estética, con fotografía preciosista, que nos intenta transmitir el tedio y la falta total de acontecimientos relevantes de la vida cotidiana de una pequeñísima y aislada isla chilena. Visualmente magnífica, no se puede negar que el hecho de que el tedio se traslade de la pantalla a las butacas existe, y, aún siendo opuesta a la corriente crítica oficial, uno no pudo evitar salir de la sala con la sensación de que acaba de ver un ejercicio de estilo (muy bueno, eso sí) donde el fondo queda excesivamente limitado y entregado a las formas, sin equilibrio suficiente como para hacerla totalmente disfrutable.

Por contra, la americana "Ballast", otro debut, en esta ocasión de Lance Hammer, se presentaba en Gijón sin hacer apenas ruido (pese al premio especial del jurado y el de mejor director recibido en Sundance, y no por casualidad) y sale muy fortalecida del certamen asturiano, tras conseguir seducir a la crítica presente en el certamen (o al menos eso de desprende de la calurosa acogida tras el pase de prensa, pese a ser a las 10 de la mañana) con una historia (moderadamente) optimista en una situación especialmente dura, un canto a la vida que comienza con la muerte (de nuevo aquí una muerte es la desencadenante de la trama, algo que ya se pudo ver en no pocas cintas del festival). La historia de ese tío que decide apoyar a su sobrino y su madre, después de que su padre (del que llevaban alejados ya años) se suicidase, todo ello en un ambiente asfixiante y desolador como es el de Missisipi rural. No hay, aquí, grandes y llamativos efectos con la imagen, no hay tampoco un sonido especialmente depurado, una música excelente, pero sí ese equilibrio que a la anterior le faltaba esta aquí presente a la perfección gracias a la seca (pero muy coherente) mano del director, perfectamente capaz de sacar adelante con verdadera lucidez una historia sólida, bien escrita, sin apenas altibajos, durante 96 minutos de cine puro y duro.

Y nos salimos de la Sección Oficial para darnos un breve paseo por la sección paralela Llendes (Lindes). Y cuando digo breve, quiero decir breve, pues apenas 30 minutos es lo que dura el proyecto en que, con sendos cortos, el Museu del Cinema de Girona reune a 4 directores de esa provincia (entre los que están algunos de los nombres más interesantes del panorama español) para rendir, con "Reflexos de Chaplin", un sentido homenaje al cineasta, que funciona como reflexión de la supervivencia, de los ecos de su cine en la actualidad, manteniéndose lejos del cine documental. Los elegidos son Luis Hereu, Isaki Lacuesta, Albert Serra y Pere Vilà. Y el resultado es interesante, al menos como curiosidad, aunque falto total de nexo común más allá del personaje de Charles Chaplin, en 4 cortometrajes tan correctos como lejanos tanto en su temática, su estilo o sus objetivos (no en vano, el propio Albert Serra decía que hasta ayer aún siquiera había visto los otros tres trabajos).


Jueves 27, día 7 en Gijón: "Brindando con ron"

Entramos ya en los últimos 3 días del festival (2 en realidad de funcionamiento al 100%, pues el día de clausura apenas hay nada más que la propia gala), a falta de 6 cintas por ser presentadas en Sección Oficial. La primera era "Una semana solos", de Celina Murga, que tan buenas impresiones había dejado con su primer largo, "Ana y los otros", y que venía apadrinada en esta ocasión por el mismísimo Martin Scorsese. Era la cuarta película argentina vista en la Sección Oficial tras la decepción de "Salamandra" y las excelentes películas de Lucrecia Martel y de Lisandro Alonso, todas ellas comentadas en anteriores artículos. Desgraciadamente, el resultado de la segunda película de Murga está már cercana al debut de Pablo Agüero que a las dos posteriormente comentadas. A través de la historia de unos niños que se quedan, como su título indican, una semana sin padres en un barrio rico de las afueras de Buenos Aires (que recuerda en mucho al de la mexicana "La Zona"). Una crítica interesante pero rígida, excesivamente alargada y un tanto manida de lo intocable de la burguesía, que resulta incluso demasiado evidente, como da buena muestra el hecho de que llegue a su climax con la utilización como cabeza de turco del único joven procedente de los barrios pobres de la casa (el hermano de la cuidadora, que había ido a pasar unos días).

Mucho más celebrado fue el estreno de la última cinta de una directora bien conocida en el Festival (le dedicó una retrospectiva en 2005), Claire Denis, con su "35 shots of rum". Y quien nos iba a decir, a estas alturas, que Denis sería capaz de sorprendernos de esta manera. Pero es que "35 shots of rum" es, en efecto, una película que rompe por completo con lo anteriormente ofrecido por la realizadora francesa, una de esas cintas de las que no es muy facil hablar pero que resulta un placer ver. Denis toma cercanía con sus personajes, lo hace todo más sencillo, y todo rueda de maravillosamente, con facilidad y un par de escenas mágicas (no fuimos pocos los que, a la salida del pase de prensa, coincidimos en destacar la escena en la que el coche se avería de camino a un concierto (y termina convirtiéndose en una familiar fiesta en un bar cercano) como una de las mejores que nos ha brindado el festival hasta el momento (y teniendo en cuenta que nos queda apenas un día, podríamos ya quitar la coletilla). Consigue ser un film sensible, poético, bello, sin parecer intentarlo siquiera (incluso los Tindersticks de su banda sonora parecen ser liberados de cierto dramatismo habitual), con situaciones cotidianas y sin (como decíamos del último film de Alonso) grandes acontecimientos por el camino.

Y para terminar el día, llegaba la última cinta de Hannes Stöhr, "Berling Calling", que se presentaba en la Sección Oficial pero fuera de concurso al ser su director miembro del Jurado Internacional. Y la última película del director de "Berlin is in Germany" y "One day in Europe" (lamentablemente traducida en España como "Galatasaray-Depor"), no es otra cosa que un biopic de DJ Ikarus (aunque en realidad, debo reconocer de entrada mi incultura en este ámbito, desconozco si existe en realidad o es un simple personaje), un conocido miembro de la noche berlinesa que acaba en un centro de desintoxicación y salud mental tras una noche abusando de las drogas. Una suerte de "sexo, drogas y techno" que supone un producto menor dentro de la sección oficial del festival pero muy disfrutable si aceptamos de entrada sus limitaciones. Entretenida, delirante en ocasiones, y con una habil utilización del proceso de creación del nuevo album de Ikarus, reconvertido en banda sonora de la propia película, lo cierto es, como decían ciertos miembros de la prensa -y el propio público- ayer, que "Berling Calling" es una película que probablemente nunca habría sido estrenada en Gijón si su director no fuese miembro del jurado, pero no es menos cierto que no es, en absoluto, la peor película que hemos visto en la sección oficial del festival, muy por encima de algunas otras, verdaderos subproductos de escaso interés, que sí entrarán en concurso y optarán a aparecer en el palmarés que mañana dará a conocer el jurado.


Sábado 29, día 9 en Gijón: " Despedida y cierre "

Se acabó lo que se daba. Tras 10 intensos días de cine el FICG tocaba a su fin en su 46ª Edición con la lectura del palmarés por parte del Jurado Internacional. 10 días en los que, gracias al trabajo de todo el equipo del festival (como su propio director, Jose Luis Cienfuegos, tuvo a bien recordar) todo ha funcionado con holgura una vez superados los problemas iniciales, y gracias a los cuales el Festival de Gijón sigue creciendo, asentándose más sólidamente en un lugar preferente del circuito nacional y con ecos en el internacional, constituído sobre los cimientos de la juventud de la que nació, de un cine arriesgado e innovador, un festival especialmente necesario más allá de títulos elegidos este año en su sección oficial, que encuentra en sus otrassecciones permanentes y ciclos paralelos el complemento casi perfecto.

Pero antes de hablar del palmarés antes citado, debemos pararnos en las películas que se nos han quedado en el tintero, las esrtrenadas los últimos días (viernes 28 y sábado 29) y que confirmaron lo que ya apuntaban las del día anterio, que el festival dejó para el final alguna de las cintas más valiosas.
Así, "Stela", de Sylvie Verheyde, completaba la participación francesa del festival, que tan bien había comenzado Claire Denis con "35 Shots of Rum". Aunque no a su nivel, no se puede negar que su directora y guionista sabe crear un personaje memorable, enternecedor y con el que el espectador fácilmente puede sentirse , al menos, empatizado, en esa niña cuyo nombre da título al film, críada en un bar, que conoce nuevos horizontes y toma conciencia de lo que le rodea cuando entra en contacto con la cultura en un prestigioso liceo parisino. No se puede negar, no obstante, que estamos ante una película facil en torno a ese personaje.

Lejos de la búsqueda de dicha emoción fácil, por ser en sí misma tremendamente dura, resulto estar la elegida para cerrar la sección oficial a concurso, que no fue otra que la única cinta de animación presente en Gijón, "Waltz with Bashir", del israelí Ari Folman, que a través de una depuradísima animación, cercana a la novela gráfica y técnicamente impecable, viaja a las matanzas en los campos de refugiados libaneses de Sabra y Chatila, en Septiembre de 1982, a través de la introspectiva historia de un antiguo soldado que comienza a recordar escenas de lo sucedido y siente la necesidad de indagar en su propio pasado (y el de sus propios compañeros). Con ecos de documental, conforma una película sólida, con pocos altibajos, y se convierte en, probablemente, lo mejor de la competición gijonesa.

Ya finalizada la Sección Oficial a competición, alargamos el festival con dos cintas fuera de ella que comentamos brevemente. La primera es la única cinta española incluída, aún fuera de concurso, dentro de la sección principal del certamen. Se trata del debut de Ventura Durall en el largometraje de ficción, "Las dos vidas de Andrés Rabadán", y que resulta, desgraciadamente, una de las más flojas vistas, a la que la Sección Oficial de un festival como el de Gijón parece quedársele grande. A fuerza de buscar la humanización del "asesino de la ballesta", Durall crea un biopic cercano al clásico "vidas de santos", con personajes tan caricaturizados como, critica él, se ha caricaturizado a Rabadán en los medios, conformando una historia tan amable como inverosimil.

Y desde Suecia nos llega, pasando (entre otros lugares) por Sitges, a través de la sección Esbilla, una historia de vampiros pre-adolescentes que supone un magnífico broche de oro para este festival, sobre la que no me alargaré pues está ya comentada por Javier Rueda en su crónica del Terrormolins 2008 .

PALMARÉS 2008.
Llegados ya al Sábado 29, el festival ponía su fin con la lectura en rueda de prensa del Palmarés Oficial de esta 46 edición, con muy buenas sensaciones generales organizativamente y una sección oficial realmente estimulante que convirtió en dificil la papeleta del jurado internacional. Tras la lectura de varios premios menores, Jose Luis Cienfuegos daba a conocer finalmente los premios del Jurado Joven (aplaudido premio a "Waltz with Bashir"), y el de la crítica internacional. Y si el Palmarés fue polémico, lo fue ya antes de llegar al Jurado Internacional, ya que el FIPRESCI que no iba a parar a otra cinta que a "Una semana solos", un premio excesivo, desde luego, para un servidor.
Dichos estos, el director del festival daba la palabra a los miembros del Jurado Internacional (formado por los actores Alex Brendemuhl y Malena Alterio, los directores Hannes Stöhr y Julia Loktev, y el guionista y director artístico del BAFICI Sergio Wolf), cuyo veredicto dejó ciertas dudas entre los allí presentes aunque su lectura levantó también aplausos (e incluso el salto del productor de la cinta, allí presente). Pero la polémica, o insatisfacción, más que la propia elección, parecen ser sus motivos para dar el máximo galardón a Liverpool, aparentemente más cercanos al mundo de la mercadotecnia que al del cine ("era una cinta que tendría dificil llegar a los circuitos comerciales y creemos que debemos darle un empujón", fueron sus primeras palabras, pese a tener previsto estreno en España -en Febrero-). Cuando se les preguntó por motivos exclusivamente cinematográficos, todos ellos eludieron la pregunta y solo tras insistir recibimos tímidos argumentos de la boca de Malena Alterio ("una película arriesgada y sin concesiones").
Nadie duda, por supuesto, de las buenas intenciones de dar salida a títulos con escasa distribución. Lo que un servidor no puede evitar preguntarse es hasta qué punto eso debe ser lo primero a valorar por un Jurado Internacional. Sea como sea, el palmarés se repartió así:

JURADO INERNACIONAL
Premio "Principado de Asturias" a la mejor película: "Liverpool", de Lisandro Alonso.
Mejor Director: Sergey Dvortsevoy, por "Tulpan"
Mejor Actor: EX-AEQUO para Michael J. Smith y JimMyron Ross, por "Ballast"
Mejor Actriz: Tara Riggs, por "Ballast"
Mejor Guión: Sylvie Verheyde, por "Stella"
Premio "Gil Parrondo" a la mejor Dirección Artística: David Polonskey, por "Waltz with Bashir"
Premio Especial del Jurado: "35 Shots of Rum", de Claire Denis.

PREMIO FIPRESCI de la Crítica Internacional: "Una semana solos", de Celina Murga.

JURADO JOVEN: "Waltz with Bashir", de Ari Folman

 

David Brion

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