Van Gogh, a las puertas de la eternidad

Julian Schnabel 2018 Reino Unido

Siguiendo la estela dejada por la premiada “Loving Vincent” (2017, Dorota Kobiela y Hugh Welchman), llega otra obra con la intención de hacer justicia al pintor neerlandés.

Afortunadamente, estamos ante un acercamiento autoral que se aleja de las convenciones a las que Hollywood nos tiene acostumbradas. En “At eternity’s gate” seguimos, casi literalmente, a Vincent Van Gogh a lo largo de los últimos años de su vida. Durante la etapa en la que pasó de ser un artista ignorado a ser, también, una persona despreciada y tomada por loca.

Julian Schnabel decide que la cámara persiga a Vincent constantemente, tanto en sus pobres intentos de socializar como en sus momentos más privados, a solas, en paz. El desasosiego cuando se encuentra a cubierto y en público contrasta drásticamente cuando está al aire libre, fundido con la naturaleza. Es ahí donde Vincent encontraba la auténtica belleza que sólo parecía ver él. Mediante ello, e incluso a través de imágenes en primera persona y reiterados primeros planos tanto de él como de otros personajes, se logra una aproximación a lo que podría haber sentido Van Gogh, como artista incomprendido, en el siglo XIX.

Es de agradecer que Schnabel huya de recursos fáciles y efectistas con tal de provocar empatía. La estructura de “At eternity’s gate” se adapta a los sucesos reales, o de los cuales se tiene conocimiento, en lugar de adaptar éstos para lograr una película con tres actos, clímax y demás. Gracias a ello la narrativa fluye con naturalidad y algunos giros llegan a sorprender. Además, el uso, y casi abuso, de las voces en off está totalmente justificado e incrementa el estado personal y mental que el pintor, probablemente, vivió.

Todo esto se adereza con un reparto de personajes secundarios que retratan tanto el contexto como las diferentes opiniones y los juicios que se formaron hacia Van Gogh. Mads Mikkelsen, Oscar Isaac y Rupert Friend complementan la interpretación de un Willem Dafoe que, durante casi dos horas, parece ser el mismísimo Vincent (o la imagen colectiva que tenemos de él). Cada intérprete se mimetiza con su personaje y a través de sus miradas percibimos los diferentes juicios hacia el pintor.

“At eternity’s gate” es, probablemente, uno de los acercamientos más íntimos y respetuosos a la figura de Vincent Van Gogh. Una bella crónica de sus últimos días que deja una sensación de calma y paz, la cual deseamos que haya sentido el artista durante sus últimos días tras una vida de incomprensión y discriminación. Vincent no fue solamente un pintor amargado y torturado que llevó una vida trágica, también fue alguien a quien la belleza de la naturaleza le abrumaba y le aportaba la felicidad que nada ni nadie le pudo proporcionar.

Iban Granero del Río