Sitges'09 - Análisis del último fin de semana

Javier Rueda 12 October 2009

Esta edición ha terminado por todo lo alto y en estos últimos días nos ha ofrecido la oportunidad de ver las últimas obras de Gaspar Noé, George A. Romero o Terry Gilliam, además de descubrirnos films como Amer.

El jueves empezó fuerte con la nueva genialidad de Gaspar Noé, titulada Enter the Void y provocadora en su propuesta de relegar la narración a un segundo plano para ceder casi toda la importancia a las sensaciones que nos producen las imágenes mostradas, que conjugan su habitual virtuosismo en la puesta en escena con una fotografía tan impresionante como tratada digitalmente y una música a lo David Lynch que nos mete de lleno en el terreno de la experimentación sicodélica. Aún así no olvidemos que a Noé le gusta explicar historias y en última instancia si que la hay, aunque no deje de ser una excusa para hacernos participar en una de las experiencias más interesantes que se han vivido en la última decada en una sala de cine. Magistral, excesiva y abrumadora.

La maravilla del viernes fue Amer, de Hélène Cattet y Bruno Forzani, tour de force narrativo y visual que por méritos propios se erigió como una de las mejores películas del festival, quizás la mejor. De fuerte estilo "Giallo" y música reutlizada de otros clásicos del cine italiano de los 70, esta ópera prima sorprende por su magistral utilización del scope en su puesta en escena y una narración vertiginosa y a la vez suspendida a base de "montages" que transmiten de manera emocional y sensorial la propia sicologia y sensaciones de la protagonista absoluta del film. Otra virtud muy destacable es su preciosa fotografía en 35 milímetros, colorida y saturada al más puro estilo "old fashion". Puro caviar para cinéfilos.

El mismo viernes se pudo ver la esperada nueva entrega de la saga "zómbica" de George A. Romero, quien con Survival of the Dead empieza a demostrar que quizás la inspiración zombie le viene de su propia experiencia como artista al que inexoblemente se le esta secando el cerebro (quizás por ello se empeña cada vez más en evidenciar al extremo su defensa del zombie como víctima). Bromas a parte, el nuevo film de Romero es un completo desastre en comparación a sus anteriores títulos, si bien habrá quién destaque su reflexión crítica sobre la violencia inherente al ser humano mostrada con su habitual falta de sutilidad. Y es cierto que esta reflexión esta presente y que su plano final tiene cierta gracia reflexiva, pero no nos engañemos, el mismo discurso ya estaba presente en su seminal La Noche de los Muertos Vivientes y en todas sus secuelas, así que cada vez se hace más evidente la falta de frescura de las últimas entregas de esta saga (y eso que Land of the Dead era un muy buen filme).

Sin llegar a ser grandes películas, tanto Zombieland (Ruben Fleischer) como Solomon Kane (Michael J. Bassett) fueron dos producciones que gustaron mucho en el día del sábado. Zombieland destacó por su sentido del humor y por unos personajes que tienen suficiente carisma como para aguantar ellos solos el peso del relato, mención especial a la aparición estelar de Bill Murray haciendo de él mismo. Por su parte, Solomon Kane gustó por su honestidad a la hora de construir un relato clásico de espada y brujería, lleno de buenos momentos y escenas de acción bien resueltas, siendo la adaptación a cine de un personaje creado por Robert E. Howard, también escritor de las novelas de Conan.

Ese mismo día se pudo ver la esperada película de zombies la Horde, de Yannick Dahan y Benjamin Rocher, que prometía aportar la anual dosis de ultraviolencia francesa. Ciertamente cumplió las expectativas, no cabe duda, pues si se puede alabar algo de este film es la cantidad de sangre y zombies que muestra por metro cuadrado, añadiendo acción física y tiros por doquier, en una narración de ritmo endiablado que regala algunas imágenes muy sugestivas a nivel conceptual pero que pecan de estar justificadas de una manera un tanto forzada. En cualquier caso es cine fast-food de suficiente calidad genérica como para ser destacada.

El domingo fue el dia de El Imaginario del Doctor Parnassus, nueva película de Terry Gilliam que vuelve a demostrar su gran capacidad para crear mundos propios y ajenos en un relato que nos recuerda a su anterior Las Aventuras del Baron Munchausen pero en "versión reducida" (menos oscura, menos ambiciosa, menos recargada) pero igualmente mágica, sobrecogedora y onírica. Película demiúrgica sobre el acto de contar historias y envuelta en una trama fáustica de competición -inventada o real, da igual-, destaca por el magnífico uso que da Gillliam a los efectos digitales para conseguir recrear aquellos paisajes y animaciones que no puede conseguir de forma tradicional. También destaca el elenco de actores, en especial los tres intérpretes que tuvieron que sustituir a Heath Ledger después de la muerte de éste y que se esfuerzan por imitar su personal forma de actuar, nos referimos a Johnny Deep, Jude Law y Colin Farrell. No será la mejor película de Terry Gilliam pero es de lo mejor que se habrá visto en este año que acaba.

The Road, de John Hillcoat, fue la película con la que se clausuró el certamen. Protagonizada por Viggo Mortensen, quizás no cumplió con las altas expectativas generadas pero si que ofreció una más que aceptable ración de cine de calidad. Su historia, un viaje iniciático postapocalíptico por parte del hijo del personaje de Mortensen, viene secundada por la aparición de numerosos secundarios de lujo y cuenta en su haber con la magnífica fotografía de nuestro Javier Aguirresarobe y una música climática que acompaña muy bien la narración pausada e intimista del film. Muy recomendable aunque puede aburrir a más de uno.

Algunas decepciones fueron Accident (Soi Cheang) y Millenium 2 (Daniel Alfredson). La primera película, producida por Johnnie To, fracasa inicialmente en su intento de construir "accidentes provocados" que resulten espectaculares ya que acaban siendo irrisoriamente increibles y vuelve estúpidos a los personajes y las situaciones que viven; más tarde, en lo que narrativamente sería la segunda parte del film, el relato es una especie de La Conversación (F.F. Coppola) pero fracasa de nuevo en su intento de no desenmascarar si la consparanoia está justificada o no, por lo que en última instancia nos da bastante igual la resolución de la historia (de nuevo con una escena climática final bastante increíble en el peor de los sentidos). Por su parte, Millenium 2 es bastante inferior en calidad a la tampoco muy destacable primera parte, ya que tanto su historia como los giros de guión son mucho más limitados y además deja de lado a la mayoría de personajes secundarios e incluso a uno de los personajes principales. Por si fuera poco su resolución de la historia es demasiado atropellada y sin mucha gracia, así que mejor olvidarla.

En el apartado de las mediocridades apuntaría Cold Souls (Sophie Barthes) y Accidents Happen (Andrew Lancaster), la primera porque parte de una premisa a priori tan interesante como limitada para construir un relato repetitivo falto de intenciones; y la segunda por mezclar de manera desequilibrada la comedia negrísima con el drama puro en una historia que pese a tener ciertos gags graciosos cae de nuevo en la repetición aburrida y arrítmica del mismo esquema y encima remata en su resolución final con una moraleja insultante. Dos films totalmente prescindibles.

Por último, en el campo de las reposiciones, caben destacar varios títulos de imprescindible (re)visionado: Youth Without Youth, de Francis Ford Coppola, es una película impresionante, una verdadera joya de preciosa factura técnica y maravillosa música, un verdadero torrente de emociones y sabor cinéfilo de historia tan marciana como hipnótica. En definitiva, sobran las palabras, una obra maestra, puro caviar cinéfilo;Cada Ver Es... (Ángel García del Val), bizarro documental "artie" que nos aproxima al personaje de Juan Espada , un hombre solitario lleno de ideas y comportamientos de los más inquietantes cuyo trabajo es preparar los cadáveres que sirven de práctica a los estudiantes de la facultad de medicina de Valencia. Con este argumento no es necesario decir nada más excepto avisar de lo explícito y macabro de las imágenes mostradas; y Ojos Sin Rostro (Georges Franju), obra maestra del terror firmada por uno de los fundadores de la Cinémathèque française y que sorprende por lo explícito de sus escenas más gore y por la potente iconografía del personaje de la chica con máscara, todo ello en blanco y negro.

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