crítica

Sitges'09 - Reseñas E-L

Sitges'09 - Reseñas E-L

Director

Javier Rueda

Intérpretes

Enter The Void, George A. Romero's Survival of the Dead, Ghostbusters, Giallo, Grace, Heartless, Human Centipede, Ip Man, Kinatay, La Celda 211, La Chica que Soñaba con una Cerilla y un Bidón de Gasolina, La Horde, La Huérfana y Le Derniers Jours Du Monde.

País

España

Género

Reseñas

Por Javier Rueda




· Enter The Void, de Gaspar Noé

El director de Irreversible vuelve a provocar con su visionaria lucidez en su cruzada en pos de transgredir aun más el lenguaje cinematográfico. En esta nueva propuesta, el director argentino relega la narración a un segundo plano para ceder casi toda la importancia a las sensaciones que nos producen las imágenes mostradas, que conjugan su habitual virtuosismo en la puesta en escena con una fotografía tan impresionante como tratada digitalmente, sin olvidar su música a lo David Lynch que nos mete de lleno en el terreno de la experimentación sicodélica. Aún así no olvidemos que a Noé le gusta explicar historias y en última instancia si que la hay, en concreto la traslación a imágenes del viaje pre-muerte descrito en el Libro Tibetano de los Muertos, aunque no deje de ser una excusa para hacernos participar en una de las experiencias más interesantes que se han vivido en la última decada en una sala de cine. Un tripi cinematográfico que no rehuye del sexo explícito ni de la violencia gráfica para llevarnos más allá del patio de butacas. Magistral, excesiva y abrumadora.



· George A. Romero's Survival of the Dead, de George A. Romero

Esperada nueva entrega de la saga "zómbie" de Romero que deja en evidencia a su director, pues el otrora artífice de la seminal La Noche de los Muertos Vivientes empieza a insinuar que quizás la inspiración zombie le viene de su propia experiencia como artista al que inexoblemente se le esta secando el cerebro (quizás por ello se empeña cada vez más en reivindicar hasta el extremo su defensa del zombie como víctima). Bromas a parte, el nuevo film de Romero es un completo desastre en comparación a sus anteriores títulos, en concreto por su funcional -por no decir mediocre- puesta en escena y por su narración tediosa apoyada en un retrato de personajes que carecen de entidad, si bien habrá quién destaque su reflexión crítica sobre la violencia inherente al ser humano mostrada con su habitual falta de sutilidad. Y es cierto que esta reflexión esta presente y que su plano final tiene cierta gracia reflexiva, pero no nos engañemos, el mismo discurso ya estaba presente en todas las partes de la saga, así que cada vez se hace más evidente la falta de frescura de las últimas entregas (y eso que Land of the Dead era un muy buen filme).



· Giallo, de Dario Argento (reseña de Gonzalo López)

Ni decepción ni sorpresa alguna ofrece la nueva película del que fuera el director más visionario de la historia. Simplemente se trata de una nueva metedura de pata que refuerza la opinión generalizada de que Dario Argento debería considerar seriamente retirarse tras 12 años sin dirigir algo a la altura de su talento. Un talento que solo aflora tímidamente en el primer flash-back y en la interesante pero desaprovechada idea de que un actor interprete los dos personajes clave de la película. Por desgracia esta última idea y su desganada ejecución es el principal motivo de burla de una película con un guión absurdo, una puesta en escena efectiva pero convencional y gris, un final irrisorio que hace pensar que se les acabó el dinero a mitad de rodaje y, sobre todo, unas surrealistas interpretaciones, entre las cuales se lleva la palma por delirante la del otrora interesante Adrien Brody. Mención especial en este sentido merece el segundo flash-back narrado por el actor neoyorquino. No es la peor película de la historia como se ha dicho; ojalá lo fuese, así como mínimo sería especial, pues es un telefilme de sobre mesa y eso define el mayor problema de la películas del nuevo Argento; su apellido, su estilo, su dirección, su obra, incluso sus locuras, todo lo que le rodea, antes era sinónimo de puro cine, ahora el cine y él no pueden estar más alejados. Van en direcciones opuestas.



· Grace, de Paul Solet

Muchas cosas se pueden decir sobre este film y todas ellas confirman la poca entidad y rigor de esta propuesta de género (supuestamente) de terror. Lo primero a destacar es que su historia es mínima y da la sensación de que bien podría haberse contado en un cortometraje, sentimiento fundado principalmente en lo eterno que resulta el planteamiento de la historia y lo poco variado -y estirado- que resulta su nudo, por no hablar de un desenlace que no funciona como tal y que prácticamente es un chiste. Su plana fotografía, sin ser un desastre, tampoco es que ayude mucho a luchar contra el tedio que provoca en el espectador esta película de escasos 85 minutos de duración. Otro punto en contra es que sus escenas de terror no funcionan como tales, ya que el relato siempre esta de parte de la madre protagonista, personaje que ejerce el terror en aras de protege a su hijo con quien a priori también empatiza el espectador. Además el gore es mínimo e inocuo, tanto como la tensión de esas escenas, por lo que ni siquiera existen esos grandes momentos de clímax que podrían justificar la propuesta. Por último, la mayor incógnita de todas es la gratuidad con la que el guión hace referencias a un discurso vegano disperso, innecesario e ininteligible, además de una clara indefinición de intenciones en su inclusión bien remarcada del elemento lésbico en la mayoria de personajes femeninos del film. 



· Heartless, de Philip Ridley

Vuelta al cine de este director de cierta repercusión en los 90 con una historia en la que conjuga diversos géneros tales como el drama familiar, el terror sicológico, la trama luciferina, la comedia o la típica historia de amor, todo ello sin mucho orden lógico y, lo que es peor, sin un final que justifique satisfactoriamente semejante desconcierto provocado en el espectador a esas alturas. Otro aspecto no del todo complaciente es que su ansia o excitación por volver a la dirección cinematográfica probablemente sea la culpable de que en determinados momentos intente llevar a cabo algunas soluciones visuales que resultan desacertadas, restando éstas protagonismo a otras muchas que, sin despuntar, si que consiguen lo que se proponían. Lo que si consigue el film por completo es hacernos mantener el interés por la historia, pues la extrañez de la misma y su accidentado desarrollo nos invitan a preguntarnos como será la hipotética resolución de dicha trama, final en el que a priori debería justificarse semejante incoherencia rítmica y argumental y que a todas luces no convence. Obra fallida.



· Ip Man, de Wilson Yip (Yip Wai-shun)

Maravillosa película de artes marciales que opta por filmar de manera clásica las escenas de acción, consiguiendo así que degustemos las espléndidas coreografía ideadas por el reconocido especialista Sammo Hung y apreciemos las magnificas interpretaciones de actores de prestigio como Donnie Yen o Simon Yam. El film trata biográficamente la figura del maestro chino en artes marciales Ip Man, máximo exponente del estilo Wing Chun y maestro a la postre de otros maestros como Bruce Lee. La historia arranca años antes de la invasión japonesa y finaliza poco antes de que estos fueran echados del país, mostrándonos la vida de Ip Man y sus conciudadanos de Foshan, capital del Kung-Fu durante ese periodo. Ip Man es una producción muy cuidada y en su apartado técnico destacan una espléndida puesta en escena, una preciosa fotografía en formato scope a color y la sensacional música de Kenji Kawai. En definitiva, una obra maestra de su género.



· Kinatay, de Brillante Mendoza

Film filipino que nos propone descender a los infiernos de la sociedad moderna desde un prisma costumbrista, casi documental, que se apoya en una realista y oscura fotografía y en unas interpretaciones tan contenidas y bien dirigidas que parece que no haya ningún obstáculo entre los actores y el espectador. A este clima insano y sorprendentemente apocalíptico, al menos en lo que al fin de la inocencia se refiere, contribuye la espléndida música eléctronica que acompaña a casi todo el metraje y que, al igual que en determinados momentos del Apocalypse Now de Francis Ford Coppola, crea una atmósfera extraña e irreal que impacta por su contraposición con el realismo y la crudeza mostrados en las imágenes. El director acierta nuevamente de lleno en su intento de hacernos vivir la experiencia junto al protagonista de la misma, un inocente filipino que sin esperarlo se ve envuelto en una trama que le hace descubrir la cara oculta de la sociedad en la que vive y de las personas con las que se relaciona, ya que el espectador no solo empatiza con dicho personaje sino que por momentos vive la experiencia en primera persona. De ritmo pausado, casi suspendiendo el tiempo en ciertos momentos, la inmersión con la que Brillante Mendoza deleita al espectador se hace especialmente dolorosa en la esplicitez mostrada en sus momentos más sórdidos, en los que el director no se corta lo más mínimo.



· La Celda 211, de Daniel Monzón

Espléndida cuarta película del también crítico Daniel Monzón que, contando con la impresionante interpretación de Luís Tosar, consigue atraparnos en este relato de amistad y lealtad entre dos hombres que en un principio son personajs antagónicos; Monzón nos ofrece aquí un relato de puro género masculino. La historia, aunque en el fondo es lo de menos, arranca cuando se produce un motín en la cárcel en la que el protagonista de la historia está de visita como preámbulo a su incorporación al cuerpo de funcionarios de la misma, evento que le dejará atrapado en medio de la revuelta y que le obligará a hacerse pasar por un reo recién ingresado con tal de salvar el pellejo. Lo que no espera este personaje es conocer a un tipo con la integridad de Malamadre (Tosar) ni despertar una conciencia de clase que le lleve a reivindicar los mismos derechos que persiguen sus ahora compañeros de talego. Como decía al principio, lo más importante es la relación entre los dos personajes principales más que la historia narrada, ya que en muchos aspectos no es mas que un Mcguffin para desarrollar una trama de denuncia política que, según como se analice, puede pecar de simplona o efectista. Otra cosa que se podría achacar a esta historia es que la toma de conciencia del protagonista esta fundamentada en la venganza, hecho que resta fuerza a la trascendencia y profundidad del relato. Por último, también se podría apuntar como algo mejorable la idealización que el guión hace del personaje de Malamadre, ya que a veces se pierde un poco de vista su verdadera naturaleza delictiva e incluso peligrosa. Por lo demás, un magnífico ejercicio de género y probablemente una de las mejores producciones que el cine español ha dado en el último año.


·
La Chica que Soñaba con una Cerilla y un Bidón de Gasolina, de Daniel Alfredson

También llamada Millenium 2 y dirigida por el hermano de Thomas Alfredson (Déjame Entrar), esta película es bastante inferior en calidad a la tampoco muy destacable primera parte, titulada Los Hombres que No Amaban a las Mujeres, ya que tanto su historia como los giros de guión son mucho más limitados y además deja de lado a la mayoría de personajes secundarios; incluso muestra muy poco y con injustificada conveniencia a todo un protagonista de la saga como Mikael Blomqvist. También culpa del guión es la atropellada resolución de la historia, precedida por una situación climática totalmente inverosímil y fuera de todo rigor ni ganas de mantener el impostado realismo de la serie. Tan falto de interés anda el guión de esta secuela que tiene que echar mano de repetir o recordar ciertos pasajes de la primera entrega para intentar mantener el carisma e interés por el personaje de Lisbeth Salander, que en esta ocasión es la dueña absoluta de la función. Ante semejante despropósito el director no puede hacer gran cosa y se limita a desarrollar una puesta en escena funcional, en donde no hay nada que brille especialmente, como tampoco destacan su banda sonora ni su fotografía. En resumidas cuentas, nos encontramos ante un mal film que por desgracia funcionará en taquilla debido al tirón de la novela en la que se inspira.



· La Horde, de Yannick Dahan y Benjamin Rocher

Francia nos regala cada año con algún que otro film en el que se nos promete una buena dosis de violencia gratuita y no cabe duda que La Horde responde a ese perfil de obra, pues si algo se puede alabar de esta producción es la cantidad de sangre que muestra por fotograma. Añadiendo mucha acción física y tiros por doquier a la clásica historia del típico grupo de gente que, atrapados en un edificio, intentan escapar de la hecatombe zombie de turno, no falta en este esquema la mil veces visitada situación en la que dos personas o bandos antagónicos tendrán que ayudarse mutuamente para poder sobrevivir. Sorprende el prólogo por su innecesariedad, ya que una vez empieza la acción poco importa todo el desarrollo y profundidad que se le había dado a la coartada inicial de venganza sobre el que orbitan todos los personajes del relato. Lo mejor de todo es su narración de ritmo endiablado y la consecución de algunas imágenes muy sugestivas a nivel conceptual, aunque pecan de estar justificadas de una manera un tanto forzada. En resumidas cuentas, La Horde es cine fast-food pero de suficiente calidad genérica como para ser destacada entre tantas otras obras que de igual índole -y menores logros artísticos- se producen anualmente.



·
La Huérfana, de Jaume Collet-Serra

Espléndido relato de terror del esquema de "niña adoptada con problemas sicopáticos" cuyo único reproche es que no propone nada nuevo, ya que mantiene un muy buen nivel en todos los apartados pero le lastra el hecho de contar una historia mil veces vista y casi sin alicientes. En primer lugar la dirección del jóven realizador catalán es todo lo buena que este relato posibilita, ya que tanto el ritmo como la atmósfera están muy conseguidos, en especial el comienzo del film y todo el nudo de la historia, siendo la parte más floja la resolución final una vez desenmascarada la sorpresa argumental. También sobra  algún que otro susto de esos de poner el sonido a todo volumen. Sobre la "sorpresa" final, diremos que es de lo poco destacable del guión y que tampoco esta muy explotada, debido seguramente a la férrea moral que ha de prevalecer en todos los productos mainstream americanos y que en este caso era fácilmente violable a poco que se desarrollase esta idea con un poco de "mala leche". La fotografía esta al gran nivel que todas las producciones de este tipo tienen, aunque cabe destacar el personal tratamiento que el que se trabajan las zonas muy iluminadas al principio del relato. Por último, me gustaría destacar lo intrigante que resulta el personaje de la niña, en lo que es a todas luces un gran acierto de casting al que la película le debe un alto porcentaje de su efectividad. Otra buena película de terror palomitero.



· Le Derniers Jours Du Monde, de Jean-Marie & Arnaud Larrieu

Extraña historia en la que Mathieu Amalric asiste al fin del mundo con el estoicismo que solo puede tener un personaje que, como el, camina a la deriva. Su motivo: haber perdido a su amor y no encontarlo. Es por ello que empezará una cruzada a la búsqueda de su amada, un viaje en el que sorprendentemente se encontrará con nuevos y viejos conocidos y vivirá situaciones de los más surrealistas; y es que si el mundo se está acabando, parece que no todo el mundo se lo toma con la misma gravedad. Por lo visto este año se llevan los pastiches intergenéricos, ya que aquí nos encontramos con una sugestiva propuesta que mezcla sin despeinarse comedia -a veces muy negra-, drama y ciencia ficción con infinidad de toques de surrealismo, erotismo y sordidez, en una puesta en escena muy paisajística e incluso a veces de postal -como por ejemplo en el incomprensiblemente turístico segmento de los San Fermines de Pamplona-.

Otra cosa que atrapa mucho de esta película, más allá de su citada imprevisibilidad y riqueza bizarra, es su lirismo y discurso en clave poético sobre los sentimientos humanos, quizás algo facilón pero nunca gratuíto y que funciona muy bien en un contexto tan desolador como es el inminente ocaso de la Humanidad, final de todo lo conocido que es integrado en el relato como background emocional con una cotidianidad pasmosa. Quizás su mayor pega es que su extraño y patético ambiente pueden descolocar al espectador, ya que la historia es muy dispersa y nunca llega a centrarse en ningún tema, por lo que se corre el riesgo de que éste no llegue a empatizar en exceso con el protagonista. Aunque no sea un film redondo si que es una obra destacable y merecedora de ser vista.

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