Título original: SOOM
Una emblemática escultora al descubrir las infidelidades de su esposo acude a la prisión para seducir a un reo en el corredor de la muerte. Las particularidades a las que nos tiene acostumbrados este director están por doquier. El marido dominante, aunque títere a fin de cuentas; la enigmática y resuelta forma de actuar de la protagonista; y un personaje mudo, el criminal, que no puede hablar pues ha intentado reiteradamente suicidarse punzándose la garganta. La chica recrea la primavera, el verano y el otoño dedicándose a empapelar una habitación de la cárcel con motivos de cada estación y cantando una canción para cada ocasión. Progresivamente, y para disfrute del alcaide (lo ve todo a través de la cámara de vigilancia), va subiendo la tensión sexual en la habitación hasta que, por último, y sin aditivos, llega el invierno y con él, el sexo y la justicia para con su marido. Para darle más intríngulis a la historia, dentro de la celda se crea un ambiente cada vez más opresivo pues uno de los compañeros del condenado a muerte está enamorado de él y los celos le consumen.
Como siempre, es inevitable quedarse sin comentarios para un film con un argumento así, sin embargo, en esta ocasión no sacia del todo. Aunque parece ser complicado no es nada más que un enfado y una venganza. No hay mucha trascendencia en el mensaje. Asimismo, la interpretación del cónyuge es bastante floja y perjudica a la del resto. En resumen, una historia entretenida, con una producción elevada que se traduce en buena calidad pero falta de suficiente fuerza.