Con una utilización absoluta de la cámara al hombro y una fotografía más que realista la película parece un documental en el que el objetivo es uno personaje más de la historia. La naturalidad de los protagonistas, la cotidianidad de las situaciones y la calidad de la historia hacen de Foster Child una preciosa joya para el espectador. Es una excelente muestra de cómo la intención es traducida a imágenes sin más pretensiones. Sin ir más lejos, la película da comienzo con un extenso plano secuencia que no sólo presenta el “personaje” de Bianca (la agente de adopciones) sino también hace un recorrido por toda la zona de chabolas en las que vive –por el momento-John John (el chico que va a ser adoptado), creando inmediatamente un cuadro descriptivo del lugar.
En pocas palabras, el trocito de vida que es el presente film no cae en dramatismos exagerados ni intenta ser un panfleto reivindicativo. Si cuidas durante tres años a un bebé, sientes la separación de él como si de un hijo se tratara y los que adoptan niños son parejas extranjeras acomodadas.
Las cosas tal y como son.