Título original: TIANSHANG RENJIAN
Con un estilo natural debido a una fotografía realista, planos cercanos al personaje y una actuación más que aceptable, esta película nos cuenta el día a día de varios inmigrantes continentales. Cada uno de ellos viene a representar un tipo de añoranza. Desde el que transforma su pérdida de raíces en agresividad, pasando por el vendedor de porno que se encapricha de otra inmigrante china que se prostituye, hasta la que se conforma reinventando su pasado y escuchando música de su país de origen.
Hong Kong no se muestra como la gran ciudad de oportunidades, sino a caballo entre el desarraigo y la aceptación de la desesperanza. Hay pocas escenas durante el día y muchos interiores que completan un cuadro bastante gris; sin embargo, como en la vida misma, también aparecen situaciones con cierto toque de humor que evitan que nos invada la apatía.
Es curioso el mensaje final que se extrae del film, pues la única persona que vuelve a la gran China, es la joven prostituta, la cual protagoniza la escena final bailando en una discoteca a la que se le va la luz. Es decir, el inmigrante deja atrás la alegría, pero la carencia es un gran motivador.