Título original: YE CHE
Fotografía gris, personaje gris, historia gris, vida sin color. Nuestra protagonista trabaja como agente del tribunal de justicia chino, se encarga de las ejecuciones y está apuntada en una agencia matrimonial. Su existencia, como su oficio es fría, penosa y vacía. Se dedica a quitar justamente lo que no tiene y cuando por fin parece encontrar un atisbo de luz, acepta estoicamente su destino fatal y va a su encuentro.
En esta película, China, y concretamente su sistema judicial, es criticado duramente, representando a jueces y policías insensibles, capaces de pensar que la pena de muerte no se ha de tomar como la peor de las noticias para un preso; una manera muy sencilla de mantener las distancias y olvidar que tratan con personas. La protagonista misma oculta sus sentimientos y reniega de sus acciones, quema siempre los blancos guantes que usa para cada ejecución e intenta no estar demasiado cerca de nadie, pero no deja de lado el conformismo.
Muestra de ello es la escena en la que se ve representada por un caballo que es forzado a seguir un camino muy a su pesar y que tras toda la lucha que le es posible acaba por agotar toda esperanza.
Toda la película está diseñada para darnos esa sensación de hastío vital. La música es muy interesante al tiempo que oportuna, es triste y patética y se adecua a la perfección con las imágenes. Entre las localizaciones, lugares que se caen a trozos, fábricas y una presa que nos ahoga por su presencia misma. La fotografía, como ya hemos mencionada, está dominada por pálidos colores reforzados por el invierno contextual.
En resumen, un excelente trabajo interpretativo, técnico y argumental en un film arriesgado dada su procedencia pero indudablemente necesario. Trágica.