Título original: AI NO YOKAN
Al público del presente festival, que disfruta con la contemplación, la parquedad en diálogos y eternos planos fijos podría ver en este film la definición perfecta de cine asiático; el escollo se encuentra en que en el caso que nos ocupa las imágenes no son más que mil palabras.
La película comienza con planos fijos y frontales de los protagonistas, dos padres (uno de ellos el propio director del film) que comparten una tragedia: la hija de una mató a la hija del otro. Durante estos breves planos explican por encima lo ocurrido así como sus sentimientos, pérdida y dolor. A partir de aquí devienen las mismas secuencias una y otra vez durante más de una hora, representando el día a día de los dos implicados, sus costumbres y sus robóticas rutinas dentro y fuera del trabajo. Todo ello con una ausencia absoluta de banda sonora y diálogo. La parte final no varía más que en pequeños detalles hasta que los dos protagonistas acaban mirándose cara a cara mientras aparecen flashbacks del principio en un intento de hacer entender que se dan el perdón mutuo.
En resumen, bien podría tratarse de un cortometraje alargado hasta el hastío con planos repetitivos que a los 10 minutos ya te ha transmitido el pretendido mensaje, mientras que, tras una hora y tres cuartos, lo único que consigue esta película es que te apetezca comer arroz blanco con huevo crudo y salsa de soja.