Título original: GEOMEN TANGI SONYEO OI
Este es el invierno de nuestro descontento, bueno, del descontento de una pequeña niña que vive en un barrio minero cuya madre falleció, cuyo hermano tiene un retraso mental y cuyo padre acaba de perder su empleo. Éste, en un intento de traer dinero a casa, gasta sus ahorros en un negocio que acaba por salir mal y ya no levanta la cabeza de la botella de alcohol. La increible niña ha de enfrentarse a una cruel realidad demasiado pronto.
Una historia fria y cruda, filmada con una sencillez admirable. En general, se ha rodado usando planos tipo “ozu”, con la cámara a la altura de un tatami, combinados con amplios planos generales; una fotografía con colorores oscuros muy contrastados; y todo ello dentro de un contexo donde el negro predomina desde sus colinas de carbón aunque sus fronteras se han llenado de la nieve más blanca.
El presente film, rebosante de metáforas, es la pérdida de las ilusiones, de las mentiras y sobre todo, de la infancia. De sentir la alegria de una familia cantando una canción al unísono, a ver cómo la chica de no más de seis años, comprende que ha de poner a salvo a su hermano y envenenar a un padre, a una persona, que ha pasado de ser inútil a ser un peligro. De hecho, una de las escenas más bellas de la película es cuando, cual reivindicación por la pérdida de la inocencia, la niña dibuja con pisadas en la nieve una flor. Y es que no se retrata a una pequeña indefensa, todo lo contrario, una personita que es capaz de decidir no abandonar el infierno en el que se encuentra aunque no sepa el camino que su vida va a tomar.