Takahiro Iwasaki, Kouta Kusano
Our Brief Eternity es un diamante en bruto. Tal vez no en bruto, puesto
que su director, actor y guionista sabe muy bien lo que hace, y eso se
nota. Parte de una premisa digna de la ciencia ficción, y la aprovecha
inteligentemente para lo que él quiere, puesto que le otorga una
libertad argumental que utilizará a continuación, aunque jamás se base
en ella.
Un virus se ha extendido velozmente por todo el mundo. Su efecto, los
infectados pierden sus recuerdos más valiosos. Además del caos evidente
que esto provoca, hay efectos más temibles si cabe, y es que los
enamorados olvidarán que lo están, y a sus parejas. Esto actuará de
barómetro de la sinceridad de las personas, de sus sentimientos, y de su
devoción auténtica o fingida. A su vez, los que han tenido su corazón
encerrado y entregado a una persona, podrán volver a partir de cero, con
todo lo que ello implica. No todas las personas se infectarán, motivo
de más para que reine el caos social... y sobretodo emocional.
Esta premisa, digna de una inconmensurable historia romántica, sirve a
Takuya Fukushima, su virtuoso ideólogo, para desarrollar a la vez
historias de amor y de desamor, de frustración y de descubrimiento de
uno mismo, de sinceridad y de riesgo. Aderezado todo con un gusto
exquisito para la composición de los planos y una absorbente banda
sonora, esta pequeña obra se convierte en una película enorme, una
historia preciosa a la vez que temible, y un encumbramiento de un
director que, con su segunda película, ha rozado la gloria.