Rüdiger Vogler, Verónica Forqué, Luis Barbero, Luis Ciges, Félix Dafauce, Ana Duato
La ficción y el documental se dan la mano para interrogarse sobre como el montaje cinematográfico es capaz de analizar y (sobre todo) construir el pasado y el presente.
La trama gira en torno a un cineasta alemán que, con motivo del 50 aniversario de la Guerra Civil, llega a Madrid para elaborar un documental sobre la contienda. Su contacto con el material de archivo y con la realidad actual de esta gran urbe crearán tal desconcierto en el realizador que, replanteándose su propuesta inicial de puesta en escena, llegará a estas dos conclusiones: en primer lugar, solo entenderá el pasado si consigue entender el presente y, para ello, deberá impregnarse de todos los aspectos socioculturales de la realidad que lo rodea; en segundo lugar, debe descartar la obviedad, todo aquello que se desprenda a simple vista de lo mostrado, así como reprimir las formulaciones explícitas de sus propias dudas y nuevas certezas.
Hans -así se llama el protagonista- es en realidad el alter ego
de Patino y sus reflexiones son las propias del salmantino, autor siempre a la vanguardia del cine español que con este film empezó a formalizar de manera expresa algo que ya era notable en su filmografía anterior y que sería razón de ser de muchos de sus films posteriores; su rechazo de la obviedad, del cliché y del dogmatismo que lastran no solo a muchos documentales sino al cine de ficción que trate temas históricos o biográficos. "No sonrías en la foto", dice Hans.
En la película se hace una radiografía de Madrid en cuerpo y alma. Lo que late en lo profundo de su paisaje urbano y el devenir de sus gentes. Una ciudad definida como incoherente e inacabada, una suma de construcciones y gentes que conforman un modo de manifestarse. Lo "popular" está en sus fiestas, su arte, sus cultos y sus reivindicaciones. Mas Madrid no deja de ser el reflejo de cualquier comunidad y, consciente de ello, Patino reflexiona en términos universales -el tiempo, la muerte, el amor, el cine- y deja el localismo solo para la trama y los referentes culturales que sirven de ejemplo a su exposición.
Patino mira a través de Hans y este, a su vez, mira a través de su cámara y de las imágenes con las que cuenta -suyas o de archivo-, creándose un juego de espejos que permite sortear las barreras de la narración clásica y abordar la puesta en escena desde la libertad creativa, apoyándose en los diálogos tanto como en la música, los pensamientos en off y la sobreimpresión de textos. Toda esta riqueza, articulada gracias a un soberbio trabajo de montaje, da lugar a una película rota e inconexa -desde un punto de vista clásico-, que obliga al espectador a hacer el esfuerzo de reconstruirla, a entender las interconexiones apenas apuntadas en un relato que no tiene nada de lineal y que incluso se permite transgredir las reglas de una historia de amor que, a priori, parecía el único punto de apoyo.
Una de las películas de vanguardia más interesantes del cine español que nos alerta que "las imágenes no son ni verdad ni mentira, son un elemento de fascinación".