Oh Yeong-su, Kim Ki-duk, Kim Jung-yeong, Seo Jae-gyeong
Con las referencias que teníamos hasta ahora de Kim Ki-Duk, sin duda el más interesante cineasta coreano de nuestros días, poco podíamos esperar una obra como ésta. Y no por su calidad, enorme e incuestionable, sino por su temática y su forma de tratar las cosas.
En medio de las montañas se encuentra un lago en el que vive un monje anciano en un minúsculo monasterio flotante. Con él convive un joven aprendiz, de tan sólo cinco años de edad. Lo que a partir de ahora presenciaremos es el crecimiento del chico y su evolución mental y sentimental. La llegada de una chica al lugar despertará su apetito sexual, desconocido por él mismo hasta ahora, y más adelante su rebeldía le hará abandonar el lugar.
Narrada como un viaje iniciático que dura toda una vida, la cinta exhibe una gran sensibilidad, que no sentimentalismo, escenificada en cada una de las edades del aprendiz, que se corresponderán a su vez con las estaciones del año.
Majestuosidad visual y madurez interior en estado puro, este trabajo rompe los esquemas de su autor, abriéndole a su vez las puertas a un cine que, visto lo visto, va a agradecer mucho su llegadaa.