crítica

Sitges'09 - Reseñas M-S

Sitges'09 - Reseñas M-S

Director

Javier Rueda

Intérpretes

Metropia, Moon, Mr. Nobody, Ne Retourne Pas, Nucingen Haus, Nymph, Pandorum, Paranormal Activity, Pontypool, REC 2, Shadow, Solomon Kane, Son & Moon, Sorority Row y Splice.

País

España

Género

Reseñas

Por Javier Rueda





· Metropia, de Tarik Saleh

La animación sigue siendo un campo de pruebas para todos aquellos que creen que el lenguaje cinematográfico de la ficción ya no da más de sí, por lo que año tras año llegan nuevas propuestas en la que, por lo general, nos vuelven a contar una y otra vez lo mismo pero con la coartada de hacerlo con técnicas revolucionarias. Este es el caso de Metropia, historia con marcado acento Orwelliano cuya sencilla trama nunca alza el vuelo ni mucho menos capta la atención del espectador, en gran parte debido también a la limitada e incluso tosca variedad de planos y a unos personajes bastante inexpresivos. Claro que para algunos todo ello esta justificado por lo pionera que resulta la técnica de fotomontaje utilizada, argumento que a un servidor le parece irrisorio teniendo en la memoria a otros (verdaderos) artistas que si han hecho películas maravillosas de animación no tradicional. Como suele pasarme en estas ocasiones, la sensación que me queda después de la proyección es una especie de pena por la oportunidad perdida, ya que otro director y otro guionista habrían sacado mucho mayor partido de unos medios que, aunque embrionarios, pueden dar mucho más de sí, ya que la técnica siempre ha de estar supedidata a la intención de la obra pero nunca justificarla "per se".



· Moon, de Duncan Jones

El hijo de David Bowie nos sorprende en su primer largometraje con una genuina historia de ciencia ficción con sabor a clásicos de la década de los setenta. Lejos del nerviosismo y del espectáculo mal entendido que inunda al género en la actualidad, Duncan Jones nos regala un relato sencillo, pausado y meditado que bebe con convicción y humildad de un guión sobradamente inteligente. El texto dosifica gradualmente todos los clímax argumentales con tal de construir un relato de interés continuo, cuyo final no tiene más pretensiones que cerrar la historia de manera coherente y eficaz, a sabiendas de que la misma ya funciona por sí sola. Al buen sabor de boca que deja el film contribuye la sobria puesta en escena de Jones, apoyada en un diseño de producción donde el gusto y la economía de medios dan toda una lección de principios, los mismos que el director propone cuando, sin abusar de primeros planos, nos regala planos interiores de situación de esos que respiran por sí solos y que solo se pueden conseguir gracias al formato scope. A la espléndida atmósfera del film contribuye la destacable música del siempre interesante Clint Mansell y, para poner la guinda del pastel, solo queda destacar la sensacional interpretación que Sam Rockwell hace del (casi) único personaje humano del film. Lo que se diría un peliculón.



· Mr. Nobody, de Jaco van Dormael

Trece años después de su último film, este director berlga propone con Mr. Nobody que asistamos al torbellino que estalla en la mente del jóven protagonista cuando, ante la tesitura de tener que elegir el camino por el que seguir su vida, empieza a sopesar el futuro de todas las opciones que vislumbra. Con este simple planteamiento, van Dormael desarrolla un relato muy rico en situaciones y tramas genéricas tales como la comedia, el drama, el suspense, el terror e incluso la sci-fi más futurista, conjugando diferentes tiempos -pasado, presente y múltiples futuros- con habilidoso ritmo. Visualmente riega nuestras retinas con momentos deliciosos cuando no espectaculares, gracias a unos asombrosos efectos especiales, un diseño de producción muy cuidado e increíblemente variado en estilos y a una puesta en escena realmente virtuosa que incluye ciertas soluciones visuales instauradas por Aranofsky. Para más inri, su guión no se conforma con entretenernos, sino que de una manera sencilla nos habla de la vida con un porte filosófico lleno de humanismo, llevándonos a un estado permanente de "joie de vivre" que se mantiene incluso después de haber acabado la proyección. Por último, la plantilla de actores es espectacular, en donde destacan por meritos propios Diane Kruger, Sarah Polley e indudablemente Jared Leto. Si hay que decir algo malo sería que el propio planteamiento de la historia obliga a una cierta repetición del esquema narrativo, pudiendo parecer el film un poco largo.  En definitiva, Mr. Nobody sorprende por la absoluta libertad creativa con la que juega el director, sin tener complejos a la hora de adentrarse en diversos géneros puros y con un apartado visual, interpretativo y  sonoro simplemente apabullantes y que acentúan las "ganas de vivir" que desprende este film. La vida puede ser como el cine, maravillosa.



· Ne Retourne Pas, de Marina de Van

La directora francesa Marina de Van nos propone en Ne Retourne Pas un relato de temática sicológica en el que la protagonista, la correcta Sophie Marceau, comienza un buen día a tener dudas sobre su propia realidad cotidiana. Superados la confusión y el miedo iniciales, comenzará a pensar que en realidad es otra persona y poco a poco irá adquiriendo el recuerdo -y los rasgos- del personaje de Monica Bellucci. Es una lástima que esta sugestiva sinopsis no acabe resultando en un buen drama intimista y en un gran duelo interpretativo entre estas dos glamurosas estrellas del cine, ya que De Van se preocupa más por la puesta en escena que en salvar una trama a la postre predecible y, peor aún, insulsa, que comienza con una buena atmósfera de irrealidad y confusión pero que acaba volviéndose esclava de resolver un misterio demasiado anticipado. Para más inri la historia repite varias veces las mismas ideas y adolece de un final demasiado explicado, lo que repercute directamente en que el espectador acabe aburriéndose. Como decíamos, la directora cuida la puesta en escena y nos regala con algunas ideas visuales no excesivamente novedosas pero si poco vistas y bien resueltas, aunque a veces chirríen en contraposición a algunas escenas que, por simples, parecen descuidadas y que destacan por la mala utilización del formato cinemascope, la arbitrariedad de la sucesión de los planos y un abuso del primer plano. También destacamos los espléndidos trucajes de maquillaje y FX, pues acaban resultando lo más impactante del film. En definitiva, Ne Retourne Pas es un film fallido con buenas ideas mal explotadas y un absoluto desaprovechamiento de las dos estrellas protagonistas.



· Nucingen Haus, de Raúl Ruiz

Pocas veces uno se queda tan atónito en una sala de cine como me quedé yo viendo esta película, sobre todo después de que un simpático compañero del mundo de la crítica la anunciase como una nueva muestra del "cine de auteur" practicado por el célebre director chileno Raúl Ruiz. Pues bien, si este director firma su trabajo de ficción número 107 con este film tan tosco y falto de gracia será que pertenece al grupo de esos autores que, creyéndose poseedores de un estilo genuino cuando no genial, nunca se han molestado en aprender las reglas básicas de los géneros cinematográficos, no ya solo para poder romperlas a gusto sino para no hacer el completo ridículo cuando quieran ceñirse a ellas. Esto segundo es lo que nos encontramos en Nucingen Haus, un intento de adaptación de un relato de Balzac que destaca por un uso muy torpe de las constantes genéricas del terror,unas actuaciones que rozan la mediocridad y una calidad técnica muy baja que, sin culpar al formato DV en el que esta grabada, parece ser causada por una falta de experiencia en la utilización de este formato digital de baja resolución y profundidad (abundan las zonas "quemadas" por sobrexposición no deseada y en general se nota mucho la pixelación de la imagen, además de sorprender la gran cantidad de fallos de raccord fotográfico que encontramos). También es notable la pobreza de la puesta en escena, con una planificación falta de variedad en la que a duras penas veremos algo más que planos paisajísticos, medios y close-ups, muchos de ellos a lomos de una dolly que, bien por sencillez y/o por falta de talento, acaba moviéndose como un zombie, sin más ambición que no quedarse quieta por si se nota que no hay intención real de moverla con un propósito. Por si fuera poco, los FX y los maquillajes son de risa, sacados de algun especial televisivo de Halloween. Vergonzosa.



· Nymph, de Pen-ek Ratanaruang

Nueva película de este director tailandés de prestigio, caracterizado por el ritmo cadencioso de sus films y del que Nymph también es un claro ejemplo. Poética historia sobre la naturaleza del ser humano, en la que la selva sirve de metáfora sobre la parte menos corrupta del mismo y a la vez más salvaje, construida sobre un inicio que, a modo de mcGuffin, nos introduce de lleno en un sicológico mundo de ensoñación naturalista y reflexión intimista, apoyado en una fotografía oscura y poco contrastada que hace aun más suave -y soñado- el devenir de la historia. La puesta en escena de Pen-ek es bonita, sencilla y sensible, exactamente igual que la película que resulta de ello, si bien puede parecer algo pretenciosa una vez se ha visto el film, ya que hay una parte de las expectativas creadas que no se cumple. En cualquier caso es un film que merece ser visto.



· Pandorum, de Christian Alvart

Michael Andeson produce y apadrina este film de terror y aventura espacial que muy bien podría haber dirigido el, ya que esta cercano a su obra en lo que a temática y diseño de producción se refiere. Si una cosa no esta a la altura de Anderson es la calidad final del film, ya que pese a tener aspectos argumentales interesantes y un buen ritmo acaba fracasando en su intento de narrar dos subtramas en paralelo -una tiene mucho más desarrollo que la otra- y también a la hora de reservarse para el final una predecible y manida vuelta de tuerca que ni el gran Dennis Quaid consigue salvar. En cualquier caso no nos dejemos influir por los aspectos negativos citados anteriormente, ya que el film firmado por Christian Alvart no deja de ser una sencilla historia de ciencia ficción espacial que no pretende más que entretener, cosa que consigue gracias a un ritmo que no decae y a la diversión que proporciona la subtrama de aventuras. Hay que sumar que este film, plagado de referentes de películas clásicas de terror espacial, cuenta con un diseño de producción que destaca por no ser muy opulente -defecto demasiado habitual hoy en día- y con unos efectos de prótesis y digitales que cumplen a la perfección con su cometido. Recomendable para disfrutar en la sobremesa del domingo.



· Paranormal Activity, de Oren Peli

Nueva tomadura de pelo gestada con un marketing que, sin ser nuevo, ha vuelto a colocar a un film sin gracia ni virtudes cinematográficas en lo más alto de la taquilla estadounidense. Comparar este film con The Blair Witch Project es blasfemar, ya que todo lo que allí era saber crear una excelente atmósfera, jugando con las reglas del género desde una opción narrativa nueva y rompedora, aquí se convierte en la excusa que esconde y justifica la falta de talento y la vagancia en la puesta en escena. Si algo ofrece realmente este film son promesas incumplidas, ya que, por no dar, no da ni miedo, por más que habrá algún espectador que lo pasará ralmente mal ante un argumento que, pese a ser anecdótico y tramposo, cuenta como principal baza con la credulidad y el respeto que el público tiene por las historias de temática paranormal. Si hubiera que comparar este film con algo parecido entonces buscaríamos referentes en esa generación de youtube que, con ideas que muchas veces rozan el ser un mero chiste -literal o narrativo-, crean videos de duraciones inversamente proporcionales a su calidad. Así es el caso de Paranormal Activity, un film que pese a no ser largo requiere que lleguemos a su final para justificar todo su relato; que nos parezca suficiente o un timo dependerá del gusto y referentes de cada uno.



· Pontypool, de Bruce McDonald

La historia de este film canadiense nos situa en el primer día de trabajo de un curtido y algo anárquico locutor en la emisora de radio de un pequeño pueblo llamado Pontypool. La situación se volverá apocalíptica cuando un extraño virus empiece a volver violenta a toda la población de la citada localidad y nuestro protagonista tenga que hacerle frente para sobrevivir. ¿Os parece poco original? Bien, quizás se me ha olvidado añadir que toda la película sucede dentro de la emisora de radio y que todo, absolutamente todo, lo que sucede en el exterior es intuído y nunca mostrado en pantalla, en lo que sería el equivalente cinematográfico a la economía de medios y magistral pericia con la que Orson Welles orquestró su ya legendaría locución radiofónica de la Guerra de los Mundos. ¿Impresionados? Lo estaréis cuando veáis el film, una pequeña gran sorpresa realizada con muy pocos medios pero muchísimo gusto y amor por el cine de género al más puro estilo 80's. El milagro de Pontypool se basa en dos factores clave; el primero es contar con un guión portentoso que dosifica perfectamente todos los puntos álgidos de la trama y que hace de los diálogos, el fuera de campo y la elipsis recursos mucho más vibrantes y estremecedores que cualquier imagen que pudieran mostrar. En segundo lugar, destaca la magnífica caracterización que del protagonista hace Stephen McHattie, dotando al personaje de un magnetismo y un carisma sin los que hubiera sido imposible que este pudiese soportar sobre sus espaldas todo el peso de la trama, amén de su espléndida voz. En definitiva, Pontypool es una pequeña gran sorpresa que demuestra que al cine le gusta la gente imaginativa y con ganas de hacer cosas nuevas, una verdadera joya del cine independiente.

 


· [REC] 2, de Jaume Balagueró y Paco Plaza (reseña de Gonzalo López)

Desde su inicio, la secuela del taquillazo [REC], no da tregua al espectador y va directa al grano. Conscientes los directores de que poco importa presentar a unos personajes cuyas razones están motivadas por la misma acción y apoyados en un sólido reparto, la película se adentra en el ya famoso edificio de Barcelona para ofrecer una montaña rusa de sustos, gore, risas y guiños cómplices a diversos clásicos (“Pulp fiction”, “Aliens”, “La cosa”, “Demons”, etc). Con una estructura casi episódica, el guión retoma de manera inteligente los elementos sobrenaturales de la infección y los amplía para construir un clímax apocalíptico. Su mayor defecto pueden ser los diversos agujeros de guión, provocados por el hecho de que personajes e ideas se abandonan en beneficio del terror y la acción. Por otra parte es posible que los directores sean conscientes de dichos agujeros y que estos no sean más que balas en la recámara para una futura tercera entrega de la saga, de la cual está segunda parte supera a su predecesora al exagerar y ampliar todos los elementos que convirtieron a la original en un pequeño clásico moderno.



· Shadow, de Federico Zampaglione (reseña de Gonzalo López)

La segunda película del italiano Federico Zampaglione, peca de muchas cosas, de hecho me cuesta encontrarle alguna virtud. Quizás la única, sea la simpatía que puede despertar el mero hecho de ver una película de terror italiana estos días. La crisis que atraviesa el cine de terror italiano parece ser casi la única razón de ser de este subproducto. Y con ello me refiero al acercamiento “serio” que propone Zamplaglione; donde el director se aleja tanto del gore como de la estética característica del terror italiano para proponer una historia que se mueve entre el torture porn sugerido y un episodio trasnochado de “Twilight zone” que incluye burdos apuntes “políticos” que desvelan torpemente su supuesta sorpresa final. Con un estilo contenido, pausado y pretendidamente autoral, la película nunca acaba de despegar y acaba convirtiéndose en un remedo fantástico de “Hostel” (2005) pero sin el sentido del humor, respeto por el género y desenfado con el que Eli Roth dotó a su segunda película.



· Solomon Kane, de Michael J. Bassett (reseña de Gonzalo López)

La tercera película del irregular Michael J. Basset se alza como su propuesta más lograda. Adaptando para el público de hoy en día el clásico ciclo de novelas de Robert E. Howard, Basset construye un hábil guión muy influido por la estructura impuesta por David S. Goyer en sus adaptaciones de personajes de comic y por la de su compatriota Martin Campbell en la magnífica “Casino Royale”. Es decir, nos encontramos ante una película sobre el origen de un héroe. Aun contando con numerosas referencias (Max Von Sydow, John Bloomfield, etc) a la mejor adaptación de Howard jamás realizada, “Conan el Barbaro”, Basset apuesta por un estilo propio alejándose del neoclasicismo épico de Milius, la espectacularidad de Peter Jackson o el fascinante esteticismo de John Boorman, para ofrecer una narración marcada por un realismo fantástico, donde la barbarie se mezcla con la magia. La Inglaterra oscura, sucia y gris que muestra no se verá iluminada por la aparición de un héroe católico si no más ensangrentada aun en la cruzada que Kane emprende para buscar a una adolescente y a si mismo en un épico viaje lleno de acción, fantasía, magia y redención. Contando con una brillante interpretación de James Purefoy (de la serie “Roma”, de nuevo Milius), “Solomon Kane” es puro espectáculo inteligente ajeno a las modas y difícil de desagradar a alguien.



· Son & Moon, de Manuel Huerga

El otrora director de Salvador firma aquí un documental sobre el astronauta americano de raíces españolas Michael Lopez-Alegría, un trabajo que pretende mostrarnos sus entrenamientos en la Tierra, su trabajo en la estación espacial ISS y sus relaciones afectivas a través de la videoconferencia, centrándose este último aspecto en su mujer e hijo y haciendo especial hincapié en las dificultades que tiene para mantener a distancia su papel como padre. Si bien todo lo dicho anteriormente parece a priori suficientemente interesante como para justificar un documental, la repetición algo simplista de los temas hace que, a lo largo del metraje, vayamos echando en falta el tratamiento de otras facetas humanas del protagonista, tanto afectivas como sobre todo existenciales. Visualmente cabe destacar la casi nula existencia de imágenes espaciales que resulten espectaculares por su belleza o extraordinariedad. De hecho, las pocas tomas que hay de paisaje orbital parecen grabadas a baja calidad e incluso ser simulaciones animadas, quedando sepultadas por el abundate metraje dedicado a las citadas grabaciones privadas de videoconferencias, por lo general de pésima calidad. Por otra parte, tan seguro esta Manuel Huerga del interés de lo documentado que ni siquiera recurre a la coartada científica para explicar al detalle ciertas cuestiones aeroespaciales o incluso recrear de manera épica momentos tan impactantes como podría ser, por ejemplo, el despegue de un cohete tripulado. Para acabar, destacar otros dos puntos débiles; el primero tiene que ver con la algo descompesada estructura episódica del documental, en donde la entidad, duración e interés de cada apartado es arbitraria. El segundo aspecto negativo a reseñar sería la ambigüedad del discurso individualista del que hace apología Huerga en demasiados momentos, más cercana al sensacionalismo del ideario yanqui que no a la reflexión humanista que esperábamos.



· Sorority Row, de Stewart Hendler (reseña de Gonzalo López)

Nuevo remake de un clásico de los 80, en este caso de “Siete mujeres atrapadas” (1983), donde se dan cita los lugares comunes, la asepsia narrativa, la inverosimilitud, la desgana fílmica, la falta de respeto al espectador, la ausencia de ritmo, la carencia de guión y donde todo resulta tan falso como el trucado y torpe plano secuencia que abre la película. La historia carece de interés, los motivos de los personajes son desconocidos o absurdos en el caso del asesino. Solo cuando empiezan a desfilar los créditos puedes encontrar sentido al hecho de ver esta película y ese es: olvidarla lo antes posible.



· Splice, de Vincenzo Natali

El director que ya nos sorprendiera con Cube vuelve a deleitarnos que Splice, un espléndido film de ciencia ficción fantástica que, jugando con el mito de Franskentein como base, nos propone una reflexión sobre temas como la ética científica, las relaciones de pareja, el capitalismo en la ciencia moderna e incluso la moral sexual de nuestros días, todo ello aderezado con un ligero barniz de suspense muy bien utilizado gracias a pervertir varios clichés del género de terror. En su apartado técnico, destaca la genial utilización que hace el director en su puesta en escena de tan pocas y reducidas localizaciones, además de los realmente buenos maquillajes, prótesis y animatrónicos creados por dos maestros como Greg Nicotero y Howard Berger. En cuanto a sus intérpretes, Adrien Brody cumple y quien destaca es Sarah Polley, quien parece que está en su mejor momento a tenor de sus últimos trabajos que ha realizado para cine. En el apartado de los reproches, si algo se le puede achacar al film es que en su parte final decanta la historia hacia el terror, volviéndose previsible y falta de interés, sobre todo en comparación con lo que podía haber dado de sí todo el contenido afectivo y sexual que se habia desarrollado hasta ese punto a lo largo del metraje, en donde cabía expandir aun más la amoralidad del triángulo afectivo y la perversidad de la criatura diseñada. En cualquier caso, es una muy buena película de ciencia ficción fantástica con suficientes elementos de interés como para hacerse un hueco en la memoria del espectador.

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