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Análisis en el ecuador del festival

Análisis en el ecuador del festival

Esta semana prometía sensaciones fuertes y damos fe de que en sus primeros tres días ya se han dado. Moon convence a todos mientras que Bad Lieutenant y Tetsuo III dividen a la crítica.

Por Javier Rueda


La edición 42 del festival no podía empezar mejor la semana ya que este lunes vimos films de lo más dispar pero con la calidad como denominador común.


Empezó el día con Mr Nobody, de Jaco Van Dormael, relato de fantasía con ciertos toques filosóficos plagado de asombrosos efectos visuales, puesta en escena virtuosa y un diseño de producción impactante. Con un guión con cierto regusto al mejor Kaufman y ciertas soluciones visuales instauradas por Aranofsky, lo que más sorprende de este film es la absoluta libertad creativa con la que juega el director, sin tener complejos a la hora de adentrarse en diversos géneros puros (comedia, terror, sci-fi, drama) y con una banda sonora que acentua la "joie de vivre" que desprende el film.


Acto seguido disfrutamos de todo un maestro como Werner Herzoq en su supuesto remake del teniente Corrupto. En esta película protagonizada por Nicolas Cage, Herzoq construye de nuevo una brutal burla sobre la sociedad americana, concretamente sobre la propensión que el cine de autor de ese país tiene hacía la construcción de antihéroes autodestructivos que buscan la redención de una manera muchas veces naif y que fundamentan su existencía en un ingenuo nihilismo camuflado de existencialismo religioso. De lo mejor que se ha visto en el festival y con un Cage absolutamente pasado de vueltas y secundado por esquizofrénicas visiones animales. Imprescindible.


Otra maravilla que pudimos ver el lunes fue Ip Man, de Wilson Yip, película de artes marciales filmada de manera clásica que trata la figura del maestro Ip Man, creador del estilo Wing Chun y maestro de maestros como Bruce Lee. El reparto cuenta con estrellas como Donnie Yen o Simon Yam y las coreografías están ideadas por Sammo Hung. A nivel técnico cabe destacar su espléndida puesta en escena, su fotografía y la música de Kenji Kawai. Una obra maestra de su género.


Ese mismo día también pudimos ver la entretenida The Descent 2, de Jon Harris, esperada secuela del film de Neil Marshall que no defrauda en su propuesta como sangrienta survival horror con monstruos; Metropia (Tarik Saleh), curiosa propuesta de animación cuyo guión no levanta el vuelo pero que capta el interés debido a su innovadora técnica de fotomontaje; y The Eclipse (Conor McPherson), producción irlandesa que cuenta una demasiado sencilla historia de amor trufada con algunos momentos sobrenaturales algo gratuitos y que si se salva es por su bonita banda sonora y la actuación del siempre espléndido Ciaran Hinds.


El martes empezamos el día viendo splice, de Vincenzo Natali, espléndido film de ciencia ficción fantástica que con el mito de Frankenstein como premisa acaba transitando temas como la ética científica, las relaciones de pareja e incluso la moral sexual. Cuenta con unas interpretaciones muy convincentes, en especial Sarah Polley, además de unos efectos de maquillaje soberbios obra de Greg Nicotero y Howard Berger. Si algo se le puede achacar es que en su parte final la historia se decanta por el terror y deja de lado todo el contenido afectivo y sexual que habia desarrollado a lo largo del metraje, ya que esa parte resultaba mucho más interesante y además podía haber llegado mucho más lejos según las premisas que se habían ido presentando. En cualquier caso, es una muy buena película de sci-fi fantástica.


Acto seguido vimos el nuevo y aclamado trabajo de Kathryn Bigelow, The Hurt Locker, relato sobre las andanzas de un desactivador de bombas que aterriza en Irak para suplir el puesto de un compañero de profesión que murió en acto de servicio. Si algo consigue este film es transmitir la tensión de esa profesión y en general el día a día de un soldado destacado en territorio hostil, en gran parte debido a que la directora pone la cámara como si de un documental se tratase, haciéndonos vivir la situación casi en primera persona, aunque siempre dejando claro que es una película. Por contra, debido a que el film no es a priori más que eso, Bigelow intenta dar cabida a otros temas tales como la crítica a la guerra, el relato de personajes en situaciones límite o la apologia/denuncia de antihéroes como el protagonista,pero esos intentos acaban siendo estériles por falta de interés real en ello. En cualquier caso es una película impactante y a ratos vibrante, a aunque también aburrida en otros lances y sobre todo mal rematada en su recta final.


Ese mismo día también vimos Son & Moon (Manuel Huerga), documental sobre el astronauta Michael Lopez-Alegría que nos explica sus entrenamientos en la Tierra, su trabajo en la estación espacial ISS y sus relaciones afectivas a través de la videoconferencia, si bien echamos en falta algo más de enjundia científica y humana y sobre todo imágenes espaciales más espectaculas y más bellas; Cargo (Ivan Engler & Ralph Etter), interesante space ópera con reminiscencias argumentales de Matrix, ritmo narrativo a lo Alien y soluciones visuales a lo 2001; Nucingen Haus (Raúl Ruiz), aburrida adaptación de una historia de Balzac que es incapaz de jugar con las convenciones del género sin caer en la ridiculez extrema, y Bronson (Nicolas Winding Refn), sobrevalorado film a mayor gloria del supuesto mayor delincuente carcelario de la historia del Reino Unido, repleto de violencia gratuita y ningún trasfondo social o político, es decir, bagatela camuflada de "cool" y estéril amoralidad que fracasa en todo aquello en lo que La Naranja Mecánica acertaba magistralmente.


El miércoles volvió a ser un gran día de cine, pues entre otras empezamos con Moon, de Duncan Jones, ciencia ficción espacial de guión muy inteligente que dosifica gradualmente todos los clímax argumentales para construir un relato de interés continuo y cuyo final no tiene más pretensiones que cerrar la historia de manera coherente a sabiendas de que la misma ya funciona por sí sola. Al buen sabor de boca que deja el film contribuye la sobria puesta en escena de Jones, contenida al mejor estilo 70's y con un ritmo excelente. También cabe mencionar la sensacional interpretación del (casi) único personaje humano del film, Sam Rockwell, además de la destacable música del siempre interesante Clint Mansell.


Más tarde Shinya Tsukamoto presentó Tetsuo: The Bullet Man para deleite de sus innumerables fans y de todo aficionado al cyberpunk y la Nueva Carne. Si bien no llega al nivel de calidad y originalidad de las dos primeras partes de la saga, la tercera entrega de Tetsuo resucita una forma de hacer cine que no solo su creador se ha molestado en reivindicar en los últimos años sino que sigue resultando tan interesante e impactante como antaño y atesora una calidad muy superior a la mayoría del cine de "auteur" que se aclama actualmente. Brutal y excesiva, nadie quedó indiferente antes esta transgresora propuesta y además de destacar la absoluta necesidad de que este tipo de cine siga produciéndose y llegue al mercado internacional cabe mencionar su genial montaje visual y sonoro y el magistral uso de sus artesanales efectos de maquillaje. Larga vida al maestro.


La última gran película que vimos ese día fue Kinatay, de Brillante Mendoza, descenso a los infiernos visto desde un prisma costumbrista, casi documental, apoyado en una oscura fotografía realista y una música que crea una atmósfera extraña e irreal que impacta por su contraposición con el realismo citado anteriormente. El director acierta de lleno en su intento de hacernos vivir la experiencia junto al protagonista de la misma, un inocente filipino que sin esperarlo se ve envuelto en una trama que le hace descubrir la cara oculta de la sociedad en la que vive y de las personas con las que se relaciona. De ritmo pausado, casi suspendiendo el tiempo en ciertos momentos, la inmersión con la que deleita al espectador se hace especialmente dolorosa en la esplicitez mostrada en sus momentos más sórdidos, en los que Mendoza no se corta lo más mínimo.


Por último, ese mismo día vimos dos films tan decepcionantes como Paranormal Activity (Oren Peli), tomadura de pelo camuflada de "cinéma verité" paranormal que no ofrece nada más que promesas incumplidas y muy poco cine; y Heartless (Philip Ridley), esperada vuelta al cine de este director de éxito en los 90 que con este pastiche intergenérico de soluciones visuales no siempre acertadas solo consigue hacernos mantener el interés a base de hacernos creer en vano que al final se justificará semejante incoherencia rítmica y argumental.


En definitiva, en estos siete días de festival ha quedado patente la salud de la que goza el género este año y nos hace esperar ansiosamente el visionado de las obras que marcarán estos días que quedan de certamen, a saber: Enter The Void, Survival of the Dead, la Horda, Zombieland, The Road y el Imaginario del Dr. Parnassus.

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