Articulo

Crónica íntegra del BAFF 2010

Crónica íntegra del BAFF 2010

Recopilación de las crónicas que os hemos ofrecido a lo largo de la realización del festival.

Por Sergi Marí



Inicio de festival


Primer día oficial de festival, y las ganas se respiran en el ambiente. Tras ofrecer cinco películas desde buena mañana, todas de anime y de entrada gratuita, el CCCB es el máximo punto de concurrencia de los aficionados al cine asiático. Como preveíamos, el festival está más que consolidado, y en esta primera jornada hay incluso cola para recoger la acreditación de prensa. Mucho público, en gran parte joven y adolescente, puebla las proyecciones del Hall y el Auditorio. Acabamos de empezar pero ya se percibe que el nuevo BAFF Anime va a ser un rotundo éxito.


Bong Jong-ho ofrece más de lo mismo aunque con la calidad habitual.

La primera película que vemos es la nueva cinta del venerado Bong Jong-ho, director de Memories of Murder y The Host, entre otras. Se nota que el público lo conoce, la entrada a la sala es considerable. Tras sus 128 minutos de duración nos posee una gran sensación de satisfacción, muy propicia para un dia inicial de festival, y que nos hace presagiar una edición digna de recordar. La película del realizador surcoreano sigue el estilo que le define, entremezclando drama y tramas complejas con una abundante vis cómica, dentro de una historia centrada en la investigación de un asesinato y la defensa de una madre contra la presunta culpabilidad de su único hijo.

Aunque la sensación que ofrece el film a su término es sobria y complaciente, para el que esto escribe la cinta peca de lo mismo que sus anteriores películas citadas. La parte cómica, que pretende darnos a conocer a los personajes de una forma desenfadada y cercana, es excesiva, llegando a ocupar el primer tercio del metraje, y no sabe contenerse con lo que cae en la ridiculez en diversos momentos. Sin embargo, tal y como avanzan los minutos el film logra un control del ritmo digno de mención, crece en sobriedad, y consigue elevar el nivel de algunas secuencias, especialmente la maravillosa última escena, a un punto en que el espectador queda totalmente embriagado por la maestría de sus creadores, mientras que la historia se hace cada vez más absorbente y capta por completo nuestra atención.

La doble moral con que se enfoca -conscientemente- el final se ve en este caso con buenos ojos por parte del público, al que no le costó identificarse de una forma visceral con los personajes de un modo u otro, y somos muchos los que pasamos un rato comentándolo desde el momento que se encendió la iluminación de la sala.


Johnnie To vuelve a la carga.

La siguiente película es también una cabeza de serie, como no puede ser de otra forma para alguien tan icónico en el cine oriental como Johnnie To. Su última producción estrenada, Vengeance, cumple con todo aquello a lo que el director hongkonés nos ha acostumbrado, planteando una historia de ajuste de cuentas entre un padre y los asesinos de su hija. Un hilo argumental que podría identificarse con el de la anterior cinta comentada, pero cuyo estilo no podría ser más distinto. Las acrobáticas peleas y tiroteos, los personajes estereotipados y un omnipresente sentido del honor son desde hace muchos años trazos definitorios del cine de To, al que se le nota una madurez como la que destila el personaje de Johnny Hallyday.

Sus habituales Anthony Wong y Lam Suet forman parte del séquito que acompaña al actor y cantante francés, en un film que goza de un efectivo guión de Wai Ka-Fai, codirector de la gran Fulltime Killer, que no deja un momento de respiro y consigue un ritmo que, al término de la película, esperamos que continúe en la próxima producción del dúo, Shares, a estrenar durante este 2010.

Valores seguros han protagonizado la jornada inaugural del festival, pero algunos cineastas desconocidos nos llaman la atención en la sección emergentes, a la que pronto acudiremos. Mañana más.


Domingo 2 de mayo

Iniciamos el día siendo fieles al nuevo BAFF Anime, que como ya dijimos está teniendo muy buena acogida. El emplazamiento es el hall del CCCB y la película proyectada es The Sky Crawlers, que se vio ya en Sitges 2008.


Oshii vuelve a la carga

Siendo del director Mamoru Oshii, creador de excelencias como la saga Ghost in the Shell y también de películas de acción real como Avalon o la esperada Assault Girls, Sky Crawlers empieza siendo una historia pausada, atípica, y de comprensión compleja para después, progresivamente, sumergirnos en una trama situada en un cierto mundo alternativo, donde grandes corporaciones controlan unas guerras en las que los combatientes a menudo son jóvenes que no pueden crecer.

De estética muy limpia, con una paleta de colores pálidos y sin estridencias, la película de Oshii discurre sinuosamente, pero no por ello sus dos horas acaban siendo de fácil digestión. Las batallas aéreas, con una técnica de animación impecable, amenizan un trasfondo existencialista que, aunque de calidad indiscutible, no acaba por complacer a todo el mundo.


Park Chan-ok se confirma como directora a seguir

A continuación volvemos a una cinta perteneciente a la sección oficial, Paju, segunda película de la directora Park Chan-ok, que ya acudió al BAFF en 2003 con su debut Jelousy Is My Middle Name. Esta vez nos cuenta la historia de Eun Mon, una joven que vive con su hermana mayor tras la muerte de sus padres. La relación con ésta y con su cuñado, compleja como pocas, más las idas y venidas que estos realizarán durante ocho largos años y en una época socialmente convulsa para la localidad en donde residen, son los pilares de un guión elegante, a la vez que profundo y comedido, dominado por el sentimiento de culpa de aquello que, aunque no ha sucedido, requiere una penitencia.

Con una gran factura y un compromiso por la contención encomiable, Paju consigue que afloren las sensibilidades sin caer jamás en sentimentalismos, y llevando con mano firme una historia que en poder de otros habría caído sin excepción en la sensiblería.


Chan-Wook no envejece

Terminamos la jornada con la película que Park Chan-Wook dirigió hace ahora diez años, la primera que le dio relevancia internacional antes de arrasar con la que fue Premio Especial del Jurado en Cannes 2004, Oldboy.

El film del que hablamos es Joint Security Area, y narra la historia de un doble asesinato y la posterior investigación del mismo en la frontera de las dos Coreas, zona conflictiva militar y políticamente por antonomasia. Mediante saltos en el tiempo y la contraposición de las posturas de cada uno de los dos países, encarnadas a través de los oficiales de cada ejército que ésta vez deverán trabajar juntos, Park Chan-Wook intenta propiciar un acercamiento a través del cine de las dos facciones de su país, rémora que arrastran desde su separación oficial tras la Segunda Guerra Mundial.

Con inconmensurable éxito en la fecha de su estreno en su país de origen, la película goza de una historia acertada que no cuesta identificar con las continuas tretas políticas, lideradas por la desconfianza de ambos bandos, que han definido el conflicto desde sus inicios y que se plasman aquí en forma de thriller, no falto de algunos toques de comedia, que no puede visionarse sin compararlo con la verdadera raíz del argumento del filme, que pronto veremos también estudiado en The Coast Guard, de Kim Ki-Duk.


Lunes 3 de mayo

Viva el cine digital! Eso es lo que a uno le vienen ganas de gritar después de ver Our Brief Eternity. Eso, y muchas cosas más, pero somos conscientes que propuestas tan arriesgadas y bellas como la presente no serían posibles sin la democratización del cine que este soporte ha propiciado.



 
Lunes lluvioso de mayo, diez de la noche, sillas algo incómodas. No parece el mejor panorama para presentar una película, y menos una tan desconocida como la que nos ocupa, pero eso no importó a los dos tercios de entrada que tuvo el hall del CCCB. El pase era gratuito, i la película no es para todo tipo de público. Sin embargo, la práctica totalidad del público se quedó hasta el final, incluso más allá de la rueda de preguntas que el director ofrecería tras la proyección.

Our Brief Eternity es un diamante en bruto. Tal vez no en bruto, puesto que su director, actor y guionista sabe muy bien lo que hace, y eso se nota. Parte de una premisa digna de la ciencia ficción, y la aprovecha inteligentemente para lo que él quiere, puesto que le otorga una libertad argumental que utilizará a continuación, aunque jamás se base en ella.

Un virus se ha extendido velozmente por todo el mundo. Su efecto, los infectados pierden sus recuerdos más valiosos. Además del caos evidente que esto provoca, hay efectos más temibles si cabe, y es que los enamorados olvidarán que lo están, y a sus parejas. Esto actuará de barómetro de la sinceridad de las personas, de sus sentimientos, y de su devoción auténtica o fingida. A su vez, los que han tenido su corazón encerrado y entregado a una persona, podrán volver a partir de cero, con todo lo que ello implica. No todas las personas se infectarán, motivo de más para que reine el caos social... y sobretodo emocional.

Esta premisa, digna de una inconmensurable historia romántica, sirve a Takuya Fukushima, su virtuoso ideólogo, para desarrollar a la vez historias de amor y de desamor, de frustración y de descubrimiento de uno mismo, de sinceridad y de riesgo. Aderezado todo con un gusto exquisito para la composición de los planos y una absorbente banda sonora, esta pequeña obra se convierte en una película enorme, una historia preciosa a la vez que temible, y un encumbramiento de un director que, con su segunda película, ha rozado la gloria.


Martes 4 de mayo

Tras la gratísima sorpresa de la noche del lunes, continuamos otro día más en el festival, empezando con una propuesta de la lejana Malasia. Ho Yuhang es uno de los muy pocos directores presentes por partida doble en esta edición del BAFF, pues participa como uno de los quince realizadores que han aportado sus cortos para 15 Malaysia, a la vez que nos trae su último largometraje, At The End Of Daybreak.

Basada en una noticia que el director vio en un telediario de su país, cuentala historia de Tuck Chai, un joven de 23 años que malvive con su madre, alcohólica y depresiva, y trabaja en un supermercado sin conocer la más mínima expresión de la responsabilidad. Mediante chat conoce a una chica de quince años, de clase alta y en pleno despertar sexual con la que mantiene relaciones, hasta que los padres de la joven descubren los anticonceptivos que está usando y acusan al protagonista de haberla violado.

A partir de aquí, la historia se retuerce hasta llegar a un final descorazonador y sorprendente, en el que la razón da paso al descontrol y que en su país de origen generó una gran controversia. El peso de la película lo lleva la actuación de los jóvenes con mucha corrección, retratando fielmente el ambiente y costumbres del país, mientras el director aprovecha también para denunciar los distintos rangos sociales y la doble moral que demuestran los personajes secundarios, olvidando cualquier principio y condicionada plenamente por la conveniencia de la situación.

En general, una buena película, con dos mitades bien diferenciadas, que aún sin ser redonda sirve como denuncia de las particularidades de la sociedad malaya, y por extensión del mundo entero.

La siguiente proyección en el Cine Rex es Parade, del hiperactivo Isao Yukisada (once películas en la última década le avalan). Podría verse como un retrato de la juventud japonesa actual, siendo una película coral con personajes diferenciados que busca la identificación con cada tipo de espectador.

De todas formas, Parade es una película simpática, con un sentido del humor muy oriental pero a la vez cercano, y que se guarda ciertos giros de guión que, aunque innecesarios, dan a su parte final un cariz que pocos esperaban. El argumento se centra en la interacción de cinco veinteañeros que comparten piso en Tokio, y cómo reservan parte de su intimidad aunque estén conviviendo día tras día.

La llegada de un nuevo inquilino inesperado provocará que, personaje a personaje, se vayan desvelando los secretos y sentimientos de cada uno, mezclando todo esto de forma desenfadada con la ristra de sangre que deja un desconocido asesino que está asolando su barrio.

Recomendada más como retrato social que por lo acertado de su historia, la teórica falta de pretensiones ayuda al film de Yukisada que, aunque no marque un hito con este film, acerca el mundo de la juventud nipona de una forma más asequible que Hou Hsiao-hsien o Hirokazu Koreeda.


Miércoles 8 de mayo

El miércoles llegamos al auditorio del CCCB, aquella sala más fantástica para la vista que para nuestras lumbares, doloridas por unas butacas nuevas pero no demasiado cómodas. Es el primer pase de I'm in trouble!, una película desenfadada, juvenil, amateur pero que augura un futuro prometedor a su director y guionista, el surcoreano So Sang-ming. Curtido en el mundo del cortometraje, este debut se caracteriza por ser una suerte de continuación de aquellos trabajos, en el que relata la vida de su joven protagonista, un joven veinteañero con objetivos en la vida pero sin rumbo definido, cuya trayectoria va dando bandazos sin que éste sepa (o quiera) controlarlos.

     

Tras la proyección, que gozó de momentos profundamente divertidos a la vez que de algún que otro altibajo de guión, el autor reconoció en la rueda de preguntas que el protagonista, un joven indeciso amante de la poesía e incapaz de comprometerse, está muy basado en su propia vida, utilizando la película como una especia de catarsis personal contada casi en primera persona. Tras varias respuestas en las que dio mucho peso a la crisis laboral y miedo al paro existente en su país, el público le otorgó su beneplácito al joven cineasta que a través de simpatía mezclada con humildad y rubor se acabaría ganando también sus votaciones.


Jueves 6 de mayo

Se cumple una semana de festival, y con ello llega el debut en la dirección de Itsuji Itao, celebérrimo humorista nipón que se hizo famoso hace ya más de veinte años. No obstante, no es una comedia lo que trae bajo el brazo, aunque sí que se le notan continuos momentos de ironía en todo su metraje.



Itao, a la vez director, guionista y actor en la cinta, es el protagonista de The King of Jailbreakers, película en la que cambia radicalmente de registro al no pronunciar una sola palabra durante sus 94 minutos de duración. El portentoso despliegue físico del cineasta, la expresión de su rostro, así como sus silencios y actitudes frente a cada suceso, son los que definen al protagonista absoluto del filme, cuyo origen nos será explicado a través de sucesivos flashbacks, aunque su misión vital no se nos dará a conocer hasta bien avanzada la historia.

La historia se centra en Masayuki Suzuki, estrella del escapismo. Encarcelado en decenas de prisiones de Japón, y habiéndose convertido en una leyenda viva de las fugas, el gobierno decide encerrarle en la cárcel de Confined Island, la de más alta seguridad de todo el país. Allí pondrá a prueba a sus carceleros, que usan métodos distintos a los del resto de centros penitenciarios, pero con un imprevisto objetivo personal.


Viernes 7 de mayo

El día comienza con un vencedor en Cannes. Raymond Red ganó la Palma de Oro en el año 2000 por su corto Anino, y casi diez años más tarde nos presenta Manila Skies, la que muchos consideran la versión filipina de "Un día de furia".

La película muestra las vicisitudes que sufre el protagonista, encarnado por el actor Raul Arellano, en su periplo urbano por Manila, en busca de trabajo y una vida mejor. Aún con estas reducidas aspiraciones, todas las puertas se le cierran, siendo víctima del sistema en sí mismo y de su acusada inefectividad. Agotado y desesperado, el personaje iniciará su particular cruzada contra la sociedad, la burocracia y la injusticia, llevándolo a un final histriónico como pocos.


Rodada en un formato digital que aporta credibilidad y verismo, la película logra transmitir el sentimiento de frustración que la embriaga, acentuado por los hechos que narra en su segunda mitad, y haciéndolos cercanos cuando recibimos la noticia de que el guión está basado en una historia real.

Continuamos con un relato en cierto modo similar, tanto en formas como en fondo, aunque con un sello mucho más personal. Se trata de Aurora, de Adolfo Alix Jr, un nuevo clásico en la filmografía filipina reciente. Siendo ya un habitual en las últimas ediciones del BAFF, con dos películas en cartel este año, y a la vez uno de los más prolíficos autores de los últimos tiempos (su media de tres películas al año lo refrenda) en directa competición con el también oriental Takashi Miike, el joven director de 32 años presenta con Aurora un filme con un estilo muy marcado, atemporal e identificable con la situación sociopolítica de multitud de regiones del planeta.


La voluptuosa Rosanna Roces,  protagonista de los picantes 'bomba films' de los años 90, es la protagonista del film, función que desempeña con mucha fuerza y seguridad, y poniendo cara a una trabajadora social de la jungla filipina que es secuestrada por facciones de la guerrilla musulmana local, dando pie a una batalla interpretativa con el soldado que encarna Sid Lucero de la que la actriz sale merecidamente victoriosa.

La historia, cruel y cercana a partes iguales, sirve a Alix para recrearse de forma virtuosa con los planos, poner la cámara en lugares inverosímiles y aprovechar toda la potencia que un paraje como el que retrata puede transmitir que, aún siendo sobrecargado, destila un sentimiento de soledad y pasividad que acabará haciendo mella en la escena cumbre de la película, a raíz de la cual esta película tiene prohibida a día de hoy la exhibición en su país de origen.


Sábado 8 de mayo


Kim Ki-duk es un habitual del festival. Nunca ha asistido en persona, pero los que llevamos años acudiendo no nos perdemos ninguna de sus proyecciones, a sabiendas de que es un valor seguro y que, aunque ya lo conozcamos de memoria, siempre consigue emocionar e implicar al espectador de una forma a menudo incómoda y dolorosa. Algunos dirán que somos algo masoquistas, y puede que sea verdad, pero las vivencias que nos mete en el cuerpo el cine de Kim Ki-duk son difíciles de olvidar, y a menudo tan viscerales como hermosas.

El día comienza para nosotros con una reposición, la película inmediatamente anterior a su glorificada Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera. Se trata de The Coast Guard, y aunque no se la reconoce como una de sus mejores (en lo que estoy de acuerdo), merece mucho la pena su visionado.

De una forma distinta a la utilizada por Park Chan-wook en Joint Security Area, pero con un mismo problema de fondo, Ki-duk analiza el conflicto norsurcoreano a través de los ojos de uno de sus protagonistas directos, un soldado cuya misión es vigilar la frontera e interceptar la incursión de posibles espías. Este compromiso para con su patria se convertirá en obsesión, agravada por el sentimiento de culpa cuando ejecute por error a un joven inocente.

Con un inicio bastante irregular, la película cada vez se toma más en serio y coge las riendas de la historia, concentrándose en la crisis interna del soldado y dejando de lado contextos espaciotemporales ya innecesarios para el razonamiento ideológico que transporta. El tercio final, alargado pero solemne y profundo, acaba de convencer al espectador de lo notable del filme, dejándole con ganas de experimentar la siguiente obra del autor, que con éste hace ya 3 años que no rueda.

Cambio de sala, nos vamos a nuestro amado/odiado auditorio del CCCB, para contemplar lo que se está convirtiendo en tónica del festival. En cada edición, una película colosal, primero en cuanto a metraje, pero también como obra audiovisual. El año pasado tuvimos el privilegio de contemplar Love Exposure, de Sion Sono. No hablaré de ella porque las palabras no alcanzarían, pero dudo equivocarme si digo que es lo mejor que he visto en todos los años que llevamos de BAFF, que ya son muchos. Redonda en todos los sentidos, osada como pocas, y con una sensación final de que sus 4 horas se te han hecho cortas. La que hemos visto hoy, Café Noir, no está a su altura, pero tampoco se le aleja demasiado.

Es complicado hablar de esta película. La calificaríamos mejor como experiencia, y no como historia narrada con medios audiovisuales. Cada uno la percibirá de una forma distinta, la interiorizará y conectará pasionalmente con ella, o saldrá de la sala. Creo que se nota que yo fui de los primeros.

El film está dividido básicamente en dos mitades, aunque podrían identificarse varias más. La primera, más 'coherente' y acorde con la narrativa clásica, describe la historia de amor secreto y relativamente inconfeso de una pareja que no puede serlo. La segunda, hecha ya con un espíritu experimental, de auténtico arte y ensayo, y alejada de cualquier complejo, es un regalo para los sentidos. Planos secuencia de más de veinte minutos con una sola acción, sin diálogo y mostrando una sola acción, y que a la vez entusiasmen al público, hay pocos. Escenas de danza que consiguen divertir y emocionar, monólogos eternos e inconexos que cautivan y dejan con ganas de más. Eso y más ofrecen sus 200 minutos que, visto lo visto, se hacen cortos.

Como dijimos, una auténtica vivencia, a la que uno tiene que prestarse sin tapujos ni prejuicios. Sin duda, de lo mejor que hemos podido contemplar en todo el festival.


Domingo 9 de mayo


Este festival llega a su fin, y qué mejor que celebrarlo con una buena y extensa dosis de cine. Cuatro películas nos disponemos a ver hoy, pertenecientes a Indonesia, Corea del Sur e India. Buena combinación para una despedida muy completa.

Empezamos a las cuatro en punto en el Aribau Club, donde nos espera la proyección de The Dreamer. Su nombre lo dice todo: dos jóvenes amigos luchan contra todo tipo de dificultades en la Indonesia de los 80 por conseguir su sueño, estudiar en la Sorbonne de París. Basada en los libros de Andrea Hirata, seguimos la trayectoria de estos chicos desde su tierna juventud hasta la edad adulta, contemplando como a pesar de las mil vicisitudes en las que se encuentran, nunca pierden la fé y el ánimo por conseguir aquello que anhelan.


Realizada con mucho oficio por el ya habitual del festival Riri Riza, su pulso consigue que este pseudo biopic mantenga el ritmo y, pese a algún episodio algo lánguido en interés, logre conformar una cinta muy completa, de envidiable factura técnica y que se hace con la empatía del espectador, quien conecta con los personajes gracias a su humildad demostrada en multitud de situaciones a la vez tan complicadas como simpáticas.



Nos trasladamos raudos al cine Rex para ver ahora Rough Cut. Surcoreana de 2008, esta película viene avalada por una frase que a todos llama la atención, "dirigida por el protegido de Kim Ki-duk". Entramos con la idea de ver algo similar a la cinematografía de su mentor, y en cambio nos encontramos con una cinta desacomplejada, cómica y muy efectiva, que cuenta cómo una estrella del cine de acción se queda sin potenciales compañeros de reparto a raíz de las lesiones que los anteriores han tenido al rodar con él, hasta que decide ofrecerle el papel a un yakuza que acaba de conocer. Tras negarse inicialmente, éste aceptará, pero imponiendo tan sólo una condición: ninguna de las peleas podrá ser fingida, todos los golpes dolerán de verdad. Sin alternativa, el actor aceptará, y es ahí cuando se iniciará una grotesca relación entre ambos que desembocará en la espeluznante batalla final, cuya instantánea ilustra estas líneas, rodada con absoluta exquisitez plástica y bellamente coreografiada, erigiéndose en uno de los momentos de referencia de toda la cinta. De gran éxito comercial en su país de origen, nos damos cuenta de que estamos ante una producción muy exportable, cuya química funciona, y de la que no nos extrañaría tener noticia de algún remake americano en próximas fechas.

Toca turno de volver a recorrer la Gran Vía de vuelta al Aribau Club, dentro del Asian Selection se proyecta el nuevo trabajo de Dev Benegal, director de English, August (1994) y Split Wide Open (2002). Su nueva producción es Road, Movie, y a un servidor ya le crea buenas sensaciones tan sólo con el título, siendo fan acérrimo de las películas de carretera. Parte de una historia sencilla, en la que Vishnu se presta a conducir el camión de su padre, un viejo armatoste armado con un proyector de cine, para llevarlo al otro lado del país a venderlo. A partir de aquí todo serán imprevistos, como no podía ser de otra forma, y nuevos personajes que se unirán al periplo de nuestro protagonista, cuya personalidad distante no gustará al principio pero irá abriéndose progresivamente, en buena parte por culpa de la extrema belleza de la gitana que recogerán por el camino.

Una vez más, y esto tiene que significar algo, técnicamente es una producción impecable y, aunque la historia no es demasiado compleja, no adolece tampoco de ello, haciendo al público partícipe de su sencillez y emotividad, hecho que le valió muy buena respuesta en las votaciones finales.

Inmejorable sabor de boca nos dejaba la cinta india para volver con un viejo conocido por estos lares, el infalible Bong Jonh-ho y su Memories of Murder, triunfadora hace ya siete años en festivales de todo el mundo. Nos cuenta la persecución de un asesino en serie en la campiña surcoreana, investigación que llevan a cabo dos policias que se ven forzados a colaborar. Sus distintos métodos chocarán una y otra vez, dando pie a multitud de situaciones inverosímiles, de un humor muy negro y escabroso, y sin aparente trascendencia en su vida cotidiana.

La película, elevada a los altares por el público internacional, adolece en su primera mitad de un tal vez excesivo flirteo con la comedia absurda, dejando algo de lado su interesante trama, como también le pasaba en parte a las siguientes películas del director, The Host y Mother. Aún así, rebasado este momento se erige en un thriller modélico, marcado por una incesante tensión y por una sucesión de hechos y personajes que identificamos con la sociedad coreana de la época que describe, hace veinte años, y con la descontrolada situación política que caracterizaba al país en aquellos tiempos.


Conclusión

Cada año decimos lo mismo, pero es que siempre es la verdad: el BAFF acaba de pasar su mejor edición. Creciendo en número de espectadores de forma espectacular, apuestas como el BAFF Anime han sido rotundamente exitosas, encabezadas por la proyección de One Piece que batió todos los récords de taquilla que se recuerdan, llenando tres pases hasta los topes. Además, la opción de abrirlo a la audiencia joven, con pases a mediodía y gratuitos, es muy acertada para ir dando ya a conocer un festival a un público que será el que lo sustente dentro de no muchos años.

Las secciones también han cumplido su cometido. La Sección Oficial ha puesto en el candelero unas cinematografías, la taiwanesa y la malaya, que no suelen ser habituales en las salas de nuestro país, dando cabida también a propuestas tan osadas como Aurora, mientras que el mainstream oriental se ha visto reflejado en la Asian Selection, sección ideal para iniciarse en este mundillo. A su vez, los pases de la nueva sección Emergents han dejado un sabor de boca mucho mejor de lo esperable, subiendo el nivel de anteriores ediciones, y dejando perlas como Our Brief Eternity que perdurarán en las retinas de los afortunados que la visionaron.

Más allá de los premios otorgados, para un servidor merecen mención más que especial dos películas principalmente, Our Brief Eternity y Café Noir. Propuestas arriesgadas ambas, poseen un virtuosismo al que no estamos acostumbrados, y ejemplifican que no son necesarios muchos medios para crear obras de inconmensurable belleza e historia deliciosa. Estas son las que se llevan el premio de ser las favoritas de este año para quien escribe estas líneas, cogiendo el relevo a la clamorosamente perfecta Love Exposure cuyo recuerdo imborrable no olvidaremos jamás.

Críticas y reseñas

  • Aurora

    dir: Adolfo Alix Jr

    reseña
  • Cafe Noir

    dir: Jung Sung-il

    reseña
  • Our Brief Eternity

    dir: Takuya Fukushima

    reseña
  • The Coast Guard

    dir: Ki-duk Kim

    reseña