Inicio de festival
Primer día oficial de festival, y las ganas se respiran en el ambiente.
Tras ofrecer cinco películas desde buena mañana, todas de anime y de
entrada gratuita, el CCCB es el máximo punto de concurrencia de los
aficionados al cine asiático. Como preveíamos, el festival está más que
consolidado, y en esta primera jornada hay incluso cola para recoger la
acreditación de prensa. Mucho público, en gran parte joven y
adolescente, puebla las proyecciones del Hall y el Auditorio. Acabamos
de empezar pero ya se percibe que el nuevo BAFF Anime va a ser un
rotundo éxito.
Bong Jong-ho ofrece más de lo mismo aunque con la calidad habitual.
La primera película que vemos es la nueva cinta del venerado Bong
Jong-ho, director de Memories of Murder y The Host, entre otras. Se nota
que el público lo conoce, la entrada a la sala es considerable. Tras
sus 128 minutos de duración nos posee una gran sensación de
satisfacción, muy propicia para un dia inicial de festival, y que nos
hace presagiar una edición digna de recordar. La película del realizador
surcoreano sigue el estilo que le define, entremezclando drama y tramas
complejas con una abundante vis cómica, dentro de una historia centrada
en la investigación de un asesinato y la defensa de una madre contra la
presunta culpabilidad de su único hijo.
Aunque la sensación que ofrece el film a su término es sobria y
complaciente, para el que esto escribe la cinta peca de lo mismo que sus
anteriores películas citadas. La parte cómica, que pretende darnos a
conocer a los personajes de una forma desenfadada y cercana, es
excesiva, llegando a ocupar el primer tercio del metraje, y no sabe
contenerse con lo que cae en la ridiculez en diversos momentos. Sin
embargo, tal y como avanzan los minutos el film logra un control del
ritmo digno de mención, crece en sobriedad, y consigue elevar el nivel
de algunas secuencias, especialmente la maravillosa última escena, a un
punto en que el espectador queda totalmente embriagado por la maestría
de sus creadores, mientras que la historia se hace cada vez más
absorbente y capta por completo nuestra atención.
La doble moral con que se enfoca -conscientemente- el final se ve en
este caso con buenos ojos por parte del público, al que no le costó
identificarse de una forma visceral con los personajes de un modo u
otro, y somos muchos los que pasamos un rato comentándolo desde el
momento que se encendió la iluminación de la sala.
Johnnie To vuelve a la carga.
La siguiente película es también una cabeza de serie, como no puede ser
de otra forma para alguien tan icónico en el cine oriental como Johnnie
To. Su última producción estrenada, Vengeance, cumple con todo aquello a
lo que el director hongkonés nos ha acostumbrado, planteando una
historia de ajuste de cuentas entre un padre y los asesinos de su hija.
Un hilo argumental que podría identificarse con el de la anterior cinta
comentada, pero cuyo estilo no podría ser más distinto. Las acrobáticas
peleas y tiroteos, los personajes estereotipados y un omnipresente
sentido del honor son desde hace muchos años trazos definitorios del
cine de To, al que se le nota una madurez como la que destila el
personaje de Johnny Hallyday.
Sus habituales Anthony Wong y Lam Suet forman parte del séquito que
acompaña al actor y cantante francés, en un film que goza de un efectivo
guión de Wai Ka-Fai, codirector de la gran Fulltime Killer, que no deja
un momento de respiro y consigue un ritmo que, al término de la
película, esperamos que continúe en la próxima producción del dúo,
Shares, a estrenar durante este 2010.
Valores seguros han protagonizado la jornada inaugural del festival,
pero algunos cineastas desconocidos nos llaman la atención en la sección
emergentes, a la que pronto acudiremos. Mañana más.
Domingo 2 de mayo
Iniciamos el día siendo fieles al nuevo BAFF Anime, que como ya dijimos
está teniendo muy buena acogida. El emplazamiento es el hall del CCCB y
la película proyectada es The Sky Crawlers, que se vio ya en Sitges
2008.
Oshii vuelve a la carga
Siendo del director Mamoru Oshii, creador de excelencias como la saga
Ghost in the Shell y también de películas de acción real como Avalon o
la esperada Assault Girls, Sky Crawlers empieza siendo una historia
pausada, atípica, y de comprensión compleja para después,
progresivamente, sumergirnos en una trama situada en un cierto mundo
alternativo, donde grandes corporaciones controlan unas guerras en las
que los combatientes a menudo son jóvenes que no pueden crecer.
De estética muy limpia, con una paleta de colores pálidos y sin
estridencias, la película de Oshii discurre sinuosamente, pero no por
ello sus dos horas acaban siendo de fácil digestión. Las batallas
aéreas, con una técnica de animación impecable, amenizan un trasfondo
existencialista que, aunque de calidad indiscutible, no acaba por
complacer a todo el mundo.
Park Chan-ok se confirma como directora a seguir
A continuación volvemos a una cinta perteneciente a la sección oficial,
Paju, segunda película de la directora Park Chan-ok, que ya acudió al
BAFF en 2003 con su debut Jelousy Is My Middle Name. Esta vez nos cuenta
la historia de Eun Mon, una joven que vive con su hermana mayor tras la
muerte de sus padres. La relación con ésta y con su cuñado, compleja
como pocas, más las idas y venidas que estos realizarán durante ocho
largos años y en una época socialmente convulsa para la localidad en
donde residen, son los pilares de un guión elegante, a la vez que
profundo y comedido, dominado por el sentimiento de culpa de aquello
que, aunque no ha sucedido, requiere una penitencia.
Con una gran factura y un compromiso por la contención encomiable, Paju
consigue que afloren las sensibilidades sin caer jamás en
sentimentalismos, y llevando con mano firme una historia que en poder de
otros habría caído sin excepción en la sensiblería.
Chan-Wook no envejece
Terminamos la jornada con la película que Park Chan-Wook dirigió hace
ahora diez años, la primera que le dio relevancia internacional antes de
arrasar con la que fue Premio Especial del Jurado en Cannes 2004,
Oldboy.
El film del que hablamos es Joint Security Area, y narra la historia de
un doble asesinato y la posterior investigación del mismo en la frontera
de las dos Coreas, zona conflictiva militar y políticamente por
antonomasia. Mediante saltos en el tiempo y la contraposición de las
posturas de cada uno de los dos países, encarnadas a través de los
oficiales de cada ejército que ésta vez deverán trabajar juntos, Park
Chan-Wook intenta propiciar un acercamiento a través del cine de las dos
facciones de su país, rémora que arrastran desde su separación oficial
tras la Segunda Guerra Mundial.
Con inconmensurable éxito en la fecha de su estreno en su país de
origen, la película goza de una historia acertada que no cuesta
identificar con las continuas tretas políticas, lideradas por la
desconfianza de ambos bandos, que han definido el conflicto desde sus
inicios y que se plasman aquí en forma de thriller, no falto de algunos
toques de comedia, que no puede visionarse sin compararlo con la
verdadera raíz del argumento del filme, que pronto veremos también
estudiado en The Coast Guard, de Kim Ki-Duk.
Lunes 3 de mayo
Viva el cine digital! Eso es lo que a uno le vienen ganas de gritar
después de ver Our Brief Eternity. Eso, y muchas cosas más, pero somos
conscientes que propuestas tan arriesgadas y bellas como la presente no
serían posibles sin la democratización del cine que este soporte ha
propiciado.
Lunes lluvioso de mayo, diez de la noche, sillas algo incómodas. No
parece el mejor panorama para presentar una película, y menos una tan
desconocida como la que nos ocupa, pero eso no importó a los dos tercios
de entrada que tuvo el hall del CCCB. El pase era gratuito, i la
película no es para todo tipo de público. Sin embargo, la práctica
totalidad del público se quedó hasta el final, incluso más allá de la
rueda de preguntas que el director ofrecería tras la proyección.
Our Brief Eternity es un diamante en bruto. Tal vez no en bruto, puesto
que su director, actor y guionista sabe muy bien lo que hace, y eso se
nota. Parte de una premisa digna de la ciencia ficción, y la aprovecha
inteligentemente para lo que él quiere, puesto que le otorga una
libertad argumental que utilizará a continuación, aunque jamás se base
en ella.
Un virus se ha extendido velozmente por todo el mundo. Su efecto, los
infectados pierden sus recuerdos más valiosos. Además del caos evidente
que esto provoca, hay efectos más temibles si cabe, y es que los
enamorados olvidarán que lo están, y a sus parejas. Esto actuará de
barómetro de la sinceridad de las personas, de sus sentimientos, y de su
devoción auténtica o fingida. A su vez, los que han tenido su corazón
encerrado y entregado a una persona, podrán volver a partir de cero, con
todo lo que ello implica. No todas las personas se infectarán, motivo
de más para que reine el caos social... y sobretodo emocional.
Esta premisa, digna de una inconmensurable historia romántica, sirve a
Takuya Fukushima, su virtuoso ideólogo, para desarrollar a la vez
historias de amor y de desamor, de frustración y de descubrimiento de
uno mismo, de sinceridad y de riesgo. Aderezado todo con un gusto
exquisito para la composición de los planos y una absorbente banda
sonora, esta pequeña obra se convierte en una película enorme, una
historia preciosa a la vez que temible, y un encumbramiento de un
director que, con su segunda película, ha rozado la gloria.
Martes 4 de mayo
Tras la gratísima sorpresa de la noche del lunes, continuamos otro
día más en el festival, empezando con una propuesta de la lejana
Malasia. Ho Yuhang es uno de los muy pocos directores presentes por
partida doble en esta edición del BAFF, pues participa como uno de los
quince realizadores que han aportado sus cortos para 15 Malaysia, a la
vez que nos trae su último largometraje, At The End Of Daybreak.
Basada en una noticia que el director vio en un telediario de su país,
cuentala historia de Tuck Chai, un joven de 23 años que malvive con su
madre, alcohólica y depresiva, y trabaja en un supermercado sin conocer
la más mínima expresión de la responsabilidad. Mediante chat conoce a
una chica de quince años, de clase alta y en pleno despertar sexual con
la que mantiene relaciones, hasta que los padres de la joven descubren
los anticonceptivos que está usando y acusan al protagonista de haberla
violado.
A partir de aquí, la historia se retuerce hasta llegar a un final
descorazonador y sorprendente, en el que la razón da paso al descontrol y
que en su país de origen generó una gran controversia. El peso de la
película lo lleva la actuación de los jóvenes con mucha corrección,
retratando fielmente el ambiente y costumbres del país, mientras el
director aprovecha también para denunciar los distintos rangos sociales y
la doble moral que demuestran los personajes secundarios, olvidando
cualquier principio y condicionada plenamente por la conveniencia de la
situación.
En general, una buena película, con dos mitades bien diferenciadas, que
aún sin ser redonda sirve como denuncia de las particularidades de la
sociedad malaya, y por extensión del mundo entero.
La siguiente proyección en el Cine Rex es Parade, del hiperactivo Isao
Yukisada (once películas en la última década le avalan). Podría verse
como un retrato de la juventud japonesa actual, siendo una película
coral con personajes diferenciados que busca la identificación con cada
tipo de espectador.
De todas formas, Parade es una película simpática, con un sentido del
humor muy oriental pero a la vez cercano, y que se guarda ciertos giros
de guión que, aunque innecesarios, dan a su parte final un cariz que
pocos esperaban. El argumento se centra en la interacción de cinco
veinteañeros que comparten piso en Tokio, y cómo reservan parte de su
intimidad aunque estén conviviendo día tras día.
La llegada de un nuevo inquilino inesperado provocará que, personaje a
personaje, se vayan desvelando los secretos y sentimientos de cada uno,
mezclando todo esto de forma desenfadada con la ristra de sangre que
deja un desconocido asesino que está asolando su barrio.
Recomendada más como retrato social que por lo acertado de su historia,
la teórica falta de pretensiones ayuda al film de Yukisada que, aunque
no marque un hito con este film, acerca el mundo de la juventud nipona
de una forma más asequible que Hou Hsiao-hsien o Hirokazu Koreeda.
Miércoles 8 de mayo
El miércoles llegamos al auditorio del CCCB, aquella sala más
fantástica para la vista que para nuestras lumbares, doloridas por unas
butacas nuevas pero no demasiado cómodas. Es el primer pase de I'm in
trouble!, una película desenfadada, juvenil, amateur pero que augura un
futuro prometedor a su director y guionista, el surcoreano So Sang-ming.
Curtido en el mundo del cortometraje, este debut se caracteriza por ser
una suerte de continuación de aquellos trabajos, en el que relata la
vida de su joven protagonista, un joven veinteañero con objetivos en la
vida pero sin rumbo definido, cuya trayectoria va dando bandazos sin que
éste sepa (o quiera) controlarlos.
Tras la proyección, que gozó de momentos profundamente divertidos a la
vez que de algún que otro altibajo de guión, el autor reconoció en la
rueda de preguntas que el protagonista, un joven indeciso amante de la
poesía e incapaz de comprometerse, está muy basado en su propia vida,
utilizando la película como una especia de catarsis personal contada
casi en primera persona. Tras varias respuestas en las que dio mucho
peso a la crisis laboral y miedo al paro existente en su país, el
público le otorgó su beneplácito al joven cineasta que a través de
simpatía mezclada con humildad y rubor se acabaría ganando también sus
votaciones.
Jueves 6 de mayo
Se cumple una semana de festival, y con ello llega el debut en la
dirección de Itsuji Itao, celebérrimo humorista nipón que se hizo famoso
hace ya más de veinte años. No obstante, no es una comedia lo que trae
bajo el brazo, aunque sí que se le notan continuos momentos de ironía en
todo su metraje.
Itao, a la vez director, guionista y actor en la cinta, es el
protagonista de The King of Jailbreakers, película en la que cambia
radicalmente de registro al no pronunciar una sola palabra durante sus
94 minutos de duración. El portentoso despliegue físico del cineasta, la
expresión de su rostro, así como sus silencios y actitudes frente a
cada suceso, son los que definen al protagonista absoluto del filme,
cuyo origen nos será explicado a través de sucesivos flashbacks, aunque
su misión vital no se nos dará a conocer hasta bien avanzada la
historia.
La historia se centra en Masayuki Suzuki, estrella del escapismo.
Encarcelado en decenas de prisiones de Japón, y habiéndose convertido en
una leyenda viva de las fugas, el gobierno decide encerrarle en la
cárcel de Confined Island, la de más alta seguridad de todo el país.
Allí pondrá a prueba a sus carceleros, que usan métodos distintos a los
del resto de centros penitenciarios, pero con un imprevisto objetivo
personal.
Viernes 7 de mayo
El día comienza con un vencedor en Cannes. Raymond Red ganó la Palma de
Oro en el año 2000 por su corto Anino, y casi diez años más tarde nos
presenta Manila Skies, la que muchos consideran la versión filipina de
"Un día de furia".
La película muestra las vicisitudes que sufre el protagonista, encarnado
por el actor Raul Arellano, en su periplo urbano por Manila, en busca
de trabajo y una vida mejor. Aún con estas reducidas aspiraciones, todas
las puertas se le cierran, siendo víctima del sistema en sí mismo y de
su acusada inefectividad. Agotado y desesperado, el personaje iniciará
su particular cruzada contra la sociedad, la burocracia y la injusticia,
llevándolo a un final histriónico como pocos.
Rodada en un formato digital que aporta credibilidad y verismo, la
película logra transmitir el sentimiento de frustración que la embriaga,
acentuado por los hechos que narra en su segunda mitad, y haciéndolos
cercanos cuando recibimos la noticia de que el guión está basado en una
historia real.
Continuamos con un relato en cierto modo similar, tanto en formas como
en fondo, aunque con un sello mucho más personal. Se trata de Aurora, de
Adolfo Alix Jr, un nuevo clásico en la filmografía filipina reciente.
Siendo ya un habitual en las últimas ediciones del BAFF, con dos
películas en cartel este año, y a la vez uno de los más prolíficos
autores de los últimos tiempos (su media de tres películas al año lo
refrenda) en directa competición con el también oriental Takashi Miike,
el joven director de 32 años presenta con Aurora un filme con un estilo
muy marcado, atemporal e identificable con la situación sociopolítica de
multitud de regiones del planeta.
La voluptuosa Rosanna Roces, protagonista de los picantes 'bomba films'
de los años 90, es la protagonista del film, función que desempeña con
mucha fuerza y seguridad, y poniendo cara a una trabajadora social de la
jungla filipina que es secuestrada por facciones de la guerrilla
musulmana local, dando pie a una batalla interpretativa con el soldado
que encarna Sid Lucero de la que la actriz sale merecidamente
victoriosa.
La historia, cruel y cercana a partes iguales, sirve a Alix para
recrearse de forma virtuosa con los planos, poner la cámara en lugares
inverosímiles y aprovechar toda la potencia que un paraje como el que
retrata puede transmitir que, aún siendo sobrecargado, destila un
sentimiento de soledad y pasividad que acabará haciendo mella en la
escena cumbre de la película, a raíz de la cual esta película tiene
prohibida a día de hoy la exhibición en su país de origen.
Sábado 8 de mayo
Kim Ki-duk es un habitual del festival. Nunca ha asistido en persona,
pero los que llevamos años acudiendo no nos perdemos ninguna de sus
proyecciones, a sabiendas de que es un valor seguro y que, aunque ya lo
conozcamos de memoria, siempre consigue emocionar e implicar al
espectador de una forma a menudo incómoda y dolorosa. Algunos dirán que
somos algo masoquistas, y puede que sea verdad, pero las vivencias que
nos mete en el cuerpo el cine de Kim Ki-duk son difíciles de olvidar, y a
menudo tan viscerales como hermosas.
El día comienza para nosotros con una reposición, la película
inmediatamente anterior a su glorificada Primavera, verano, otoño,
invierno... y primavera. Se trata de The Coast Guard, y aunque no se la
reconoce como una de sus mejores (en lo que estoy de acuerdo), merece
mucho la pena su visionado.
De una forma distinta a la utilizada por Park Chan-wook en Joint
Security Area, pero con un mismo problema de fondo, Ki-duk analiza el
conflicto norsurcoreano a través de los ojos de uno de sus protagonistas
directos, un soldado cuya misión es vigilar la frontera e interceptar
la incursión de posibles espías. Este compromiso para con su patria se
convertirá en obsesión, agravada por el sentimiento de culpa cuando
ejecute por error a un joven inocente.
Con un inicio bastante irregular, la película cada vez se toma más en
serio y coge las riendas de la historia, concentrándose en la crisis
interna del soldado y dejando de lado contextos espaciotemporales ya
innecesarios para el razonamiento ideológico que transporta. El tercio
final, alargado pero solemne y profundo, acaba de convencer al
espectador de lo notable del filme, dejándole con ganas de experimentar
la siguiente obra del autor, que con éste hace ya 3 años que no rueda.
Cambio de sala, nos vamos a nuestro amado/odiado auditorio del CCCB,
para contemplar lo que se está convirtiendo en tónica del festival. En
cada edición, una película colosal, primero en cuanto a metraje, pero
también como obra audiovisual. El año pasado tuvimos el privilegio de
contemplar Love Exposure, de Sion Sono. No hablaré de ella porque las
palabras no alcanzarían, pero dudo equivocarme si digo que es lo mejor
que he visto en todos los años que llevamos de BAFF, que ya son muchos.
Redonda en todos los sentidos, osada como pocas, y con una sensación
final de que sus 4 horas se te han hecho cortas. La que hemos visto hoy,
Café Noir, no está a su altura, pero tampoco se le aleja demasiado.
Es complicado hablar de esta película. La calificaríamos mejor como
experiencia, y no como historia narrada con medios audiovisuales. Cada
uno la percibirá de una forma distinta, la interiorizará y conectará
pasionalmente con ella, o saldrá de la sala. Creo que se nota que yo fui
de los primeros.
El film está dividido básicamente en dos mitades, aunque podrían
identificarse varias más. La primera, más 'coherente' y acorde con la
narrativa clásica, describe la historia de amor secreto y relativamente
inconfeso de una pareja que no puede serlo. La segunda, hecha ya con un
espíritu experimental, de auténtico arte y ensayo, y alejada de
cualquier complejo, es un regalo para los sentidos. Planos secuencia de
más de veinte minutos con una sola acción, sin diálogo y mostrando una
sola acción, y que a la vez entusiasmen al público, hay pocos. Escenas
de danza que consiguen divertir y emocionar, monólogos eternos e
inconexos que cautivan y dejan con ganas de más. Eso y más ofrecen sus
200 minutos que, visto lo visto, se hacen cortos.
Como dijimos, una auténtica vivencia, a la que uno tiene que prestarse
sin tapujos ni prejuicios. Sin duda, de lo mejor que hemos podido
contemplar en todo el festival.
Domingo 9 de mayo
Este festival llega a su fin, y qué mejor que celebrarlo con una buena y
extensa dosis de cine. Cuatro películas nos disponemos a ver hoy,
pertenecientes a Indonesia, Corea del Sur e India. Buena combinación
para una despedida muy completa.
Empezamos a las cuatro en punto en el Aribau Club, donde nos espera la
proyección de The Dreamer. Su nombre lo dice todo: dos jóvenes amigos
luchan contra todo tipo de dificultades en la Indonesia de los 80 por
conseguir su sueño, estudiar en la Sorbonne de París. Basada en los
libros de Andrea Hirata, seguimos la trayectoria de estos chicos desde
su tierna juventud hasta la edad adulta, contemplando como a pesar de
las mil vicisitudes en las que se encuentran, nunca pierden la fé y el
ánimo por conseguir aquello que anhelan.
Realizada con mucho oficio por el ya habitual del festival Riri Riza, su
pulso consigue que este pseudo biopic mantenga el ritmo y, pese a algún
episodio algo lánguido en interés, logre conformar una cinta muy
completa, de envidiable factura técnica y que se hace con la empatía del
espectador, quien conecta con los personajes gracias a su humildad
demostrada en multitud de situaciones a la vez tan complicadas como
simpáticas.
Nos trasladamos raudos al cine Rex para ver ahora Rough Cut. Surcoreana
de 2008, esta película viene avalada por una frase que a todos llama la
atención, "dirigida por el protegido de Kim Ki-duk". Entramos con la
idea de ver algo similar a la cinematografía de su mentor, y en cambio
nos encontramos con una cinta desacomplejada, cómica y muy efectiva, que
cuenta cómo una estrella del cine de acción se queda sin potenciales
compañeros de reparto a raíz de las lesiones que los anteriores han
tenido al rodar con él, hasta que decide ofrecerle el papel a un yakuza
que acaba de conocer. Tras negarse inicialmente, éste aceptará, pero
imponiendo tan sólo una condición: ninguna de las peleas podrá ser
fingida, todos los golpes dolerán de verdad. Sin alternativa, el actor
aceptará, y es ahí cuando se iniciará una grotesca relación entre ambos
que desembocará en la espeluznante batalla final, cuya instantánea
ilustra estas líneas, rodada con absoluta exquisitez plástica y
bellamente coreografiada, erigiéndose en uno de los momentos de
referencia de toda la cinta. De gran éxito comercial en su país de
origen, nos damos cuenta de que estamos ante una producción muy
exportable, cuya química funciona, y de la que no nos extrañaría tener
noticia de algún remake americano en próximas fechas.
Toca turno de volver a recorrer la Gran Vía de vuelta al Aribau Club,
dentro del Asian Selection se proyecta el nuevo trabajo de Dev Benegal,
director de English, August (1994) y Split Wide Open (2002). Su nueva
producción es Road, Movie, y a un servidor ya le crea buenas sensaciones
tan sólo con el título, siendo fan acérrimo de las películas de
carretera. Parte de una historia sencilla, en la que Vishnu se presta a
conducir el camión de su padre, un viejo armatoste armado con un
proyector de cine, para llevarlo al otro lado del país a venderlo. A
partir de aquí todo serán imprevistos, como no podía ser de otra forma, y
nuevos personajes que se unirán al periplo de nuestro protagonista,
cuya personalidad distante no gustará al principio pero irá abriéndose
progresivamente, en buena parte por culpa de la extrema belleza de la
gitana que recogerán por el camino.
Una vez más, y esto tiene que significar algo, técnicamente es una
producción impecable y, aunque la historia no es demasiado compleja, no
adolece tampoco de ello, haciendo al público partícipe de su sencillez y
emotividad, hecho que le valió muy buena respuesta en las votaciones
finales.
Inmejorable sabor de boca nos dejaba la cinta india para volver con un
viejo conocido por estos lares, el infalible Bong Jonh-ho y su Memories
of Murder, triunfadora hace ya siete años en festivales de todo el
mundo. Nos cuenta la persecución de un asesino en serie en la campiña
surcoreana, investigación que llevan a cabo dos policias que se ven
forzados a colaborar. Sus distintos métodos chocarán una y otra vez,
dando pie a multitud de situaciones inverosímiles, de un humor muy negro
y escabroso, y sin aparente trascendencia en su vida cotidiana.
La película, elevada a los altares por el público internacional, adolece
en su primera mitad de un tal vez excesivo flirteo con la comedia
absurda, dejando algo de lado su interesante trama, como también le
pasaba en parte a las siguientes películas del director, The Host y
Mother. Aún así, rebasado este momento se erige en un thriller modélico,
marcado por una incesante tensión y por una sucesión de hechos y
personajes que identificamos con la sociedad coreana de la época que
describe, hace veinte años, y con la descontrolada situación política
que caracterizaba al país en aquellos tiempos.
Conclusión
Cada año decimos lo mismo, pero es que siempre es la verdad: el BAFF
acaba de pasar su mejor edición. Creciendo en número de espectadores de
forma espectacular, apuestas como el BAFF Anime han sido rotundamente
exitosas, encabezadas por la proyección de One Piece que batió todos los
récords de taquilla que se recuerdan, llenando tres pases hasta los
topes. Además, la opción de abrirlo a la audiencia joven, con pases a
mediodía y gratuitos, es muy acertada para ir dando ya a conocer un
festival a un público que será el que lo sustente dentro de no muchos
años.
Las secciones también han cumplido su cometido. La Sección Oficial ha
puesto en el candelero unas cinematografías, la taiwanesa y la malaya,
que no suelen ser habituales en las salas de nuestro país, dando cabida
también a propuestas tan osadas como Aurora, mientras que el mainstream
oriental se ha visto reflejado en la Asian Selection, sección ideal para
iniciarse en este mundillo. A su vez, los pases de la nueva sección
Emergents han dejado un sabor de boca mucho mejor de lo esperable,
subiendo el nivel de anteriores ediciones, y dejando perlas como Our
Brief Eternity que perdurarán en las retinas de los afortunados que la
visionaron.
Más allá de los premios otorgados, para un servidor merecen mención más
que especial dos películas principalmente, Our Brief Eternity y Café
Noir. Propuestas arriesgadas ambas, poseen un virtuosismo al que no
estamos acostumbrados, y ejemplifican que no son necesarios muchos
medios para crear obras de inconmensurable belleza e historia deliciosa.
Estas son las que se llevan el premio de ser las favoritas de este año
para quien escribe estas líneas, cogiendo el relevo a la clamorosamente
perfecta Love Exposure cuyo recuerdo imborrable no olvidaremos jamás.