Cannes 2006. Día tras día, se suceden las más aclamadas películas del momento. Babel. El laberinto del fauno. Volver. La fastuosidad y el lujo invaden la ciudad italiana. Las estrellas acuden en masa, presentando sus últimos proyectos. Y sin embargo, entre Almodóvar, del Toro, Iñárritu, Loach; entre Brad Pitt, Kate Blanchett, Maribel Verdú, Sergi López, Penélope Cruz y demás, se abre camino una pequeña película, que quizá jamás llegue a los cines comerciales, que posiblemente sea enterrada muy pronto en el olvido, pero cuya presencia en el festival es una gran victoria de la libertad de expresión, una muestra del poder del cine para luchar contra la opresión, contra la dictadura que todavía frena (y de qué manera) la progresión del séptimo arte en un país con tanto potencial como es China.
La película en cuestión, dirigida por Ye Lou, se titula 'Summer Palace', y se ha convertido en una de las más esperadas, no por su calidad (tema que se tratará más adelante) sino por haber sido prohibida en China, y ser proyectada en Cannes sin el permiso del gobierno. Parece mentira que haya censura en el cine hoy en día, pero así es. Y es que el director, está expuesto, por su temeridad a no poder participar en ningún proyecto durante cinco años. ¿Y por qué? ¿Qué hay en esa película que sea tan trasgresor, una amenaza tan grande para el gobierno chino? Nada, de hecho.
La realidad es que la misma censura ha actuado como elemento de promoción, pues la película no hubiera tenido apenas repercusión mediática si no hubiera sido prohibida. Los temas de controversia, alguna escena de sexo y las protestas estudiantiles de 1989, que terminaron en masacre. Nada más duro de lo que mil películas nos han mostrado ya. Además, no es siquiera una buena película.
Un análisis detallado de la misma no la dejaría en muy buen lugar, pero gracias a la actuación de la censura, esto ya da igual. Qué manera más tonta de tirarse piedras sobre su propio tejado. Al final, claro, la sala llena, gente ansiosa por probar el fruto prohibido, qué será, qué indecencia ocultará esta película. Y al final, decepción.
La película llegó al Baff con su inseparable cartel de polémica, y por eso cosechó cierto éxito. La gente acudía, igual que en Cannes, por curiosidad. Sin embargo, su interés cinematográfico es más bien poco, pues no es más que un símbolo, el símbolo del intento de unos pocos cineastas por romper los grilletes que les impiden expresarse con libertad. Por eso debe ser alabada.
El cine chino poco a poco se va abriendo camino. Sobre todo gracias a su participación en estos certámenes, pero también con películas taquilleras, desde 'Kung Fu-Sion' hasta 'Héroe'. Se abre paso la denominada 'sexta generación', directores underground que consiguen esquivar, cada vez más, la censura. Con ideas atrevidas, con historias originales y, sobretodo, con mucha más valentía que los directores de occidente, se están haciendo, por méritos propios, con un hueco cada vez mayor, tanto en los certámenes como en las carteleras.
Esperemos que esta expansión signifique algún día una competencia seria para las producciones (sobre todo americanas) con mayor presupuesto, y que esto repercuta en un incremento de la calidad de las cintas. ¿Será así? De momento, sólo se puede alabar su gran valentía, esperemos que pronto se pueda alabar también su enorme calidad.
Una muestra del poder del cine para luchar contra la opresión y de la progresión que vive el séptimo arte en un país con tanto potencial como China.
El joven reportero recorre las calles de Barcelona mientras recuerda momentos fugaces de las películas que más le han gustado. Comprende, con una sonrisa, que jamás podrá dejar de amar el cine.