Siempre que uno se enfrenta a la tarea de escribir una crónica de este tipo acaba redescubriendo que, por más que lo intente, nunca conseguirá transmitir todas las emociones recibidas....
...lo que es toda una pena cuando se trata de comentar las excelencias que encierra una celebración como el Terrormolins, probablemente el festival de Cataluña con más solera y tradición (con permiso del Sitges Film Festival), y que con 23 ediciones a sus espaldas todavía sigue traspirando ese amor y esa dedicación por el cine que, año tras año, se han ido reforzando como su rasgo más característico.
La edición de este año, ya entrando en materia, volvió a apostar por las novedades, pues si en la anterior se anunciaba a bombo y platillo su alianza con el Sitges Film Festival, en esta las nuevas incorporaciones eran los concursos “relatos de terror” y “espacios de terror”, que se sumaron a la ya de por si suculenta oferta habitual, y en los que se podían presentar relatos de género o disposiciones espaciales afines al mismo.
En las 12 Horas de Terror, de nuevo contando con estrenos exclusivos, se proyectaron como tales Dead Birds, o como hacer una de terror ambientada en el lejano oeste, El Fantasma del Lago, film con aroma clásico pero que cae en lo predecible, y la decepcionante Malevolence, aburrida e incluso irrisoria en alguno de sus lances.
También prácticamente de estreno se pudieron ver la desternillante y autentico sleeper del año, Zombies Party, la muy estimable Llamada Perdida, y la reconocidísima Haute Tension, una de las mejores muestras de “bodycounter” de los últimos años.
Como broche a esta terrorífica velada, el festival contó con la presencia del gran Jesús Franco quien, con la ayuda de su rendido admirador Karra Elejalde, subió al escenario a recibir un sentido (y merecidísimo) homenaje, además de regalarnos alguna que otra palabra, lo que no es de desmerecer teniendo en cuenta lo débil que se encuentra el entrañable tío Jess a sus 74 años.
Para celebrar su presencia, el citado homenaje consistió en un número musical en directo que acompañaba un resumen proyectado de su prolífica carrera. Después de esto, se pudo ver su obra La Maldición de Frankenstein, buena muestra de su estilo y temáticas.
Al igual que otros años, las performances en directo no pararon aquí, pues si hay algo puramente genuino de Terrormolins son estas. Así, aunque este año la cosa no fue tan espectacular como de costumbre, cabe destacar el número en el que una muchacha del público fue elegida para degustar un sabroso plato de....ojos de buey!
En fin, ver para creer (o creer para ver, que ya se sabe con estas cosas...).
Otro evento que no faltó a su cita fue el concurso de cortometrajes, que al igual que en ediciones anteriores se disputó el viernes con un jurado compuesto por los directores de cine Jesús franco, Agustí Villaronga y Karra Elejalde, el guionista Joan Guitart, o los críticos cinematográficos Ramón Freixas, Ángel Sala y Antonio José Navarro.
Una selección de los mejores cortos se pudo ir viendo entre films durante toda la noche del sábado.
El ganador de esta edición fue Raúl Cerezo por "Escarnio", recayendo el segundo premio en Ezzio Avendaño por “Otro ladrillo en la pared”.
En resumidas cuentas, de nuevo hemos podido disfrutar del Terrormolins, un festival ineludible para todos los amantes del género que cada año mejora aún más en calidad, como quedó patente en esta edición con el excelente nivel de la muestra de cortometrajes realizada, la siempre emotiva presencia de alguna vieja gloria hispana del género, una selección de películas en general muy cuidada y de rabiosa actualidad, y el esforzado trabajo de todos los integrantes de la organización, ya sea para decorar el recinto o para realizar las performances...
Lo dicho, un absoluto placer que, no en vano, un servidor lleva sin perderse desde hace años. Imprescindible.