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Primer fin de semana

Javier Rueda

Primer fin de semana

Llegamos al final del primer fin de semana del festival, dejando atrás unos días llenos de películas, celebridades, mucho público... y hasta hordas de zombies. De momento, la calidad media de lo que hemos visto no llega al notable, habiendo alguna honrosa excepción más también no pocas mediocridades; quien sabe si producto del azar, ya que es imposible ver más del 30% de todo lo que se proyecta. Esperemos afinar mejor la puntería en los proximos días.

Tal como se preveía, han sido dias de mucha asistencia, con colas kilométricas y baños de multitudes, en especial el sábado gracias a la zombie walk y a la presencia de estrellas como Ron Perlman o Nicolas Cage, este último una de las mayores extrellas que han pisado Sitges en las últimas décadas. Ambos han ofrecido sendas ruedas de prensa, en donde el primero se ha confesado twittero por activismo -decir "la verdad" es una responsabilidad en estos tiempos de mentiras, ha llegado a decir- y en donde el segundo ha sorprendido al reconocerse influenciado por el expresionismo alemán, movimiento del que dice haber aprendido todo lo que aplica a su manera de actuar, tan reconocible y enérgica. También ha tenido su momento gloria el youtuber Rubius, que ha presentado a sus entregadas fans pre-adolescentes una serie de animación protagonizada por su álter-ego bidimensional.

Todo ello empieza a dar pistas de lo que será en suma la presente edición del festival, un claro paso adelante en cuanto a repercusión y glamour, algo que de momento maquilla el hecho de que hayamos visto pocas peliculas realmente valedoras de nuestra recomendación, pues abunda más el "fan service" y las obras de fácil digestión. Cosas de la cosecha de este año, suponemos.

De todo lo que hemos visto estos días, empezamos comentando la que indiscutiblemente ha sido la mejor película hasta ahora; "KILLING" (ZAN), de SHINYA TSUKAMOTO, una contundente reflexión sobre la violencia inherente a la cultura marcial del ser humano. Fiel al estilo del director nipón, retrata de manera extremadamenta rigurosa, tanto en lo formal como en lo discursivo, su visión desmitificadora de la época samurai japonesa. Y lo hace a través de una mirada desprejuiciada, alejada de toda épica romántica, cuya puesta en escena nos acerca a la acción rompiendo con los corsés habituales del género: zooms, cámara a hombro, cortes sobre el mismo eje, fotografia digital de tonos crudos... Una apuesta rompedora de clara vocación antropológica, llena de secuencias para el recuerdo, que forma junto a su anterior "Fires on the plain" (2014) un doloroso díptico sobre el horror de la pérdida de la inocencia. Una gran obra.

En un orden de magnitud inferior, otra proyección que hemos disfrutado mucho ha sido 
"UNDER THE SILVER LAKE", de DAVID ROBERT MITCHELL, la nueva obra del director de la película de culto "It follows". Una juguetona propuesta, espléndidamente interpretada por Andrew Garfield, que bebe tanto de las fuentes del cine clásico, Hitchcock a la cabeza, como de los códigos de la cultura referencial pop, en este caso utilizada para construir un relato autoconsciente sobre el acto creativo como búsqueda de un significado para la existencia. Con esa premisa, el director estadounidense construye de manera especialmente talentosa una historia surrealista, de tintes lynchianos, que transita entre el horror vacui de la modernidad, la obsesión como detonante de la inspiración y la mediocridad como definición del postureo artístico made in hollywood. A la postre, una fábula de terror que plasma también sus propias dudas personales sobre el lugar al que sus éxitos recientes le han llevado como autor, algo que no solo certifica su capacidad para crear narraciones con contenido reflexivo sino que nos hace ensoñar lo que podrá ser su próxima obra, una vez liberado de todo ese bagaje referencial que hasta ahora le ha inspirado tanto como le ha delimitado.

Otra película que destacamos es "DOMESTIQUE" de ADAM SEDLÁK, el angustiante retrato de un deportista obsesionado en superar los límites que le impone su cuerpo, algo que le llevará a emprender un camino de degradación personal que acabará afectando a su relación sentimental de una manera dramática. El director construye así una clara reflexión sobre cómo la concepción capitalista del cuerpo lleva a la deshumanización, a la que se suma una plasmación muy desgradable de la opresión que causa la visión competitiva y egoista del heteropatriarcado, todo ello enmascarado bajo los códigos del "body horror", que aqui son utilizados de una manera muy hanekiana en cuando a tempo y retrato de una cotidianidad tan rutinaria como disfuncional. Aun así, Sedlák se aleja en todo momento de hacer una tesis, pues prefiere construir un relato de terror realmente atmosférico y sofocante, tan perturbador que puede llegar a crear sensación de ahogo en la audiencia. En definitiva, una obra que ofrece de manera inteligente y contundente la -a priori- imposible conexión entre horror y ciclismo.

Disfrutamos mucho también de la proyección de "PIERCING", de NICOLAS PESCE, director de la anterior y muy destacable "The eyes of my mother", que en esta ocasión se inspira en un relato de Ryū Murakami para confirmase definitivamente como uno de los directores de género más interesantes de la actualidad. Un relato perverso sobre dominación en donde un asesinato anunciado y ensayado será el preámbulo de lo que en realidad es un meta-"giallo", es decir, la sublimación de lo que convierte a la mayoría de asesinatos fílmicos en arte, su preparación. Algo que Dario Argento convirtió en religión a lo largo de su carrera, resumido por ejemplo en el glorioso travelling que hizo por una fachada en su película "Tenebre", obra de la que Pesce coge su tema músical principal para dejar clara la intención que apuntamos. Una película que juega de manera inteligente y autoconsciente con los códigos que homenajea, una experiencia plástica que celebra el increíble poder de sugestión de la antesala del horror.

Una grata sorpresa fue "DESENTERRANDO SAD HILL", de GUILLERMO DE OLIVEIRA, un documental que versa sobre como un grupo de fans de "El bueno, e feo y el malo" ha conseguido restaurar el decorado del cementerio donde sucede su célebre desenlace. Una propuesta que bien podría haber caído en los lugares comunes de la habitual alabanza hiperventilada a la que es una de las mejores secuencias -y película, y banda sonora, y todo y más- de la historia del cine, pero que por suerte es un honesto retrato humanísta, cuasi antropológico, sobre la necesidad de buscar mitos que den un sentido a la existencia. Por tanto, no solo es una celebración del cine como religión, sino la emocionante crónica de cómo un grupo de personas siente la película tan suya que emprende la épica tarea de reconstruir lo que el olvido y la naturaleza ha destruido. Ponen la guinda a este trabajo sencillo pero lleno de amor la participación de Ennio Morricone, Clint Eastwood, Carlo Simi, Eugenio Alabiso, Joe Dante o James Hetfield (Metallica), entre otros.

Nuestra cita con el anime llegó de la mano de "MAQUIA: WHEN THE PROMISED FLOWER BLOOMS", un largometraje de preciosa factura dirigido por MARI OKADA. Una epopeya narrada de manera intimista, con gran sensibilidad y empatía, que ofrece una bellísima reflexión atemporal sobre el sentido de la pertenencia desde un punto de vista afectivo, interpersonal, existencial e incluso histórico. Una obra humanista, que afronta y contrapone la Historia masculina del mundo desde un prisma claramente femenino, todo ello desde la empatía y con el concepto de la maternidad como alegoría, fácilmente inteligible por todo tipo de audiencia, sea cual sea la edad. Su punto más débil: la habitual costumbre nipona de alargar el epílogo hasta el extremo, sobre todo cuando se trata llevar al límite una resolución que sin mucho esfuerzo ya era lacrimógena, tradición que en el caso que nos ocupa supone un serio peliro de deshidratación, de tan exhacerbada que se conjuga la emotividad. Aun así, no es algo que reste calidad a la obra, sino que simplemente no hacía falta y hasta puede resultar incómodo.

Llega el turno de hablar de "MANDY", de PANOS COSMATOS, una de las películas que más nos apetecia ver aquí en Sitges. Una obra fiel a la estética que nos fascinó en su anterior -y mucho mejor- película "Beyond the black rainbow", algo que aquí sigue destilando talento plástico pero que sabe un poco a refrito. O cuando menos a repetición a veces algo arbitraria de bondades en una propuesta que es mucho más acotada en lo argumental, algo que pone en evidencia las costuras de una narración tan caprichosa como hermética. Y no queremos para nada rebajarle sus méritos, pues es una propuesta tremendamente arriesgada, algo que por si mismo ya justifica su visionado, que será además muy gozoso para toda aquella audiencia a la que no le importe abandonarse al hedonismo visual, sin hacer mucho caso a una trama que tanto más resta cuanto más se define.  Y ojo a su elenco actoral, lleno de rostros inolvidables, de esos que tanto se echan en falta en el cine contemporáneo.

Y no sólo tuvimos que enfrentarnos a no-muertos en la zombie-walk, amenizada ademas por el concierto de los incombustiblemente festivos Motorzombies, sino en dos películas tan diferentes como "ZOO", de ANTONIO TUBLÉN, y "LA NUIT A DÉVORÉ LE MONDE", de DOMINIQUE ROCHER. Y eso que ambas parten de una premisa similar: la hecatombre Z llega de repente a un nucleo urbano, obligando a los protagonistas a quedarse recluidos en su piso. Mas a partir de ahí ambas cogen caminos separados, ambos insatisfactorios, pues mientras la primera se centra en concatenar la mayoría de lugares comunes de este tipo de películas, transitando de una comedia de pareja muy parecida a "Extraterrestre" (Nacho Vigalondo, 2011) a un drama romántico moroso y tomado demasiado en serio, la segunda sorprende al reconocerse como una adaptación libre de "Soy leyenda" que finalmente es incapaz ya no solo de añadir nada nuevo que justifique la propuesta, sino de desarrollar toda la carga existencial de la novela original de Richard Matheson.

Algo más nos gustaron "THE NIGHT COMES FOR US", de TIMO TJAHJANTO, y "THE DARK", de JUSTIN P. LANGE. La primera por sus coreografías imposibles, muchas veces inverosímiles pero siempre espectaculares, en donde el elenco protagonista afrenta y derrota cientos y cientos de temibles mafiosos. Una apologia de la violencia tan disfrutable desde un punto de vista desprejuiciado como reprobable a nivel moral, que ha despertado sonoros aplausos entre la audiencia. En cuanto a la segunda, nos ha gustado su original propuesta, por momentos calcada del esquema de "Déjame entrar" (Tomas Alfredson, 2008) pero que añade personalidad propia al hacernos empatizar -y entender- un personaje que por lo general solo nos inspiraría terror. Aun así, su ritmo excesivamente pausado y su desarollo repetitivo lastran una obra que es mucho más interesante en su concepto que en su ejecución.

Acabamos la crónica de estos útimos días comentando brevemente "DEADTECTIVES" de TONY WEST, una especie de cazafantasmas con humor inocuo y situaciones poco o nada originales, que no obstante pareció gustar a la platea, a tenor de las carcajadas que provocó mientras nos aburría soberanamente. A nosotros nos pareció un producto mediocre en el peor estilo de la factoría Disney, es decir, creado para entretener sin aportar nada que pudiera sorprender o hacer pensar. Torpe, repetitiva y alargada, más propia de una tv-movie de sobremesa que de una obra destinada a ser considerada algo más que un mero subproducto. 

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