Remake chino de “Sangre Fácil” de los hermanos Coen,
“A Woman, a Gun & and a Noddle Shop” de
Zhang Yimou conserva gran parte de la capacidad que tenía la historia original
para mostrarnos situaciones hilarantes y personajes grises cuando no patéticos.
Como es habitual en la filmografía de este gran autor asiático, el apartado
visual acompaña plenamente al relato, ensalzando más si cabe la amplia paleta
de colores de un diseño de producción que retrata con esmero el Medievo chino.
No debemos obviar, no obstante, que el mérito de que el film funcione tan bien
se debe a un guión que, pese a ambientar la trama original -con mucho
acierto-
en un continente y época
distintos,
se asemeja mucho a ésta en
todo lo que se podría considerar como relevante. En cualquier caso es un film
muy bien realizado, digno de llevar la firma de quien ha dirigido películas
realmente magistrales.
La otra película destacable del día ha sido “Red, White and Blue”, de Simon
Rumley, film independiente que retrata sin contemplaciones como el vacío
existencial y la incomunicación
que
reina en el seno de una sociedad adocenada como la de Estados Unidos puede
derivar inmediatamente en una tragedia fomentada por la venganza y el odio más
irracional. Además de la rudeza y rigor con el que se narra la historia, en la
que se tiende con acierto a utilizar los mínimos diálogos posibles,
destaca un hábil uso del montaje que incluso
se atreve con estructuras de “montage” y “escenas mudas” que añaden profundidad
e intencionalidad al film. Todo ello nos remite a un estilo deudor del mejor
cine independiente de los setenta, “Easy Rider” a la cabeza, en el que el
pesimismo y la sensación de “no future” campa a sus anchas, articulao a través
de una puesta en escena realista que bordea el puro documento cinematográfico.
El día de hoy ha tenido dos films bastante curiosos por inusuales. El primero
de ellos ha sido “L.A. Zombie” de Bruce Labruce, que se podría definir como una
película que muy conscientemente se delimita en el territorio de ese cine
autodenominado “trash”, subgénero de reinvindicación y “explotation” que
germinó hace ya más de dos décadas en una sociedad descontenta y muy polarizada
a nivel político. Por tanto, este pastiche filogay de violencia y pornografía
no puede valorarse según parámetros clásicos de valoración cinematográfica, mas
sí que se le puede achacar una reiteración demasiado obvia de su coartada
inicial y una falta harto evidente de intenciones realmente transgresoras. Eso
sí, al menos ha conseguido parte de lo que se proponía, puesto que han sido
muchos los que han abandonado la proyección antes de que esta terminase.
La otra curiosidad del día ha sido otra película tan independiente como
“Rubber”, de Quentin Dupieux… y de tan curiosa ha acabado siendo con diferencia
la peor de la jornada, puesto que la principal -y única- gracia de todo el film
radica en el poco aprovechable hecho de que la protagonista es un neumático
asesino. Para más inri, el film fracasa estrepitosamente en su intento de
suplir con posmodernismo trasnochado la falta de alicientes que una premisa así
puede aportar, cuando lo más eficiente –sobre todo si eres un director
limitado- suele ser ceñirse con humildad y respeto a las reglas puramente
genéricas. En esto último valga como ejemplo la magistral “El Diablo Sobre
Ruedas” de Steven Spielberg, película que cito debido al homenaje explícito que
le hace el film que nos ocupa en una escena concreta. Lástima que Dupieux no
haya aprendido nada de sus referentes…
El gran fracaso del día ha sido la producción catalana “Agnosia”, no porque
esperásemos gran cosa del perpetrador del anterior fiasco “The Birthday” sino
porque la fuerte inversión económica y la premisa del guión presagiaban un
acercamiento mucho más satisfactorio a la realidad de la Barcelona de finales
del siglo XIX. Así pues, Eugenio Mira ha perpetuado los mismo defectos que ya
demostrase en su anterior película, a saber, una total indefinición de géneros
-que desorienta al espectador y hace avanzar la historia de forma anodina y
esquemática-
y, todavía más grave, una
incapacidad total en la dirección de actores y en su capacidad de dilucidar con
criterio que recursos están (o no) fuera de tono, como por ejemplo la insidiosa
y cargante banda sonora del film. A su favor, también “marca de la casa”, está
el muy elaborado e inmersivo diseño de producción y una apuesta formal que
–cuando funciona- trabaja con buena nota el simbolismo y la composición
clásica. Lástima que en este último aspecto caiga demasiadas veces en la
hipérbole más irrisoria cuando en realidad pretende la más simbólica de las
trascendencias.
En cuanto a los dos otros films que hemos visto, destacar primero que la
mexicana “Somos lo que Hay” de Jorge Michel Grau aporta una buena labor de
dirección y cinematografía a una historia que acaba haciendo aguas por su falta
de rigor en la verosimilitud de lo narrado. Así pues, a nivel argumental
promete mucho más de lo que finalmente ofrece –puesto que tanto la presentación
como gran parte del nudo juegan a omitir el sentido último de lo que sucede-
pero esto queda contrarrestado por su puesta
en escena de un costumbrismo disfuncional y mucho temple en la dirección de
actores. Así pues, correcta en las formas pero poco interesante en su
contenido.
En segundo lugar, la japonesa “Confessions” de Tetsuya Nakashima propone un
particular juego narrativo de muñecas rusas que acaba siendo traicionado por
una puesta en escena demasiado pretenciosa y una estructura mucho más lineal de
lo que se anunciaba. A su favor cuenta con un tratamiento descarnado de temas
políticamente incorrectos que, para más inri, tienen como nexo de unión la
maquiavélica venganza que una profesora prepara para con dos de sus alumnos
(que además son menores de edad). Como decía, visualmente es atractiva pero por
momentos excesiva y además peca de ser demasiado anodina en su hora inicial,
para luego remontar el vuelo y rematar con un desenlace de alto voltaje.
En resumidas cuentas, analizando los dos días que llevamos de festival podemos
decir que el nivel medio de calidad es aceptable -aunque justo- y que se
constata definitivamente la aceptación del cine independiente (ya sea digital o
fotoquímico) como una nueva fuerza ya plenamente incorporada a la realidad
cinematográfica de nuestros días, ya sea como herramienta de reflexión mucho más
libre y atrevida o como medio para la más acertada o nefasta de las
gamberradas.
¿Qué nos deparará este primer fin de semana de festival? Una cosa está clara:
lo mejor todavía está por llegar y, entre otras, el domingo tendremos cita
ineludible con el maestro John Carpenter y su nuevo film “The Ward”. Como
siempre, aquí podréis leer lo que nos habrá parecido esta y el resto de
películas que veremos en estos dos días que vienen por delante. Hasta el
domingo.