Ayer miércoles empezamos la jornada con una película preciosa, "Los Paraísos Perdidos", de Basilio Martín Patino. La trama versa sobre una mujer que vuelve del exilio a la ciudad castellana de su infancia. En su emotivo regreso se enfrentará a la muerte de su madre y al reencuentro con los lugares y personas que compusieron su recuerdo. Al tiempo que lleva a cabo esa “recuperación” de su pasado, la protagonista traduce el “Hiperión”, de Hölderlin, y esa tarea se convierte en cauce privilegiado para sus reflexiones -y las del espectador- sobre “los paraísos perdidos”, es decir, el futuro negado, el exilio, el desarraigo y la posibilidad de mantener la esperanza.
La realidad idealizada que revivimos junto con la protagonista se nos presenta fantasmagórica. Así mismo nos crea un profundo sentimiento de extrañeza el hecho de percibirla demasiado parecida a como la recordábamos, pues secretamente esperábamos que así se mantuviese pero una vez consumamos la nostalgia del pasado descubrimos que necesitamos evolucionar, renacer de nuestras cenizas. Lo contrario es morir.
A este sentimiento de suspensión temporal y narrativa contribuye la magnífica dirección de fotografía de Jose Luis Alcaine y el espléndido montaje de Pablo del Amo, dos ases que Patino tiene en la manga para contruir una de sus mejores películas.
Por su parte, "Je Voudrais Vous Raconter...", el documental de Dalila Ennadre que vimos después del citado film de Patino nos devolvió de nuevo al terrirorio de la estructura narrativan directa, reivindicativa y sin concesiones al equívoco o a lo ambiguo. Cine militante del bueno, vamos.
En este trabajo Ennadre trata la nueva reforma de la Mudawana -o "Código de Familia Marroquí"-, pues en octubre de 2003 se aprobó un nuevo código que permitía dar justicia y
paridad a las mujeres. Es por ello que la realidad decide capturar con su objetivo la realidad de aquellas mujeres que por ser analfabetas (aproximadamente un 70% de la población femenina) no tienen acceso a esta información y por tanto desconocen esta ley por completo, dejándolas a merced de códigos arcaicos amparados en pueblos en donde la ley la llevan los propios hombres del lugar.
Aquí escucharemos el testimonio de trabajadoras, campesinas, mujeres de
la ciudad y de los
arrabales, relatos de todo tipo que ponen de manifiesto la diferencia
de protección legal existente entre la mujer urbanita y la campesina,
entre la mujer que tiene acceso a estudios y la que es analfabeta.
Por tanto, en este trabajo Dalila Ennadre trata exclusivamente el tema
de la liberación de la mujer, incidiendo frontalmente en el concepto
básico de la necesidad de dar a conocer esta ley entre la población
analfabeta (hombres y mujeres) para que así este nuevo código tenga
efectos reales en toda la población y no solo en los estratoas más
ricos, pues en estos últimos ámbitos sociales la mujer ya gozaba de
muchos de los privilegiosahora hechos ley en la nueva Mudawana.
Por último, vimos "Madrid", de Basilio Martín Patino, en donde ficción y documental se dan la mano para interrogarse sobre como
el montaje cinematográfico es capaz de analizar y (sobre todo)
construir el pasado y el presente.
La trama gira en torno a un cineasta alemán que, con motivo del 50
aniversario de la Guerra Civil, llega a Madrid para elaborar un
documental sobre la contienda. Su contacto con el material de archivo y
con la realidad actual de esta gran urbe crearán tal desconcierto en el
realizador que, replanteándose su propuesta inicial de puesta en
escena, llegará a estas dos conclusiones: en primer lugar, solo
entenderá el pasado si consigue entender el presente y, para ello,
deberá impregnarse de todos los aspectos socioculturales de la realidad
que lo rodea; en segundo lugar, debe descartar la obviedad, todo
aquello que se desprenda a simple vista de lo mostrado, así como
reprimir las formulaciones explícitas de sus propias dudas y nuevas
certezas.
Hans -así se llama el protagonista- es en realidad el alter ego
de Patino y sus reflexiones son las propias del salmantino, autor
siempre a la vanguardia del cine español que con este film empezó a
formalizar de manera expresa algo que ya era notable en su filmografía
anterior y que sería razón de ser de muchos de sus films posteriores;
su rechazo de la obviedad, del cliché y del dogmatismo que lastran no
solo a muchos documentales sino al cine de ficción que trate temas
históricos o biográficos. "No sonrías en la foto", dice Hans.
En la película se hace una radiografía de Madrid en cuerpo y alma. Lo
que late en lo profundo de su paisaje urbano y el devenir de sus
gentes. Una ciudad definida como incoherente e inacabada, una suma de
construcciones y gentes que conforman un modo de manifestarse. Lo
"popular" está en sus fiestas, su arte, sus cultos y sus
reivindicaciones. Mas Madrid no deja de ser el reflejo de cualquier
comunidad y, consciente de ello, Patino reflexiona en términos
universales -el tiempo, la muerte, el amor, el cine- y deja el
localismo solo para la trama y los referentes culturales que sirven de
ejemplo a su exposición.
Patino mira a través de Hans y este, a su vez, mira a través de su
cámara y de las imágenes con las que cuenta -suyas o de archivo-,
creándose un juego de espejos que permite sortear las barreras de la
narración clásica y abordar la puesta en escena desde la libertad
creativa, apoyándose en los diálogos tanto como en la música, los
pensamientos en off y la sobreimpresión de textos. Toda esta riqueza,
articulada gracias a un soberbio trabajo de montaje, da lugar a una
película rota e inconexa -desde un punto de vista clásico-, que obliga
al espectador a hacer el esfuerzo de reconstruirla, a entender las
interconexiones apenas apuntadas en un relato que no tiene nada de
lineal y que incluso se permite transgredir las reglas de una historia
de amor que, a priori, parecía el único punto de apoyo.
Una de las películas de vanguardia más interesantes del cine español
que nos alerta que "las imágenes no son ni verdad ni mentira, son un
elemento de fascinación".
JUEVES 19:
Aún así el jueves no empezamos con buen pie, ya que la película rusa
Shultes, de Bakur Bakuradze, no colmó ni mucho menos nuestras
espectativas. Retrato de un carterista que se gana la vida en los
suburbios de Moscú y que apadrina -nunca sabemos si por interés o por
compasión- a un infante ratero, su indefinición en cuanto a sus
intenciones le acaba pasando factura debido principalmente a que
tampoco nos entretiene en demasía su falta de nervio narrativo.
Si algo debería salvar nuestro interés en este film es el misterio que
rodea al personaje principal, cuya costumbre de anotar cosas en una
libreta y su dificultad para recordar ciertas personas se nos rebelará
en última instancia de una forma ligeramente sorpresiva pero en ningún
caso suficientemente impactante como para justificar la necesidad de
gran parte del metraje anteriormente visto.
Que la historia no va hacia ninguna parte esta tan claro que hasta el
director se acaba dando cuenta de que no tiene nada con lo que acabar
la historia; es por ello que para rematar se inventa una paradoja en
forma de "deja vu" que no solamente es insuficiente -como el resto del
relato- sino que también fracasa en su pretensión de dejar al
espectador suspendido en una climática incertidumbre, ya que lo único
que consigue es desconcertar y dejar aun más mal sabor de boca.
Por fortuna la siguiente película que vimos fue un nuevo documental de
Dalila Ennadre, documentalista marroquí que a estas alturas de festival
ya nos tiene más que convencidos de que lo suyo es talento y puro
humanismo. "J'ai Tant Aimé..." fue el quinto y último trabajo que de
ella programaba el festival y, aunque del quinteto quizás sea el
documental que menos nos ha gustado, mantiene su buena voluntad en
retratar la vida de personajes interesantes y que articulan en sus
vivencias alguna que otra reivindicación de la que Ennadre no disimula
ser partícipe.
En este caso, Fadma es una mujer marroquí que trabajó como prostituta
en la armada colonial francesa y ahora reclama a Francia que le
reconozcan el mismo estatus que otros veteranos. De nuevo nos
encontramos con la reivindicación de la mujer, la defensa de los
derechos de los más desfavorecidos y la crítica al colonialismo europeo
y su posterior huída "sin mirar atrás".
Siendo un trabajo de Ennadre podéis estar seguros de que Fadma es una
mujer de fuerte carácter y tan segura de sí misma que no tiene reparos
en contar con pelos y señales lo que hacía en la guerra, como son los
hombres marroquíes respecto de los franceses o como sobrevive a sus
condiciones de extrema pobreza. Toda una mujer, desde luego.