Excepcional ha sido el arranque de esta edición del festival de Cine
Independienrte de Barcelona. En estos dos días de proyecciones no solo
hemos podido ver obras actuales de gran calidad y diversidad de
procedencia y planteamientos, sino que hemos gozado de lo que prometen
ser dos retrospectivas prodigiosas; hablamos de los ciclos dedicados a
la documentalista marroquí Dalila Ennadre y al cineasta español Basilio
Martín Patino, dos autores que desde el principio han dejado muy claras
sus intenciones reflexivas y humanístas.
SÁBADO 14
La primera película que vimos fue Nueve Cartas a Berta, de Basilio
Martín Patino, toda una Concha de Plata en el Festival Internacional de
Cine de San Sebastián que, vista hoy en día, bien parece que mereciera
algún premio más importante y en festivales de mayor prestigio. Este
film pertenece al que por entonces se denominó Nuevo Cine Español pero,
a tenor sobre todo de sus primeros treinta minutos, más acorde sería
decir que recuerda al Resnais experimental de la vanguardia francesa,
todo un piropo, sin duda merecido.
Nueve Cartas a Berta es una película maravillosa, rabiosamente moderna
y muy reflexiva, aunque este último aspecto se camufla parcialmente
bajo el halo costumbrista que acaba impregnando gran parte del film.
Igualmente es bella en su puesta en escena e incisiva en todos aquellos
aspecto que definían la cultura española de la época, vistos como solo
un español coetáneo podría ver pero, por momentos, intentando situar la
mirada como si de un observador extranjero se tratase.
De esa manera se transita del punto del vista del protagonista (alter
ego del director) al punto de vista omnisciente del demiurgo (alter ego
de la visión objetivista del propio director) de la forma más natural
posible, sin apenas notarse estos constantes cambios.
La estructura en capítulos, tan de moda en el cine de autor de hoy en
dia -Lars Von Trier a la cabeza- demuestra de nuevo la modernidad de
Patino, artista que en todo momento es consciente del gran film que
esta realizando y que cierra esta -una de sus obras magnas- con un
final tan bello como melancólicamente triste por la doble reflexión que
comporta y la nostalgia que desprende. Obra maestra.
Despues de la sensacional película de Patino nos sumergimos en un muy
interesante trabajo titulado Archipels Nitrate, película documental que
bucea sin complejos ni ambages, claramente dentro de la franja de lo
experimental, para ofrecernos un retrato íntimo y personal de la
Filmoteca Belga. Claudio Pazienza, su director, en realidad nos habla
del inexorable paso del tiempo y de como éste conforma la imagen que
tenemos del mundo y por ende de nosotros mismos. De nuevo el cine
dentro del cine, no podía ser de otra forma, esta vez sirviendo a modo
de metáfora que ilustra “ese paso del tiempo” que todo o casi todo lo
deteriora, reduciéndolo finalmente al olvido.
La culpa la tiene el nitrato, el otrora componente principal del
celuloide del cine clásico y mudo, material que con el "paso del
tiempo" se va deteriorando irremediablemente. De esta manera, sin
pretender alterarla, se nos ofrece una forma de ver nuestra historia a
través del recorrido de un gran número de films míticos.
La reflexión personal es intensa, amarga, bella, a modo de sinfonía,
donde Pazienza no duda en utilizar el video para recoger escenas
cotidianas, a menudo alegóricas o meros chistes, e incluso recurrir a
la pintura sobre negativo y otras técnicas para reflejar su idea de ese
deterioro, el paso del tiempo sobre el recuerdo de imágenes que no se
volverán a repetir, sobre nuestro pasado más reciente que caerá en el
olvido, hasta llegar al punto del cual ya nos advertía el gran filósofo
francés Levi Strauss: "un estado de arqueología al cual todo y todos
estamos abocados".
Mirages, de Olivier Dury, fue el tercer trabajo que vimos el sábado.
Igualmente interesante aunque de notablemente menor calado reflexivo y
mucho más convencional -su narración se construye en torno al clásico
esquema de reportaje de carretera- Mirages es una película documental
que retrata el viaje que, en un pequeño y
maltrecho camión, realiza un grupo de hombres a través del desierto
entre Niger y Algeria. Su objetivo es encontrar un futuro mejor y para
conseguirlo no dudan en afrontar una odisea que les comportará gran
sufrimiento y serios peligros.
El film nos presenta un verdadero calvario marcado por el continuo
color ocre de la arena del desierto y por las esperanzas dialogadas de
una vida mejor. Podríamos decir, sin ápice de ironia, que más que una
road movie es una"pelicula de desierto",
ya que discurre enteramente en este hostil y al mismo tiempo
natural medio. La única intención del director es mostrar la cruda
realidad de esta situación y damos fe de que lo consigue con creces.
Acabamos ese intenso primer día de festival con Gabbla, de Tariq
Teguia. film que refleja la actual situación política de Argelia a
través de Malek, un solitario topógrafo que acepta el encargo de
inspeccionar una remota provincia del oeste del país. Allí se
encontrará con el vacío existencial y la realidad de la emigración
ilegal, lo que llevará a decidir ser partícipe de ella ayudando a una
jóven indefensa en su dura travesía de vuelta a casa.
Teguia construye el relato de forma extremadamente pausada, atmosférica
y paisajística, apoyándose en una dirección de fotografía soberbia y de
capacidad hipnótica que se va haciendo cada vez más palpable conforme
avanza el film, transitando del crudo costumbrismo y la aridez del
desierto a un viaje iniciático con pequeños apuntes de realismo mágico
y espacios mentales cada vez más físicos. Quizás no sea un film
perfecto pero si que posee una gran capacidad de sugestión y de
transportar al espectador más allá de la historia narrada.