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Crónica de la XIV Mostra de Cinema Africà

Javier Rueda

Crónica de la XIV Mostra de Cinema Africà

Un año más hemos tenido la oportunidad de acercarnos a la cultura africana a través del visionado de una selección de films tan rica como variada. En esta edición han sido once los países africanos que han aportado obras -Argelia, Camerún, Egipto, Etiopia, Guinea, Mali, Marruecos, R.D. Congo, Senegal, Túnez y Zimbabwe- además de Colombia, país representado en la sección Mamá Africa dedicada a dar voz a las raíces africanas presentes en la población sudamericana.

Los Cinemes Méliès han sido de nuevo la sede del festival, por lo que las proyecciones se han sucedido con la normalidad y calidad esperadas, si bien no ha habido ningún día en el que se cumpliesen con todos los horarios previstos. Igualmente ha sido estupenda su enésima colaboración con el Institut Français, el mejor sitio en donde realizar la inauguración de la mostra. El único apunte negativo al respecto de las proyecciones ha sido la ligera proliferación de pases en los que los subtítulos no estaban del todo cuidados, por lo que a veces costaba seguir las películas si no se entendía bien el idioma original, amén de la incompresible ausencia de estos en la proyección inaugural (cuya bso estaba en francés). La retrospectiva sobre Mustafa Derkaoui fue la que más sufrió en este sentido, pues las copias llegaron tarde y no hubo tiempo de subtitularlas, por lo que de cuatro películas previstas solo se pudieron ver dos (además del citado cortometraje inaugural).

El público ha vuelto a responder este año, tal y como viene siendo habitual en esta ya consagrada mostra que arrastra un grupo de seguidores cada vez más grande. En fin de semana era dificil ver una sala sin cubrir más de la mitad del aforo; lo mismo pasaba entre semana en las dos primeras sesiones de la tarde, notándose una comprensible menor afluencia en las sesiones de las 22h. En cualquier caso esto no solo confirma la buena salud de la que goza el festival que nos ocupa sino que constata el buen momento por el que pasan los festivales de este país, cuya afluencia de público se ha incrementado considerablemente este año.

La retrospectiva de este año, dedicada a Mostafa Derkaoui, cumplió parcialmente con las expectativas creadas, ya que aunque las tres obras que se vieron fueron extremadamente interesantes, una de ellas (el cortometraje Le Silence) no se pudo entender por falta de subtítulos y otros dos largometrajes quedaron sin proyectarse por el mismo motivo, además de que el film Les beaux jours de Sherazade tuvo unos subtitulos incompletos en muchos momentos y eso hizo muy dificil comprender el film en su totalidad. En cualquier caso, como decía, a nivel formal si que se pudo observar la gran entidad autoral que tiene el director marroquí, no solo en cuanto a su experimental puesta en escena sino también en sus intenciones y temáticas metacinematográficas -el cine dentro del cine del citado film Les beaux jours de Sherazade- e incluso posmodernas -las referencias argumentales y homenajes visuales esplícitos que sobre Fellini y La Dolce Vita encontramos en Casablanca by Night-. En las dos obras de su primera época nos encontramos con un Derkaoui que apuesta claramente por el cine de vanguardia, en donde su puesta en escena de onírica sensación de lejanía se conjuga con una narración deslabazada en diversos segmentos que no siempre tienen una unión dramática clara y además siguen una progresión argumental muy sutil. Sin duda fascinante y complejo. Por otra parte, en su etapa más comercial opta por elegir unos argumentos más livianos e introduce la comedia con acierto, eso si, sin dejar de ofrecer una puesta en escena inteligente y un sentido de "lo cinematográfico" fuera de toda duda.

En la selección de largometrajes brillaron obras tan interesantes como Mascarades, de Lyès Salem, simpática comedia argelina en torno a dos hermanos que han de hacer frente a una mentira que, aunque piadosa, acabará cambiando la realidad del pueblo en el que viven. Bajo la aparente simplicidad de su argumento, Salem retrata las virtudes y miserias de la cultura tradicional de su país y aboga por activa y por pasiva por la igualdad de sexos. Muy amena.

Ramata, de Léandre-Alain Baker, también destacó en su adaptación de la novela del escritor Abasse Ndione. En ella, la protagonista cuyo nombre da título al relato, una mujer de 50 años casada con un distinguido ministro que la utiliza como objeto, se enzarzará en una relación adúltera que le devuelve la pasión perdida. Lo más interesante de este film es que Ramata es una suerte de alegoría del continente africano, una mujer que quiere progresar en su vida pero que siente el peso de la sociedad y de las costumbres tradicionalistas. A la elegancia y belleza del relato contribuye la preciosa Katoucha Niane, modelo y actriz (ex-musa de Yves Saint-Laurent) que por desgracia falleció poco después de participar en este film.

Otro largometraje que nos gustó mucho fue Fantan Fanga, de Adama Drabo, película que por encima de su calidad técnica o interpretaciones apuesta por el valor didáctico del cine y demuestra de nuevo el inherente compromiso democrático de su malogrado director, tristemente fallecido en julio de este año. Su historia, narrada con un incisivo tono crítico, sigue los pasos de una investigación policial que busca a los responsables de un asesinato cometido en el transcurso de unas elecciones nacionales. Los agentes acabarán enfrentándose a los poderes políticos del país y comprobarán con indignación la persistencia de creencias y supersticiones y rituales que tienen como principal víctima a los albinos. Film humanista y de democrática búsqueda de la justicia, en sus compases finales nos recuerda que, aunque los hechos narrados acaecieron unos años atrás, siempre dependerá de nosotros que no vuelvan a suceder.

Triomf, de Michael Raeburn, fue con diferencia la película más sórdida del festival gracias a su retrato de una decadente familia de blancos pobres que, en vísperas de las elecciones de la nueva democracia sudafricana, planean abandonar su hogar para huir al norte del país. Lo más interesate de este film zimbabuense es que muestra sin tapujos a la clase blanca marginada, algo pocas veces visto en el cine sudafricano, sin escatimar en situaciones amorales y muestras de racismo en ambas direcciones. Toda represión viene dada -y genera- odio y mezquindad, algo de lo que Triomf da buena cuenta aunque no sin dejar una puerta abierta a la esperanza; mas todo cambio genera violencia de una u otra forma...

Sudáfrica también estuvo presente en Behind the Rainbow, magistral documental de la prestigiosa egipcia Jian El Tahri que recorre exhaustivamente toda la historia política posterior al apartheid de este país. En concreto se centra en los cambios experimentados por del Congreso Nacional Africano (ANC) desde su llegada al poder con Nelson Mandela, mostrando la evolución de las relaciones entre dos de sus más señalados cabecillas, Thabo Mbeki y Jacob Zuma. Posiblemente la mejor obra vista en esta edición del festival, su envergadura no solo radica en su completismo histórico sino en su constatación de que después de todo sueño siempre queda la cruda realidad, una realidad encubrida a nivel internacional por el velo del "milagro Mandela".

También pudimos ver los cuatro documentales realizados por sendos senegales, jóvenes formados en el marco del Festival Moussa Invite, taller de producción audiovisual que se realiza en Senegal fruto del convenio entre L'Ull Anònim y la productora Cocodrilo Films, del director senegalés Moussa Touré, con financiación de AECID y colaboración de la ESCAC. De interesante temática social y en mayor o menor medida costumbristas, el único que resultó realmente convincente desde un punto de vista formal y de realización fue Mbarane, de Maty Ndiaye, divertido acercamiento a las motivaciones de la mujer senegalesa en cuanto al apareamiento. El resto de trabajos que se pudieron ver fueron Taxi Clando, de Abdoulaye Touré, que nos muestra la proliferación de taxistas clandestinos en su país; Kemtaan, de Idrissa Touré, que nos descubre la importancia de los movimientos raperos; y Sambaymbayane, de Nafissatou Touré, que defiende la importancia de las Griotte en la sociedad senegalesa.

Por último, de la pequeña selección de cortometrajes destacamos Al Ahdiya, nuevo trabajo de Mohammed Ismail destinado al público infantil y Waramutseho, magnífica ópera prima de A.B. Kouemo Yanghu en la que la amistad de dos jóvenes africanos que estudian en Francia peligrará al enterarse de que ha habido una matanza en su país y que la familia de uno ha asesinado a la del otro.

En resumidas cuentas, la afluencia de público y la calidad de la programación de esta edición de la Mostra Africana de Barcelona ha sido altísima, por lo que nos deja un muy buen sabor de boca incluso teniendo en cuenta los problemas de subtitulación anteriormente citados. Esperemos que para el año que viene subsanen este problema, ya que sería lo único que les faltaría para que podamos decir que esta mostra es perfecta. Por lo pronto diremos que es indispensable y que les deseamos lo mejor.

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