Mañana todos los aficionados al cine tenemos una cita ineludible, ni más ni menos que la última película de uno de los directores más incisivos del cine moderno, Michael Haneke, un artista incomodo para los predicadores de la moral y demás personas que hacen del término "políticamente correcto" su leit motif de vida, un autor que, como los que lo conocen bien saben, sabe pegar buenas patadas al estómago del espectador más aguerrido sin necesidad de buscar falsas coartadas o caer en la moralina más absurda.
Le temps du loup
, que así se
llama su última propuesta, nace de una expresión que se encuentra en un
pasaje del Codex Regius
(primer poema germánico), fragmento que
habla sobre lo que pasará en la Tierra poco antes del fin del mundo. Así
pues, con esta premisa, y sabiendo del gusto de Haneke por hablar de los
aspectos más dolorosos de la sociedad, todos deberíamos esperar
encontrarnos con una divagación sobre el proceso de destrucción moral y de
desestructuración social que comportaría un cataclismo como el narrado en la
citada obra
clásica; todo ello contado a través de un
reparto en el que destacan la gran Isabelle Huppert, en su segunda
colaboración con el director después de La pianista,
y el
director/actor Patrice Chéreau.
Como es marca de la casa las lecturas serán variadas aunque una cosa está
clara, no dejará indiferente a nadie; y al respecto tenemos la polémica
que surgió a su paso por Cannes cuando un sector de la crítica arremetió
muy duramente contra su (según ellos) exagerado poco uso de la iluminación
en las escenas nocturnas, cosa que al parecer dificultaba la visión de los
hechos que acontecían en pantalla y que iba a hacer casi imposible su
distribución en formatos distintos al celuloide.
En fin, mañana podremos corroborar/desmentir ese hipotético cambio de registro que algunos argumentaban que había sufrido en sus últimos títulos, sobretodo con Código desconocido y la ya citada La pianista , además de valorar si las críticas recibidas en Cannes estaban bien fundadas o eran producto de la inmovilidad que impera en el medio.
Aunque, pensándolo bien, nosotros tenemos la ventaja de saber que Haneke nunca deja nada al azar...¿verdad?