Sergio Bernal, Mariona Tena, Jean-Claude Ricquebourg, Ramón Garrido
Las agujas del reloj y nuestras manos
La relación del cine con el tiempo siempre ha sido estrecha. Es el
cine, junto a la música, el único arte que tiene un desarrollo
temporal; pero además, como arte de lo real, el cine se encuentra ante
la posibilidad de rescatar del tiempo a realidades olvidadas. El
cineasta debe esculpir en el tiempo, para apartar del enorme e informe
complejo de los hechos aquello innecesario, conservando lo que luego
formará la película. Pero es precisamente esa elección la que liga
íntimamente al cine con el pasado: en el cine el pasado puede revivir,
tanto en documentales como en cintas de género.
Quizás la utilización más clásica del pasado sea la que resucita a los
mitos. Diferentes directores lo han hecho con propósitos diferentes:
John Ford analizaba el mito dándole una vida casi física, como cuando
en "Fort Apache", la caballería montada sale del fuerte cantando una
canción, una canción que hoy es un fósil del pasado; en ese momento,
podemos ver a las protagonistas de la canción, a las mujeres que dejan
atrás los soldados. Así, los textos del pasado dejan de referirse a
algo que existió para ser textos vivos. Pero el uso más típico del
pasado ha sido con fines nostálgicos; los ejemplos son casi infinitos:
el propio John Ford en "El hombre tranquilo", Giuseppe Tornatore,
Terence Davis, Guy Maddin...
Sin embargo, también se puede rescatar del pasado tiempos no míticos, e
incluso se puede hacer con objetivos políticos. Esa es la idea de la
que surge "Embrión", la primera película de Gonzalo López. "Embrión" es
una versión contemporáneo de un film que Koji Wakamatsu, dirigió en los
60. Y es sobre del brutal cambio que han dado el cine y la política en
estos 40 años, donde Gonzalo López construye las bases de su film.
La película gira alrededor de Carlos, un marxista convencido, un
individuo de los que oficialmente ya no existen, rémoras de una década
en la que la izquierda pareció que iba a cambiar el mundo. Y durante
toda la película es así como se nos muestra a Carlos: un hombre que se
ha equivocado de década, que quiere vivir en un mundo que ya no existe
y vive en un mundo en el que sólo puede existir disfrazado. Pero a
pesar de ser un fósil del pasado, la existencia de Carlos es real,
presente: no puede evitar sentirse despreciado, humillado. No puede
dejar de amar, incluso si ama a un producto del sistema al que
desprecia. En el fondo, "Embrión" es una muestra de lo que sucede
cuando chocan un pasado del que se rehuye y el presente...
Tanto la dirección como la fotografía aumentan la sensación de
extrañeza que siente el espectador al enfrentarse a la película. Una
dirección basada en largos planos-secuencia, y una fotografía de un
blanco extremo, en digital, colaboran a formar una puesta en escena
aséptica, a diferencia de la película de Wakamatsu. Tal hecho tiene una
doble vertiente; por un lado, y aunque parezca paradójico, expresa
mejor el ruido y la furia de la conciencia política de la época, sumada
a la angustia del personaje principal. Por otra, trata de hacer del
film una abstracción, cosa que, quizás, sea contraria a los propios
postulados de la película: dibujar personajes de hiperrealismo casi
houellebecquiano para realizar una metáfora es contradictorio. Pero la
duda que me queda es esta: ¿es posible hacer un film con afán
pedagógico con una estética que puede sacar al público de la película?
"Embrión" es un film extraño, furioso, que conjura al pasado para
despertar a una conciencia política que su director considera
adormecida, una lucha por poder volver atrás y subsanar los errores
cometidos, para que los olvidados tengan otra oportunidad. Cuenta con
unas interpretaciones muy interesantes, particularmente la de Sergio
Bernal: interpretaciones que pueden ser fácilmente minusvaloradas por
hacer personajes más ambiguos de lo que muchos creen aceptable -ahí
tenemos el caso de Casey Affleck en El asesinato de Jesse James por el
cobarde Robert Ford-.
Pero más allá de muy pocos errores conceptuales o formales, y algunos
más en el plano técnico, no puedo más que coincidir con mi compañero
David Sáiz en que se agradece un film como "Embrión" dentro del
panorama del cine español. Por dar un ejemplo muy básico: Embrión
competía con otras dos cintas españolas dentro de la sección Noves
Visions; una sobre un psicópata con un trauma infantil, y otra sobre
asesinos a sueldo. Y no es que eso sea malo per se: ambos films tenían
cierta consciencia posmoderna, cosa que supuestamente debería librarles
del estigma de la falta de originalidad. Pero no deja de ser
significativo que el film más rompedor de una sección del Festival de
Sitges sea un "remake".
Cristian Planas
No es ninguna novedad que los libros del festival mantegan un nivel de calidad alto. Este año los temas han sido la ciencia ficción y el mítico King Kong.
Encaramos los dos últimos días de festival abusando de la cafeína.
La inauguración y el primer fin de semana del festival nos han dejado películas para todos los gustos.