crítica

Repo! The Genetic Opera

Repo! The Genetic Opera

Director

Darren Lynn Bousman

Intérpretes

Alexa Vega, Paul Sorvino, Anthony Head, Paris Hilton.

País

USA

Género

Musical

Por  

Ha sido la película más esperada del pasado festival de cine fantástico de Sitges. Durante meses y meses se ha ido hablando de ella, descubriendo pequeños detalles de su producción, y confirmando uno y mil retrasos en su fecha de estreno. Al ver que se quedaba en dique seco, se comenzaba a tildar de maldita, y no eran pocos los que dudaban de su estreno en salas comerciales. Todo ello no ha hecho sino acrecentar la leyenda y las expectativas de la que ahora resulta ser la joya de la corona de Lionsgate Films, que pretende estrenarla por todo lo alto de manera inminente. Darren Lynn Bousman abandona la saga de "Saw" (ha dirigido las entregas segunda, terca, y cuarta), se viste de cuero negro, y con tan sólo 8,5 millones de dólares de presupuesto presenta "Repo! The Genetic Opera", terrorífico musical gore llamado a ser el nuevo héroe de la serie b.

En pleno siglo XXI, una epidemia que causa fallos orgánicos está devastando el planeta causando millones de muertos. Geneco, una empresa biotecnológica, ofrece financiación para las operaciones de cirugía más avanzadas con absoluta disponibilidad de órganos. Pero si los agraciados con esta medida no son capaces de hacer frente a los pagos, Geneco se reserva el derecho de recuperar los órganos a cualquier precio, aunque éste sea la muerte.

Todo, absolutamente todo en "Repo!", tiene el suficiente potencial como para enamorar al espectador (principalmente freaky) que se interese en ella.
Escenarios coloristas a medio camino entre el punk y el gótico; secuencias brillantes introductorias dispuestas a modo de cómic (muy similar a lo visto en el videojuego, que no la película, de "Max Payne"); canciones cañeras que inundan la práctica totalidad del guión; un argumento más que atractivo protagonizado por un personaje, Repo Man, absolutamente inolvidable y capaz de las delicias más sangrientas; y la presencia de Paris Hilton, que de bien seguro hará las delicias de muchos caber-púberes en pleno desarrollo hormonal. Incluso la leyenda internáutica que la rodea fuerza subconscientemente a sentirse en comunión con ella incluso antes de que se apaguen las luces de la sala.
Momento, éste, al que sigue un comienzo arrebatador con unos minutos introductorios llenos de magia, vigor, y encanto visual.

Y sin embargo, ahí acaba todo.

A partir de entonces todo comienza a caer a ritmo sosegado pero constante. El argumento comienza a dar vueltas sobre sí mismo sin llegar a centrarse en ninguno de sus frentes, y no tarda en caer en el mero aburrimiento, del que consigue asomar la cabeza únicamente en apartados momentos de lucidez tan esperanzadores como breves e insustanciales.
Al no tener que prestar demasiada atención en el entramado, el espectador puede entonces tomarse la libertad de ir analizando los demás elementos de la producción, descubriendo el resto de sus (evidentes) carencias.

El primero en quedar en evidencia es el propio Lynn Bousman, director limitado donde los haya que confirma que la saga de "Saw" no es un bache creativo condicionado por entes superlativas, sino más bien todo lo que puede dar de sí el americano. Pese a contar con elementos más que suficientes para dar rienda suelta a su imaginación y su hambre creativa, todo acaba en una dirección sólo en puntuales momentos personal, y meramente correcta en el resto de ellos.
Y eso que, en cierto sentido, sus posibilidades podrían asemejarse a los primeros pasos de Sam Raimi, que logró sacarse de la chistera genialidades en estado puro pese a sus escasos recursos, gracias a su deseo por explorar (y explotar) su enorme potencial, algo de lo que parece carecer el director que nos ocupa.

En el saco de lo negativo cabe sumarle su banda sonora. Comenzando con una garra abrumadora, no tarda en perder fuelle a la misma velocidad que el guión en sí (¿o tal vez, la caída del guión se deba precisamente a ello?).
Tan atronadoras en su contorno como vacías en su interior, las canciones no son, ni mucho menos, tan pegadizas como cabía esperar, acabando por resultar excesivamente repetitivas y olvidables. Pese a tratarse de mundos completamente distintos entre sí, en comparación con las bandas sonoras de "Sweeney Todd", "Moulin Rouge!" o incluso "Bailando en la Oscuridad" (por citar tres musicales recientes), queda a una distancia literalmente abismal.

Por consiguiente, sólo queda agarrarnos al apartado de la gore, bandera que ondean orgullosos los distribuidores del film. Lamentablemente, también aquí el espectador (por lo menos el que disfruta con ello, perteneciente al grupo de enfermos en el que me incluyo) se va a encontrar con una decepción, al descubrir que tal violencia no existe durante la gran mayoría de metraje, hallando solamente dos o tres escenas dignas de llevar esa etiqueta, muy breves pero eso sí, remarcables e incluso entrañables.

Con este panorama, los minutos van quemándose en el olvido hasta llegar a su clímax, que sorprendentemente logra realzar el vuelo (aunque sin echar cohetes) convirtiéndose, junto a sus compases iniciales, en lo mejor del film.


Pero afortunadamente no todo es tan negativo, y junto a lo recién mencionado, cabe colocar en el otro lado de la balanza un apartado visual exquisitamente delirante en todo momento, a caballo entre "Sky Captain y el Mundo del Mañana" (película que aprovecho para reivindicar) y un videoclip de los Europe en colaboración con Madonna y A-ha.
Además, tampoco sería justo olvidarse del reparto, que a falta de estrellas contrastadas logra maquillar sus desigualdades a base de empeño y carisma, cargando a sus personajes de un alma muy por encima de la tónica del film. Hasta la propia Paris Milton logra hacerse pasar por actriz de verdad, sin desmerecer en demasía las labores de Pal Sorvino o Anthony Head.

Pero al margen de tales elementos favorables, "Repo! The Genetic Opera" ha pasado de convertirse en la última esperanza del cine B a una de sus mayores decepciones, quedando en evidencia que parte de un cortometraje del que sus guionistas no han sabido sacarle el jugo que, seguramente, podría haberse exprimido.
Aburrida y totalmente intrascendente, quedaría en el baúl del olvido (o directamente del reniego) de no ser por los detalles apenas citados, y por el universo que la rodea, que seguramente generará una horda de fanáticos tan acérrimos como el mayor apóstata.

Por Carlos Giacomelli

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