Aíta. Carta al hijo se podría definir como un ejercicio experimental,
una obra que puede provocar reacciones adversas a cualquier espectador
que no esté previamente informado de lo que va a presenciar. José María
de Orbe nos ofrece aquí otra forma de concebir el cine, donde la imagen
lo es todo y la narración brilla por su ausencia. Se podría definir más
bien como una obra audiovisual pensada para consumirse como si se
tratara de una obra pictórica, de forma contemplativa y reflexiva. La
lectura de una carta que el director le escribe a su hijo va acompañada
de imágenes de una casa vacía, así como de las proyecciones sobre sus
paredes de imágenes de archivo sobre la historia y violencia del País
Vasco. Esto es todo el contenido de la película.
Después de su obra titulada Aíta, José María de Orbe cayó en la cuenta
que, respecto a su resultado final, había sobrado una cantidad de
material interesante que se podría editar produciendo una nueva obra. De
hecho, la edición de esa película era especialmente abierta debido al
tipo de película que se planteaba, con lo que el abanico que
posibilitaba el reutilizar el material descartado era aún más extenso.
Por este motivo, el director y productor de Aíta, decidieron hacer esa
segunda versión, esta segunda interpretación que ha resultado ser Aíta.
Carta al hijo. En este caso, se usó como hilo conductor de las imágenes
una carta ficticia que supuestamente encuentran en la casa.
Cada plano de esta película está concebido como un cuadro. Así, el
exquisito trabajo con la luz natural del director de fotografía Jimmy
Gimferrer nos deleita con unas imágenes muy anecdóticas, mas de una
belleza extraordinaria. De hecho, podríamos decir que consigue hacer de
un objeto viejo y común una obra de arte. José María de Orbe define
acertadamente este trabajo como un “homenaje a la luz”.
José María de Orbe es un autor muy comprometido con la historia de su
país. Una historia que, como explica el director, ha estado marcada
desde tiempos remotos por la violencia en sus distintas formas, la
última de ellas la del terrorismo. Con este panorama político y social
ha crecido y vivido un director que, siendo ahora mayor, le explica a su
hijo todo lo que ha visto, lo que le ha rodeado, con tono duro y severo
pero concluyendo al final con la idea de que “no se puede estigmatizar
la violencia”.