La cinta blanca
Michael Haneke 2009 Austria
Haneke obtiene su mayor logro con una investigación cinematográfica sobre los orígenes del nazismo
Haneke, enfant terrible del cine europeo, ganó la Palma de Oro con esta película, La cinta blanca. El premio, en esta ocasión, está brillantemente concedido: no sólo reconoce a uno de los mayores autores del panorama europeo en los últimos años, sino que saluda a una obra crucial dentro de su filmografía y, esperemos, dentro de la trayectoria del cine europeo contemporáneo.
Si Anticristo (Antichrist, 2009), otra de las películas presentadas en Cannes 2009, acaba con una dedicatoria un tanto irreverente a Tarkovski, Haneke cambia su rumbo para adherirse al triángulo formado por el ruso, Bergman y Dreyer, los grandes maestros del cine espiritual -no me atrevo a utilizar la palabra "religioso"-. Las coordenadas del film están muy cercanas a la Gracia que tan bien supo aprender Bergman del mejor Dreyer.
Sin
embargo, Haneke mantiene su identidad: casi siempre un autor duro y
atrevido, aficionado a provocar y burlarse del espectador, se llena de
una paz dolorosa, y evitando alcanzar cotas de violencia como las de
Funny Games (Funny Games, 1997) o La pianista (La pianiste, 2001), nos
mantiene en un estado intermedio, donde podemos sentir la telaraña de
opresión y rencor formada por los personajes: como el nazismo, es una
mezcla entre el drama y el terror más desatado.
Con sangre fría e intuición, la investigación histórica de Haneke busca los gestos y las miradas de los torturados y los torturadores, ilumina la imposibilidad del perdón y las terribles consecuencias de la ceguera humana. Pero jamás muestra compasión alguna: no existe diferencia entre agresores y víctimas. Ante la mirada del mejor Haneke, las máscaras caen.
Con sangre fría e intuición, la investigación histórica de Haneke busca los gestos y las miradas de los torturados y los torturadores, ilumina la imposibilidad del perdón y las terribles consecuencias de la ceguera humana. Pero jamás muestra compasión alguna: no existe diferencia entre agresores y víctimas. Ante la mirada del mejor Haneke, las máscaras caen.
Quizás se pueda reprochar al film ser demasiado rígido en sus
planteamiento, en todo momento el film rota alrededor de una única
tesis, sólo una pequeña historia de amor da cierto respiro a la
película. ¿Pero podemos exigir un poco de espacio a un ejercicio ya
desde su planteamiento tan preciso, tan impasible, tan perfecto? Creo
que no, particularmente cuando, a cambio, se nos da tanto.
Cristian Planas

