Peacock
Changwei Gu 2005 China
Peacock es la historia de tres hermanos en la China inmediatamente posterior a la Revolución Cultural, uno de los momentos más duros de la historia del país.
Que mejor excusa que aprovechar una reunión familiar para explicar la
ya lejana infancia y adolescencia de tres hermanos, de paso
construyendo una bella metáfora sobre el pasado más inmediato de China,
aún conjugado en presente en las poblaciones alejadas de los núcleos
urbanos, en los que desde hace poco se juega al capitalismo
internacional.
Peacock es la historia de tres hermanos en la China inmediatamente
posterior a la Revolución Cultural, uno de los momentos más duros de la
historia del país. Bajo esa premisa, Gu Changwei construye un relato
costumbrista anclado a tierra, en donde la vida de los protagonistas,
contada cada una por separado, nos sirve para respirar lo que sería
vivir la realidad rural de su país en la década de los 70, en donde
estos no tienen más mirada hacia el futuro que el intentar procurarse
los alimentos de cada día e intentar descubrir, a base de tropiezos y
caídas, su propio e incierto porvenir.
En ese sentido, Peacock consigue con creces lo que se propone, sin
importarle mostrar las miserias, esperanzas y bondades de cada
personaje despojadas de falso dramatismo. Esta obra es cruda, cruel e
injusta con sus personajes, como la vida misma, sin reservarse en la
manga pequeños éxitos o superaciones personales que rediman los errores
del pasado.
Como no podía ser de otro modo en una historia de este tipo, la fuerza
del relato reside en las matizadas actuaciones de los protagonistas,
dirigidos todos ellos con mano de hierro por parte del director.
Changwei se recrea hasta el límite en la exposición de algunas
situaciones, sin perder nunca el ritmo, intentando con ello que los
sucesos fluyan y sigan su cauce sin que se perciba el punto de vista
del narrador. Ese es su mayor logro, la naturalidad con que el
espectador percibe la historia, dejándole desarmado ante los pasajes
más duros del relato.
Sin lugar a dudas es una obra de muy grata visión. Su larga duración
solo se percibe en los últimos compases del film, aunque por fortuna
estos nos guardan un bellísimo final de fuerte carga conceptual, que
apuntala la pretensión metafórica apuntada en lo inicios de este
artículo.
Afortunado aquél que en invierno vea desplegadas las alas del pavo real.
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