Mind Game
Masaaki Yuasa 2004 Japón
Sicodelia pura, unida a un trazo más despreocupado que feísta, hacen del filme una obra maestra de la imaginería y el ritmo cinematográfico.
Buah! Vaya película. Mind-blowing, como dicen los ingleses. Más que un
juego mental es una sobredosis visual lo que hemos vivido con esta
peli. No, de hecho es mucho más. A ver, por dónde empezamos...
Se habla de cintas atrevidas, irreverentes, histriónicas, aberrantes,
imaginativas, impredecibles, sorprendentes, gloriosas. Pues quítenles
todos estos apelativos, porque Mind Game se los acaba de arrebatar con
todas las de la ley. O sin ella, mejor dicho, porque este prodigio de
la animación no obedece a ley alguna, goza de una incorrección política
derivada de no tener en consideración los prejuicios de nadie, es
decir, no premeditada, que echábamos en falta y que le queda que ni
pintada.
Todo empieza con tintes tal vez autobiográficos del director: dibujante
de éxito, se reencuentra con la chica de quien siempre ha estado
enamorado, y la única que le ha hecho caso. ¿Problema? Que es tan
pusilánime que jamás le confesará sus sentimientos, escudándose en que
tal vez no soportaría un 'no' por respuesta.
Así pues, se convence a sí mismo de que es mejor seguir así, y no
creerse la realidad, que no es otra que la que se esconde en su
submundo creado para obviar su fracaso social. Pero un buen día, en
compañía de la citada chica de sus sueños, sufrirán la visita de unos
camorristas que pondrán a prueba su valor, y tras una monumental
derrota, decidirá volver de la muerte para corregir su vida desde hoy y
para siempre.
Sicodelia pura, unida a un trazo más despreocupado que feísta, hacen
del filme una obra maestra de la imaginería y el ritmo cinematográfico
en su introducción y desenlace. No así en el intermedio, que se pierde
por caminos que no interesan ni aportan nada al espectador.
Lástima, porque de haber conservado las bondades del principio y final
durante todo el metraje, estaríamos ante una obra difícil de superar.
De factura técnica impoluta, este último film hasta la fecha de Masaaki
Yuasa, director de la contestataria Shin Chan, nos abre los ojos de una
bofetada, recordándonos que no todo en el anime japonés es Miyazaki, y
que algunos de ellos no vienen con las mejores intenciones.

