Josee, the Tiger and the Fish
Isshin Inudou 2003 Japón
Triunfador entre las chicas, el joven Tsuneo oye un día los rumores que anuncian la presencia de una extraña anciana que nunca se separa de un cochecito de bebés.
El estilo de Shunji Iwai ha creado escuela, y en ocasiones como ésta es
algo de agradecer. Partiendo de un punto de partida casi típico del
cine japonés juvenil, el chico listillo y la chica miedosa, Isshin
Inudo convierte su filme en una historia preciosa por dolorosa, cuyo
final resulta imposible desconocer pero que aún así todo el público
intenta alterar mediante un giro casi fantástico que nunca acabará por
producirse, y esa rudeza a la hora de la verdad es la que le da
personalidad a la película que nos ocupa.
La historia se centra en Tsuneo, un joven y astuto estudiante que
trabaja en un casino para sacarse un sobresueldo. Triunfador entre las
chicas, un día oye los rumores que anuncian la presencia de una extraña
anciana que nunca se separa de un cochecito para bebés.
Su curiosidad
se saciará con creces cuando se la encuentre por la calle y descubra
que no es un recién nacido a quien pasea, sino a una joven de su edad a
quien una enfermedad natal le ha impedido siempre caminar. Es a partir
de este momento que se desarrollará una inevitable historia de amor
entre ambos, con el conflicto interior de él y la desconfianza perenne
de ella como protagonistas y motores de la sucesión de los hechos.
El choque entre el amor y la realidad estará servido, y aunque todos
votamos por el primero, no cerramos los ojos ante la presencia
irrefutable del segundo, y todo lo que ello puede conllevar. El acierto
de Inudo será ahora el desarrollo, tanto de la película como del
personaje de Tsuneo, quien evolucionará muy por encima de nuestras
espectativas y de las de la propia coprotagonista.
Sin caer en la
lágrima fácil en ningún momento, la historia nos parecerá cercana,
emotiva y cruel. Mezclada a la vez con perspicaces simbolismos como los
del título, y viéndonos identificados a veces en el comportamiento
despreocupado pero crecientemente responsable de él, o en el miedo al
amor por el inequívoco dolor que trae tras de sí, todo acaba
conformando un conjunto cíclico y lógico, que terminamos por aceptar
aunque con más reticencias y también conocimiento que antes.

