Dead Creatures
Andrew Parkinson 2001 UK
Film de culto instantáneo
Hay muy poca gente que entienda el cine de terror como lo hace Andrew Parkinson. Su estilo tan personal hace que películas de muertos vivientes se conviertan en puro cine social. Es, aunque sonará extremadamente risible, el Ken Loach de los zombies.
Todo aficionado al gore que se precie conoce seguro la revista Fangoria. Nacida en Inglaterra, goza ya de tirada mundial, y es la Meca en cuanto a cine de sustos y vísceras. En 1998 los encargados de la revista decidieron no sólo comentar el género sinó también formar parte de él, y se enfrascaron en la producción de una cinta de bajo presupuesto titulada I, Zombie: A Chronicle Of Pain. Nadie puede negar que el título es suculento y que se separa del típico cine de zombies que conocemos, destinado a quinceañeros y a un público que busca más el humor que el propio miedo. El encargado de dirigir esa película fue Andrew Parkinson, que también la escribió y produjo.
Tres años después, Parkinson consiguió seguir con su pasión y, tras una lucha incansable por conseguir un ínfimo presupuesto para su nueva película (que en buena parte aportó de su propio bolsillo), rodó Dead Creatures, que podría perfectamente funcionar como una secuela de la iniciadora I Zombie. Éste nuevo film muestra más que narra la vida de varias chicas que, afectadas por una extraña enfermedad sólo conocida en la clandestinidad, se ven obligadas a comer carne humana para subsistir, estando obligadas a matar a víctimas aleatorias para poder seguir con sus vidas. La llegada a la pequeña comunidad de una nueva afectada hará que se reinicie el ciclo de aprendizaje, salpicado por un ajeno personaje cuyo propósito parece el exterminio de los infectados.
Aunque por encima, este filme toca muchas temáticas que pueden desembocar en largas conversaciones. Un ejemplo sería la ausencia del sentimiento de culpa de las chicas al asesinar a gente inocente para alimentarse, viendo que sólo se preocupan por su propia subsistencia en una vida terminal e inútil cuyo cercano final todas conocen. Otro, la maquiavélica metodología empleada por el personaje del teórico "justiciero", no motivada por el ansia de extinción de los infectados sinó por la búsqueda a cualquier precio de su hija, siendo una muestra de un comportamiento desconfiado ante lo diferente, o lo que es lo mismo, racista. Y otro, el marcado y justificado tinte feminista de la historia, evidenciado por el hecho de que a ellas les es muy fácil conseguir víctimas a base de conquistar y engatusar a hombres, pero que en la situación inversa tal objetivo sería notablemente más complicado.
Ahora sólo nos queda esperar a la próxima película de Parkinson, quien con mano firme se adentra otra vez en terrenos del horror para traernos Venus Drowning, cuyo estreno esperamos con avidez.

