Hellboy 2: El Ejército Dorado
Guillermo del Toro 2008 EEUU
Cuatro años después de la primera aparición en cines de Hellboy, Guillermo del Toro presenta una secuela para la que vuelve a contar con todo el cast de la anterior entrega.
Ron Perlman se enfunda así por segunda vez en las
vestes del rojo justiciero, acompañado de sus fieles compinches Selma
Blair y Doug Jones.
Pero mucho ha cambiado Del Toro desde
aquella primera incursión al particular mundo del superhéroe, y más
allá de sus personajes y ciertos lugares comunes argumentales, poco o
nada tienen en común aquélla con este "Hellboy 2: El Ejército Dorado".
Y es que, más bien, la película que nos ocupa parece una excusa del
director mexicano para dar rienda suelta a sus pasiones, terrores y
obsesiones, y no por nada resulta del todo menos descabellado
paragonarla a su obra maestra (para todos menos para mí (nota del
editor: ni para mí)) "El Laberinto del Fauno".
Así pues, esta es
una historia del choque entre fantasía y realidad, empeñadas en
dominarse la una y a la otra al tiempo que se dan la espalda. Como si
de los Hombres de Negro se tratara, Hellboy y sus compañeros siguen
trabajando a escondidas, ocupándose de problemas de los que los humanos
ni quieren oír hablar, referentes a auténticos mundos paralelos que
coexisten con nuestra realidad. Es precisamente cuando la frágil línea
que los separa pretende ser quebrada por lo desconocido, cuando el
equipo de héroes entra en acción, siendo en seguida borrados de la
imaginación humana a base de mentiras y tapaderas gubernamentales, muy
a pesar del diablo rojo, ansioso por integrarse en la sociedad humana y
de paso ver reconocido su trabajo como salvador.
Ahora, una fuerza
ancestral y devastadora personificada en el maléfico príncipe Nuada
(Luke Goss) requiere de nuevo los servicios de Rojo, Liz (Blair) y Abe
(Jones), pues amenaza con acabar con el mundo a través del ataque de un
poderoso e indestructible ejército que espera en letargo las órdenes de
quien consiga hacerse con los tres pedazos de la corona del rey Balor.
A diferencia de lo hecho en la película que le valió el Oscar, en esta
ocasión Del Toro se aleja de minimalismos y, consciente de lo que
requería la saga, opta por la espectacularidad y el surrealismo como
constantes referencias. De hecho, casi podría decirse que es la misma
historia de "El Laberinto del Fauno" vista desde el otro lado, desde el
universo fantástico.
Por tanto, quedan sobradamente patentes todos
y cada uno de los tics de un director empeñado siempre en innovar
visualmente a base de diseños de producción (casi) nunca vistos. Desde
insectos/hadas devoradores de cuerpos a goblins mutilados, pasando por
una Muerte de sospechoso parecido al monstruo sin ojos (o más bien, con
ojos en las manos) de la ya citada "El Laberinto...", se dan la mano en
un ejercicio de planificaciones imposibles y montajes abrumadores,
llegando a empachar a todo espectador que no se preste al barroquismo
de las nuevas técnicas informáticas.
A este concepto se une el modo
en que la acción del relato es tratada. El director de "Mimic" parece
haber aprendido de los errores (para todos menos para mí) del "Hellboy"
original y en esta ocasión, y pese a las restricciones presupuestarias,
opta por la acción desenfrenada y presentada de manera más original
posible.
Por tanto, siguen habiendo momentos para el desarrollo de
personajes (delirantes las discusiones entre Liz y Rojo, absolutamente
genial la escena con éste y Abe borrachos), pero se han reducido
ostensiblemente, dejando su fuerza e interés en el propio carisma de
cada uno de ellos y su acertado sentido del humor.
Y es que si en
algo se mantiene fiel a la primera parte es en ese humor cínico y
socarrón presente en el rudo protagonista, en el refinado compañero
acuático y en la punzante Liz, a los que cabe sumarle tanto la siempre
impagable aportación de Jeffrey Tambor como la incorporación del
personaje Johann Krauss (con voz de Seth MacFarlane), un místico
protoplásmico (!) alemán...
La primera impresión, por
consiguiente, es la de encontrarse ante una película de lo más
entretenida y divertida, simpática tanto si se es defensor de la
original como si no. Sin embargo, yendo un poco más allá, no pueden
pasarse ciertas lagunas que la convierten en una semidecepción
(sobretodo tras haber visto la todopoderosa segunda entrega de "Batman
Begins"). Y es que a nadie se le escapa que contaba con elementos que
no han sabido ser aprovechados por el guión (el propio Del Toro),
quedando en tierra de nadie y restando enteros a la valoración final.
Así, el enemigo de todo el cotarro resulta espectacular por sus
movimientos de lucha cuerpo a cuerpo y con espadas o lanzas, pero no
por el personaje en sí, completamente arquetípico y tan soso como la
palidez de su tez. Y lo mismo vale para su hermana gemela, Nuala (Anna
Walton), cuya relación con Abe podría haber sido explotada de manera
mucho más profunda.
Y es que el problema parece radicar en el
empeño de Del Toro por saturar la pantalla de personajes, todos ellos
con un mínimo de importancia excesivo en numerosas ocasiones (la
Muerte, el goblin mutilado, la abuela-troll...). De este modo, queda
más que ostensible la diferencia entre protagonistas y secundarios,
logrando una falta completa de interés por parte del espectador en
referencia a los últimos, hasta el punto de convertirse en un auténtico
aburrimiento sus conversaciones o discursos. Sensación que llega a su
punto álgido en el clímax de la película, totalmente insípido y a todas
luces desaprovechando lo que hubiera podido ser un antológico
enfrentamiento entre el ejército (70 veces 70 soldados de hierro) y
Hellboy & Co. y, por qué no, los humanos.
En resumen pues,
"Hellboy 2: El Ejército Dorado" es una película más que aceptable y
sobretodo cumplidora a su perfección de su condición de mero
blockbuster. Sorprende y entretiene visualmente, y logra divertir
gracias a su falta de seriedad (en más de una ocasión parece una
parodia de sí misma). Sin embargo, a la que Del Toro se pone serio,
mete la pata, cayendo en el tedio más absoluto (por escasa que sea,
atención a la pedante, aburrida, e intrascendente conversación entre el
diablo y el enemigo en lo alto de un hotel, durante la pelea con el
Elemental fáunico), demostrando que tal vez debería dejar de vez en
cuando las labores de guión a otro. Afortunadamente, se trata de
momentos aislados que no llegan a molestar en exceso, pero sí condenan
a la película a una intrascendencia indigna de uno de los superhéroes
más interesantes del panorama actual.
Aunque también puede ser que la culpa de todo esto la tenga "El Caballero Oscuro"...
Carlos Giacomelli
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