Quemar Después de Leer
Ethan Coen, Joel Coen 2008 EEUU
Que los hermanos Coen sean unos maestros de la comedia es algo que queda ampliamente demostrado a lo largo de toda su filmografía, de la que no hay una sola cinta que pueda tildarse de mala o aburrida
En todos sus trabajos (sean o no comedias propiamente dichas) se destila en mayor o menor medida un aroma de burdo sarcasmo y sana parodia que ha logrado redefinir el género hasta el punto de convertir a la pareja de cineastas en un referente del panorama cinematográfico actual.
Ahora, tras su glorificada (y glorificable) "No es País para Viejos", los Coen vuelven a sus andadas y presentan "Quemar Después de Leer", una comedia (que según leí en alguna revista pretende cerrar su particular trilogía de la idiotez) que remite al espectador a las no menos gloriosas "Arizona Baby", "Fargo" o "El Gran Lebowski".
Ozzie Cox (John Malkovich) es un ex-agente de la CIA que está escribiendo sus memorias en las que relata toda su experiencia en la Agencia. El problema surge cuando su mujer (Tilda Swinton) le roba el CD en el que guarda toda la información y se lo deja accidentalmente en el gimnasio, lugar donde lo encuentran unos empleados sin escrúpulos (Brad Pitt y Frances McDormand) que intentan chantajear a Cox sin saber la que se les puede venir encima.
Hablar de "Burn After Reading" es hacerlo de una película tan brillante como hilarante, (y simplemente perfecta en más de un apartado).
Tras el (semi) paso en falso que supuso la ya mencionada "The Ladykillers", Joel y Ethan han logrado recuperar su poderío humorístico, volviendo por sus fueros en más de un sentido.
Camuflada de una historia de agentes secretos, juegos de espías y McGuffins, "Quemar después de Leer" es una parodia desternillante y punzante de la sociedad (americana) actual y de alguna de sus organizaciones gubernamentales (vamos, la CIA), un sinsentido argumental absolutamente hilarante en la que se vuelve a percibir ese aroma de comedia clásica de la que los Coen han hecho gala en más de una ocasión (y a los más escépticos, que observen con detenimiento el cartel del film...).
Así, rodada de manera elegante y sobria, con planos de una belleza apabullante y otros de un frenetismo digno de "El Caso Bourne", la película es una fusión de géneros y épocas llevada a cabo con una naturalidad y simplicidad tales como para no desconectar en ningún momento de lo que realmente importa a los hermanos, el argumento de su film y sus personajes. De este modo, el espectador se centra en tales elementos y no tarda en descubrir que el galimatías al que es sometido de sopetón no es más que una simple broma para justificar una comedia de enredos en que cada personaje es un mundo radicalmente opuesto al de sus semejantes. Sus intenciones son tan claras que a media película son los propios dirigentes de la CIA los que reconocen no entender nada de lo que está ocurriendo a su alrededor pese a que envuelva secretos de estado, rusos, y amenazas.
Con este panorama de fondo, como decía, el guión de "Quemar Después de Leer" es en realidad una descomposición de la sociedad a través de unos personajes realmente idiotas que se mueven por tan nobles causas como son la belleza corporal, el dinero, la venganza, la infidelidad, o la simple ignorancia.
Para que tan imbéciles protagonistas atraigan al público sin ofenderle en demasía (al fin y al cabo, no deja de ser una abierta crítica al mismo), y dejándose de experimentos extraños, los cineastas se han vuelto a rodear de un cartel de actores sobradamente efectivo, una garantía de seguridad que, en los casos de McDormand y George Clooney, ya había dado sus frutos con anterioridad, y que en esta ocasión se encuentra, en su totalidad, en estado de gracia.
Y de todo ellos, mención especial merece sin lugar a dudas Brad Pitt, que deleita con un papel tan aparentemente sencillo como sumamente trabajado para dar a su personaje una entereza realmente complicada de lograr dada su remarcada idiotez.
Con todo ello, por consiguiente, "Quemar Después de Leer" logra con facilidad su objetivo (y requisito mínimo) de entretener y divertir hasta la carcajada, convirtiéndose en una brillante comedia, una máquina que funciona a las mil maravillas en todos y cada uno de sus engranajes. Convencerá, sorprenderá y agradará a partes iguales.
Carlos Giacomelli
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