En el Punto de Mira
Pete Travis 2008 EEUU
Ocho desconocidos, con ocho puntos de vista diferentes, intentan descubrir la verdad tras un intento de asesinato al presidente de los Estados Unidos.
Thomas Barnes (Dennis Quaid) y Kent Taylor (Matthew Fox) son dos agentes del Servicio Secreto encargados de proteger al presidente Ashton (William Hurt) en una cumbre sin precedentes sobre la guerra internacional contra el terrorismo. Cuando el presidente Ashton recibe un disparo poco después de llegar a España, surge el caos y las vidas de distintas personas coinciden en la caza del asesino. Entre la multitud se encuentra Howard Lewis (Forest Whitaker), un turista americano que cree que ha filmado al francotirador con su cámara de vídeo, mientras grababa la escena para sus hijos. También allí, relatando el acontecimiento histórico para millones de espectadores de todo el planeta, está la productora de noticias para la televisión americana Rex Brooks (Sigourney Weaver). A medida que ellos y otros van dando a conocer sus historias, las piezas del puzzle empiezan a encajar, y se hará evidente que hay motivaciones mucho más oscuras de lo que parece a simple vista.
"En el Punto de Mira" pretendía revolucionar un género tan manido como
el de la acción con su planteamiento a priori sumamente original (al
menos, en esta clase de películas) a la par que arriesgado. Centrar una
película de hora y media en la constante repetición de una situación de
veinte minutos se antojaba tan arriesgado como apetecible para un
espectador cansado de tantas producciones idénticas entre sí. Pero al
final, de tanto jugar con fuego, Pete Travis y Barry Levy (director y
guionista, ambos debutantes en la gran pantalla) se han acabado
quemando.
Sin ningún preámbulo o fase introductoria (y menos mal), la película se
abre segundos antes de la entrada del presidente de los EEUU en la
Plaza Mayor de Salamanca. El equipo de noticias capitaneado por Weaver
ha acudido al evento y es precisamente a través de sus filmaciones que
asistimos al intento de asesinato. Poco o nada podemos entender de lo
sucedido, ya la que los periodistas centran por completo su atención en
filmar la figura del presidente. De repente, una explosión.
Rebobinamos, 23 minutos antes, y la historia vuelve a empezar.
Esta vez, los acontecimientos se muestran a través de los ojos de un
Dennis Quaid como siempre atolondrado, gracias al cual conseguimos
saber un poquito (pero muy poquito) más de la historia, hasta llegar a
la explosión. Rebobinamos, 23 minutos antes, y la historia vuelve a
empezar.
Nada menos que media docena de veces nos vemos obligados a ver toda la
secuencia y volver atrás en el tiempo, con tal de descubrir nuevas
pistas sobre lo ocurrido. Pese a la originalidad de la idea, como puede
imaginarse, la cosa acaba convirtiéndose en una montaña rusa rítmica,
con momentos relativamente logrados y otros muy aburridos suceciéndose
constantemente. Es cierto que algunas de las historias son interesantes
y realmente presentan situaciones y/o personajes nuevos, pero otras lo
único que hacen es indigestar al espectador, como todo lo vinculado con
el horrendo personaje de Forest Whitaker.
Sin embargo, todo hay que decirlo, el trabajo del director es
encomiable. Travis hace su debut cinematográfico rodando casi tan bien
como Paul Greengrass, lo que se traduce en espectaculares escenas de
acción, rodadas con ahínco y esmero, y de una belleza formal
sorprendente. Atención a la persecución final por los callejones de
"Salamanca" (en realidad "En el Punto de Mira" fue íntegramente rodada
en México), para quitarse, literalmente, el sombrero.
Sopesando elementos positivos y negativos, la cosa tendría un pase,
quedándose en un algo tedioso pero correcto a fin de cuentas film de
acción. Lamentablemente, hay algo más que impide que ello suceda,
defenestrando la propuesta sin remisión al baúl del olvido. Y esto es
la ridiculez general de todo el guión, capaz de ofrecer momentos
literalmente sonrojantes. Porque que la ciudad sea vista como un
batiburrillo cultural donde lo mismo abrimos una puerta y nos
encontramos en un barrio marroquí como damos la vuelta a una esquina y
aparece la más colapsada de las metrópolis, a fin de cuentas poco
importa. Que los españoles sean vistos como hordas de efusivos
patriotas agitando sus banderas ante un discurso presidencial como si
estuvieran en la gala de Eurovisión también es algo que solo puede
molestar a los que realmente sean de fácil rebote. Pero lo que si es
grave, es que se le tome el pelo al espectador que ha pagado por su
entrada. Y el guión de "En el Punto de Mira" es lo que hace. Ciertos
comportamientos son literalmente ridículos e increíbles se mire por
donde se mire; nadie en su sano juicio llevaría a cabo determinadas
acciones que algunos de los protagonistas sí hacen; apenas se da
explicación alguna sobre los motivos del atentado, dejándolo todo a
"los americanos son los buenos, el resto, malos"; y por último, la
historia entre Quaid y Hurt es tan absurda que de una oda al buen
trabajador y patriota estadounidense acaba convirtiéndose casi en una
risible historia de amor.
Incluso sin tomarse en serio la propuesta, el espectador corre el riesgo de sentirse, literalmente, insultado.
Habrá que ver de lo que es capaz de hacer Pete Travis cuando le den un
guión en condiciones. Desde luego, aquí su labor se ve injustamente
desmerecida por culpa de un guión que como digo, es de vergüenza ajena.
Carlos Giacomelli

